jueves, 14 de abril de 2005

Miguel Bosé: Intimidad entre diez mil

Foto: Colección Auditorio Nacional

Gira Velvetina / 14 al 16 de abril, 2005 / 25 500 asistentes / 3 funciones / 
2:30 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V. 

Arturo García Hernández

Siempre el mismo, siempre distinto. Miguel Bosé confirma su bien ganada fama de camaleón. Por algo suele considerársele —toda proporción guardada— el David Bowie del pop en español. Son proverbiales a lo largo de su carrera los continuos y sorprendentes cambios tanto en su imagen como en la música. 

Histriónico y provocador, un día encarna la quintaesencia del glamour; otro día se desdobla andrógino y enigmático; unas veces se ostenta radicalmente fashion y otras se presenta desenfadadamente retro. Para el concierto de esta noche —primero de tres en el recinto de Reforma— ha elegido un look desaliñado que hace frontera con la fodonguez: pantalón de mezclilla, camisa desfajada de lino azul claro (semi-arrugada, por supuesto), barriguita prominente, zapatos tenis y típica barba de tres días. Su rostro tiene cierto aire de autorretrato de Van Gogh. A una periodista en el balcón de prensa le parece que el aspecto de Bosé es una falta de respeto al público. Tal vez la susodicha olvida que a estas alturas de su vida y su carrera, el hijo de la actriz Lucía Bosé y del torero Luis Miguel Dominguín pertenece con todo merecimiento al exclusivo club Más Allá del Bien y del Mal. Su trayectoria, talento y arraigo en el gusto de la gente le permite hacer lo que le venga en gana. Todo se le aplaude o, en el peor de los casos, se le perdona. Ya no tiene que someterse a la aprobación de nadie. 
Bosé al micrófono. Palmas, gritos, silbidos al unísono. “Esta noche crearemos una intimidad que no se logra entre dos personas, pero nosotros la lograremos entre diez mil”. Como un sortilegio, las palabras surten inmediato efecto. Algo intangible pero evidente se produce: ¿buena vibra? ¿buena onda? Digamos —contra toda lógica física— que es como si las partículas invisibles de una nube de calidez coparan el espacio. Tres temas se enlazan de manera ininterrumpida: “Tu mano dura”, “Morena mía”, “Si tú no vuelves”. Minutos inaugurales de una sesión que confirma la solidez del vínculo entre el Cantante Bandido y la muchedumbre querendona. 
La razón formal de esta serie de presentaciones (la sexta en el Auditorio en los últimos diez años) es la promoción de su más reciente producción discográfica, Velvetina, donde Bosé luce de nuevo como el imprevisible mutante sonoro que también es. El sonido en turno abreva en lo electrónico y lo techno. Dicen los críticos que es una de sus apuestas más personales y arriesgadas. En la presentación ante la prensa, el cantante y compositor lo dijo de este modo: “Velvetina es lo que hoy soy y deseo ser, mi cara más reservada que nace para vosotros, mi apuesta más contundente y radical, llena de recovecos, de pasadizos por estrenar y de claves ocultas”. Como aspecto significativo del talante trasgresor que Bosé le impregnó a esta producción, está el controversial videoclip del tema “Down with Love” —descrito como una oda al pene— donde Nacho Vidal, estrella del cine porno, aparece completamente desnudo. La canción fue inspirada por el propio Vidal, a quien Bosé se refiere como “uno de mis grandes héroes, un personaje que ha sido, en mi vida, alta y eficazmente didáctico”. De los veintidós temas interpretados, poco más de un tercio pertenecen al nuevo disco. La fanaticada se muestra receptiva con el material reciente. Pero, como suele suceder en estos casos, exige y celebra con mayor intensidad aquellas canciones que le son familiares, las que están ligadas a la historia personal de cada quien, las clásicas. Una de las más solicitadas y esperadas sigue siendo “Amante bandido”, cuyos primeros compases multiplican el alboroto. De pronto, lo impensable: el cantautor titubea, dice algunas palabras, enmudece por un instante, detiene la música y sonríe: “Acabo de darme el lujo de equivocarme en la canción que mejor me sé. Disculpas y va de nuevo. Todo mundo a cantar”. 
Bosé deja así nueva constancia de su profesionalismo. Destaca el manejo de los tiempos a lo largo del espectáculo, en el que lleva a la audiencia del remanso romántico a la exaltación rítmica. Mención aparte merecen los siete músicos que lo acompañan, notables ejecutantes que en mucho contribuyen al brillo de las interpretaciones. “¿México, quieres bailar?”, pregunta, y escoge entre el público a un grupo de fans, alrededor de cincuenta mujeres, para que suban al podio mientras canta “Ella dijo no” del último disco. Las elegidas no olvidarán esta noche en que pueden compartir el escenario con su ídolo, estar cerca de él, tocarlo y, las más audaces, hasta besarlo. La corista Helen ahora hace de coreógrafa y eficiente animadora. Ordena al improvisado cuerpo de ballet y le enseña unos pasos sencillos, de los cuales el más notable es aquel en que las bailarinas tienen que girar y trepidar las caderas. ¡Aléjense, malos pensamientos!

Foto: Colección Auditorio Nacional
Dos encores, bien servidos, culminan el éxtasis masivo que deja un enjambre de caras sonrientes flotando hacia la noche remojada por un aguacero. Días después, el 7 de mayo, la apoteosis se repite multiplicada cuando Bosé hace una segunda entrega de Velvetina en un zócalo capitalino rugiente, ante el entusiasmo y la admiración de ochenta mil asistentes. 

Libertad y descaro de terciopelo 
Suele decirse que el arte es uno de los espacios de mayor libertad a que puede aspirar un ser humano. Miguel Bosé se lo ha tomado en serio y ha hecho de su disco Velvetina un ejercicio de libertad. Durante cuatro años estuvo rumiando este álbum de trece canciones y le tomó un año grabarlo en colaboración con el productor y arreglista Antonio Cortés. 
La palabra “velvetina” no existe en el diccionario. El cantautor cuenta que eligió la palabra al azar, por necesidades melódicas. Sin embargo, es inevitable su resonancia con aquella banda de culto encabezada por Lou Reed, insolente y arriesgada, como lo es Bosé en este disco: The Velvet Underground (“velvet” significa terciopelo). 
Bosé considera que, en lo musical, el proyecto es el retrato más actualizado de su carrera. No es un propagandista. Por eso ha dejado en claro que fue realizado siguiendo sólo el impulso de sus necesidades, sin ataduras formales ni comerciales. Y el álbum fluye como a él le gusta, atravesando territorios a los que pertenece desde siempre y con mayor descaro; “escupe telenoticias”, no cree en la guerra, desprecia a quienes la mandan y llega cargado “de una ironía que combate la desesperación para así renovar esperanzas”. “Hey Max” habla de intolerancia y racismo. “Ojalá, ojalá” es una invitación a la participación social. Hay dos temas cuyos videoclips han resultado particularmente polémicos, “Ella dijo no”, con alusiones al amor entre mujeres, y “Down with Love”, una oda al pene, que no escuchamos en el Auditorio Nacional, pero puede verse en internet. La letra da por sí sola idea de las libertades que Bosé ha querido otorgarse. (A.G.H.

Programa 
Tu mano dirá 
Ojalá ojalá 
Gulliver 
Mirarte 
La tropa del rey 
Mientras respire 
Hey Max 
El hijo del capitán Trueno 
Bambú 
Morena mía 
May Day 
Si tú no vuelves 
No se trata de 
Nena 
Te comería el corazón 
Olvídame tú 
Nada particular 
El amor después del amor 
Ella dijo no 
Amante bandido 
Te amaré
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.