viernes, 24 de junio de 2005

Liquits y María Barracuda



24 de junio, 2005 / 598 asistentes / Función única / 
2:30 hrs. de duración / Promotor: Eclectic, S.A. de C.V. 

Rodrigo Farías Bárcenas

Según los integrantes de Liquits, la gente está perdiendo su creatividad en el mundo actual. Inspirados en este pensamiento, a su segundo y más reciente disco le pusieron por título Jardín (Surco, 2004), como símbolo de un lugar que propicia el encuentro con las musas. Reflejo de ello es el escenario, adornado con ramilletes de flores para motivar al público a que juegue en ese espacio donde brota la imaginación. 
Para abrir la sesión invitaron a María Barracuda, nacida en los setenta en la ciudad de México, pero criada en Ciudad Juárez. Información que circula en internet relaciona a esta compositora con Tori Amos, pero a decir verdad en nada se parecen. Por su aire sexy, vestimenta de cuero negro, entre rocker y punk, la norteña luce más como Suzi Quatro. Y en cuanto a la música, ni hablar, no cabe comparación alguna con la estadounidense. La rúbrica de María es cantar de manera suelta y desenfadada. Trae al escenario el concepto que tiene de sí misma: “Soy un poco de todo, un híbrido, y así me gusta ser”. En las canciones hay algo de rock, algo de balada, algo de country, algo en inglés, algo pesado. Y aunque la acompañan tres experimentados músicos, entre ellos el productor Jorge La Chiquis Amaro en la guitarra, el programa carece de cohesión y la atención del público se dispersa. Los mejores momentos llegan con “Crisis de nervios” (de la cinta mexicana Ladies’ Night) y “Chale”, sencillo del primer y único disco, el homónimo publicado por Sony, su ex compañía, el año pasado. 
Sus amigos de Liquits están mejor enfocados. Quienes ahora pertenecen al sello del reconocido productor Gustavo Santaolalla son claros partidarios del new wave, a juzgar por su estilo anti solemne y elocuente vestimenta: pantalones de mezclilla, camisas blancas sin mangas y corbatas angostas; todo muy a lo Knack o Cars. La música empata con dicho look: canciones sencillas y melódicas, sonido potente, mezcla de géneros —rock, reggae, bossa nova y un punk ligero, si es que cabe la expresión. 
Ro (guitarra), Edi (bajo) y Teo (batería), no mayores de 25 años, se agruparon en 1993, en Coyoacán, Distrito Federal. Se han hecho de un público al que gusta su sentido del humor, participando en distintos proyectos, entre los que destaca la música para la película Temporada de patos, reconocida con un Ariel. Pero esta noche uno se pregunta hasta qué punto funciona la idea de involucrar a los espectadores en el simbolismo del jardín, que tiene sentidos múltiples y cuya comprensión requiere por lo menos algo de esfuerzo. La duda surge al observar que los fans —en su mayoría veinteañeros— escuchan sin dar muestras de estar participando en lo que pudiera ser una actividad lúdica, como quiera que la haya concebido el trío. Su actitud es cool y sin más compromiso que no sea el de entretenerse un rato con melodías contagiosas y lenguaje juguetón: Chido güey / chido gay / chido sexy / chido rey / chido punk / chido men / chimen güenchon / Ye ye ye… 
Al final, la certeza es una: músicos y público coinciden en su filosofía de la vida, la ven de forma alegre y divertida. Comparten en su fantasía un exuberante jardín, con cierto aire de psicodelia: Gotas de rocío reflejan mi mirada de forma deforme / pastel de pitufresa mezclado con peyote natural y moooras… 
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