miércoles, 13 de julio de 2005

Mártires del Compás



Gira de 10 años / 13 de julio, 2005 / 324 asistentes / Función única / 


1:30 hrs. de duración / Promotor: Embajada de España / FUAAN 

Thelma Gómez Durán

Esta es una noche de flamenco billy. El creador del concepto es una especie de pregonero con chamarra de cuero; un cronista urbano interesado en denunciar la contaminación ambiental, solidarizarse con migrantes, homosexuales o palestinos expulsados de su territorio. Chico Ocaña es la luz creadora de Mártires del Compás, banda española ajena a formulismos e interesada en mezclar el flamenco con otros géneros nacidos en la calle. 
Hace una década que este hombre comenzó su travesía al frente de su grupo. Qué mejor pretexto para regresar a México y armar la celebración en el Lunario. En el año 2000 los Mártires presentaron por primera vez su música en estas tierras; en un pequeño bar tocaron temas de Mordiendo el duende, su cuarto disco. El tiempo no ha hecho mella en estos músicos en cuya historia resaltan sus siete producciones y el álbum recopilatorio de sus diez años. 
El flamenco de los Mártires no suena a castañuelas ni porta vestido de lunares; su propuesta prefiere la mezclilla, lleva camiseta y tenis, y sigue el compás de una soleá, una bulería o una sevillana, pero también se mueve entre rap, blues, rock o tango. El flamenco billy no surgió por generación espontánea, tiene sus ancestros en grupos de los setenta como Veneno y Pata Negra, comandados, respectivamente, por Kiko Veneno y por Rafael y Raimundo Amador; contemporáneo suyo, Ocaña ha sabido contagiar esa libertad musical a sus actuales compañeros de viaje, nacidos entre finales de los sesenta y mediados de los setenta, y que crecieron con The Cure, Pink Floyd y Metallica. Estas influencias se asoman sin pudor en “Escombros”, pieza clave entre los seguidores de Mártires, en donde Julio Revilla lleva su guitarra eléctrica a los terrenos del rock duro y la une con el toque por bulería de Manuel Soto, mientras el bajo de Jesús Díaz y el cajón peruano de Alberto Álvarez dan una base heavy a la letra escrita, según asegura el líder, dos meses antes del 11 de septiembre de 2001: Somos / somos los escombros / de las torres gemelas / y de los flamencos. 
Antes de esa dosis de dureza, Chico Ocaña dijo: “Es un orgasmo estar aquí. No venimos a conquistar, sino a compartir”. Y sí, repartió un banquete que incluía creaciones con toques de reggae como “Oremus”, dedicada a los migrantes africanos; “Tiriti-rap”, una alegría con fraseo rapero; “Sevillana billy”, donde el cantante expresa su rechazo a todo tipo de guerra y La Martiresa Rocío Vázquez, esencia femenina del grupo, deja un momento de hacer los coros y las palmas para mostrar sus habilidades como bailaora; y “Por el centro”, cuya pícara letra se escucha así: Como dice mi amiga Amalia / ahora que está dentro / dale movimiento…Y así como Los Mártires se dan el lujo de jugar con ritmos, también son capaces de presentar el flamenco al desnudo. La guitarra de Manuel Soto y el cante de La Martiresa lo hicieron al interpretar una bulería y unos fandangos por todo lo alto. 
La singular propuesta del sexteto sorprende a buena parte de los asistentes, quienes movidos por la curiosidad, las ganas de romper la rutina o alguna invitación acudieron al Lunario a escuchar a estos Mártires que no hacen honor a su nombre, porque en el escenario gozan el compás y lo contagian, tanto que esa noche suman adeptos a una de las mejores especies surgidas de la evolución del flamenco.
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