jueves, 21 de abril de 2005

Enrique Chía


21 de abril, 2005 / 325 asistentes / Función única / 
2 hrs. de duración / Promotor: J.M. Distribuidores, S.A. de C.V. 

Arturo García Hernández

Enrique Chia es pianista y es muy bueno. Cubano tenía que ser. Nació en Cienfuegos, reside en Estados Unidos, y en quince años de carrera por primera vez da un concierto público en México. Antes sólo había venido a presentaciones privadas. 

Pese a no ser muy conocido en la tierra de su admirado Agustín Lara, el teatro-bar Lunario casi se llena para oír a este músico cuya discografía comprende ya treinta y seis álbumes. Su padre fue farmacéutico y su madre pianista, estudiante del Conservatorio de La Habana. Ella lo encariñó con el instrumento. En 1961 la familia emigró a Estados Unidos. Chia hizo estudios profesionales en metalurgia y tocaba el piano en fiestas de familiares y amigos. No fue hasta 1991 que comenzó su carrera profesional. 
Al filo de las diez se sienta ante un elegante piano blanco. Antes de las primeras notas deja hablar a su emoción: “Para mí es un placer estar con ustedes esta noche; me alegra mucho tener esta oportunidad”. Cae bien el hombre, con su aire sencillo y bonachón. Venga la música. Y el oído confirma las expectativas: Enrique Chia es un ejecutante de primer nivel, cuyo virtuosismo se complementa con la sensibilidad indispensable para abordar un repertorio noble y exigente. Cuatro botones de muestra: “Lágrimas negras”, del eterno Miguel Matamoros; “Siboney”, del inmenso Enrique Lecuona, a quien tuvo el privilegio de escuchar interpretándola; “Júrame” y “Cuando vuelva a tu lado”, dos cumbres del bolero mexicano, de María Greever. 
Sin falsos pudores, Chia pone sus dotes musicales al servicio de los sentimientos. Sin querer apantallar a nadie, convencido de la fuerza comunicadora de la melodía, sólo quiere expresarse y emocionar. No es capricho sino la toma razonada de una postura ante la “escuela moderna que pretendía eliminar la melodía”. Simplemente, no deja que los alardes armónicos mengüen la carga emocional que distingue su repertorio, dentro del cual Agustín Lara y Ernesto Lecuona tienen lugares especiales. Del cubano hizo una antología, La música de Ernesto Lecuona, por la que obtuvo el Grammy en 2002 en la categoría de Best Clasical Crossover. Con temas de El Flaco de Oro grabó Agustín Lara. Su alma y mi piano. Esta noche suenan Farolito”, “Arráncame la vida”, “Solamente una vez”. Al calor de las bebidas espirituosas, los parroquianos cobran valor y unen sus voces al piano de Chia y la orquesta que lo acompaña: violín, trompeta, flauta, timbales, batería, bajo y teclados. 
Un programa generoso, con los más disímbolos autores, abarca una gama variada y sorprendente. Estrellita de Manuel M. Ponce y Candilejas de Chaplin. “Hasta que te conocí” de Juan Gabriel y “Bésame mucho” de Consuelo Velázquez. “O sole mio” del italiano Eduardo di Capua y la “Canción mixteca” de José López Alavéz. De todo y para todos. También para bailar. Los pasillos y los espacios entre las mesas se llenan de parejas danzantes. La sorpresa musical es una versión en salsa de “Volver volver” de Fernando Z. Maldonado. Suprema. La velada termina como terminan las fiestas en Cuba: con una buena conga. 

Programa 
Siempre en mi corazón 
Veinte años 
Lágrimas negras 
Siboney 
Cuando vuelva a tu lado 
Júrame 
Muñequita linda 
Cachita 
Cumbanchero 
Solamente una vez 
Arráncame la vida 
Pobre de mi danzón 
Ven acá 
Rival 
Farolito 
Anónimo veneciano 

Candilejas 
La condesa descalza 
O Sole mio 
Estrellita 
Hasta que te conocí 
Bésame mucho 
Vals de aniversario 
Échame a mí la culpa 
Cuatro vidas 
Mil besos 
Nunca jamás 
Canción mixteca 
México lindo y querido 
Guantanamera 
Dónde estás corazón 
Un viejo amor 
Nosotros 
En mi viejo San Juan 
Ochichornia 
Cuatro milpas 
Volver, volver 
Quiéreme mucho
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