miércoles, 6 de julio de 2005

Disney On Ice: Peces sobre la navaja


Buscando a Nemo / 6 de julio al 7 de agosto, 2005 / 191 832 asistentes / 
60 funciones / 1:45 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V. 

Olivia Ortiz 
Como cada año, desde hace dieciséis, la temporada de Disney Sobre Hielo comienza con el corte del listón, esta vez a cargo Mickey Mouse y Minnie. Después, Goofy —o Tribilín, para los nacidos en los sesenta—, ataviado de buzo, sumerge al público en la historia que llegó a los cines en 2003 y que acontece entre el mar y la pecera de un dentista en Sydney, Australia. 
Cincuenta y seis patinadores de ocho nacionalidades, entre ellos un mexicano, bajo la dirección de Andrew Stanton y Lee Unkrich, con coreografía de Cindy Stuart, se ciñen al relato cinematográfico y a la tradición de Disney Sobre Hielo; es decir, además de actuar también saben bailar para ir del ballet al break-dance y hasta, en el caso de las medusas, tener dotes de trapecistas. 
La recreación del ambiente marino en la pista congelada es minuciosa no sólo como ecosistema, sino en la apariencia de peces que adquieren los patinadores por obra del colorido vestuario y el juego de luces. Cada detalle reproducido es fiel al filme, pero en gran dimensión: el arrecife, las medusas, el cardumen. Además, una pantalla digital que se combina con la iluminación acuática acentúa y reproduce la profundidad y vastedad del océano. 
Cuando la aventura llega a la pecera, desde lo alto del escenario se despliegan algas, corales, el motor del filtro con todo y burbujas, un volcán artificial y máscaras africanas de ornato. Allí, Nemo conoce a Gill —un pez ángel y líder de la pecera— y a Nigel —el bonachón pelícano que desde la cornisa de la ventana del consultorio hace amistad con los peces cautivos. Niños y grandes se sorprenden porque mar y pecera se alternan en pocos segundos, conforme la narración lo amerita, pero su pasmo llega hasta allí. Tal vez han visto la película muchas veces y la trama, con todos sus mensajes, ya no le dice algo nuevo. 
Los protagonistas, hermosos y coloridos peces que conocemos sólo en acuarios o documentales televisivos, viven entre corales y anémonas; sin embargo, van a la escuela, son niños, adultos, hijos, padres y enfrentan hechos que nos son conocidos: zozobra por extraviarse en otros ámbitos, miedo ante lo desconocido, el gozo de la amistad, temor a perder la vida y la alegría de reencontrarse con los seres queridos. 
Los retos que implican las relaciones filiales siguen dando de qué hablar y en Buscando a Nemo emergen emociones y situaciones propias del tema. Un pez payaso que ha prometido proteger al único hijo sobreviviente de un ataque en el que fueron devoradas la madre y 500 hijos más, pierde a ese vástago, Nemo. Con este hecho la historia despliega un sinnúmero de lecciones sobre paternidad, solidaridad, amor y el placer de disfrutar la vida. 
En su primer día de clases, Nemo desafía los temores de Marlin, su padre, acercándose a la superficie del mar, donde es capturado por un buzo que lo lleva a su pecera. De inmediato el padre inicia su búsqueda y en el camino conoce a Dory, una simpática pez espiga azul, quien a pesar de padecer amnesia de corto plazo, se convierte en la gran compañera que ofrece lealtad, ánimo y optimismo en el trance. 
Atravesar el océano tiene sus riesgos; el primero que enfrentan Marlin y Dory es un trío de tiburones vegetarianos, pero no menos peligrosos. Ancla, Chum y Bruce rechazan comer peces para recuperar su esbeltez, pero no consiguen ser inmunes del todo a sus instintos y persiguen al par hasta un banco de medusas, donde son rescatados por Crush, una enorme tortuga marina que viaja con cientos de colegas suyas por la corriente australiana oriental. Crush también es padre y cuida a su pequeño, pero su actitud es más relajada y la independencia de su hijo no le saca tanta roncha: “Entiende que jamás se entiende cuando ya están listos, pero si ellos entienden, tú también entenderás”. 
Mientras tanto, Nemo aprende sus propias lecciones. En la pecera conquistó la confianza en sí mismo y conoce el significado de la palabra “solidaridad” cuando Gill pone en marcha un arriesgado plan que le permite a Nemo regresar al mar y encontrarse con su padre, quien también cosecha un útil conocimiento: no desconfiar de su retoño. Al final, para que los espectadores asciendan a la superficie del mar, todos los personajes se despiden con un baile y con la certeza de que las historias más cálidas pueden contarse sobre hielo. 

Un divorcio con hijos que atender 
En 1986, John Lasseter, un animador que dejó Disney para trabajar en la oficina de computación de LucasFilm, la empresa de George Lucas y creador de Star Wars, participó en la creación de RenderMan, un programa de animación computarizada que permite elaborar imágenes digitales de manera impecable y cuyo resultado es un insuperable realismo en cada fotograma. Poco después, la oficina fue comprada por Steve Jobs, el cofundador de Apple, y la nueva compañía fue bautizada Pixar. 
El primer éxito de Pixar fue Toy Story (1995), que revolucionó el mundo de las películas animadas y recaudó 320 millones de dólares, cifra récord en este género fílmico. Luego le siguieron Bichos (1998), Toy Story 2 (1999), Monsters Inc. (2001) y Buscando a Nemo (2003), su segundo éxito en taquilla con 335 millones de dólares. 
El gran mérito de RenderMan y Pixar es la detallada caracterización de los personajes. Gestos, movimientos, caras y diseños resultan geniales y le han dado a los personajes de computadora una expresividad a la altura de cualquier buen actor. 
A finales de los noventa y en la década siguiente, la alianza Pixar-Disney le dio a la segunda, además de notables ingresos, un renovado prestigio en un momento en que la animación tradicional parecía de capa caída. Pero como en todo matrimonio, cuando se habló de dinero comenzaron las diferencias. Tras el éxito de las cintas mencionadas, que se tradujeron en ganancias de 2,500 millones de dólares, Pixar pidió una mayor participación en las ganancias, pero Disney se negó luego de una negociación de casi un año. Ante la negativa, Pixar puso fin al contrato y decidió seguir su camino como empresa independiente. Por motivos contractuales, y ya en plena guerra fría, ambas empresas —aún como sociedad— estrenaron Los Increíbles (2004) y sólo falta que lleven Cars a las pantallas para darse el adiós definitivo. (O.O.

Créditos 
Producción 
Kenneth Feld 

Dirección creativa 
Jerry Bilik 

Dirección 
Patricia Vincent 

Coreografía 
Cindy Stuart 

Diseño de vestuario 
Scott Lane 

Diseño de producción 
John Arnone 

Iluminación y proyección 
Peter Morse 

Dirección musical 
David Killinger 

Elenco 
Nemo 
Tamara Hooper 

Marlin 
Joel Doud 

Dorly 
Rebecca Hovda 

y 46 patinadores más 

Programa
Es bonito aquí 
Nunca dejaré que algo te pase, Nemo 
¡Primer día en la escuela! 
¡Hey, he visto un bote! 
Los peces son amigos, no comida 
¡Necesito una luz! 
Este es el camino a Sydney 
Conocerás a las criaturas más interesantes en una pecera 
Si pudiste entrar, puedes salir 
Bienvenido, hermano Tiburoncín 
Lo llamaré blandito y será mío 
You so totally rock, dude! 
No dejen que me atrapen 
Sabes, hablo cetáceo 
Padre e hijo, reunidos al fin 
Adiós desde el fondo del mar
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