sábado, 12 de marzo de 2005

Moderatto: Parodia sin crítica


12 de marzo, 2005 / 9 711 asistentes / Función única / 
2:30 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V. 

Rodrigo Farías Bárcenas
Esta noche se confirma una vez más cuán protagónico puede ser el público del rock mexicano. Los fans que llenaron el Auditorio gritan sin cesar: “¡A ver, a ver a qué horas!”. Pero a decir verdad no hay razón para tal reclamo. Las luces se apagan a tiempo y en seguida un aplauso rítmico acompaña una escandalosa bienvenida: “¡Mo-de-ra-tto, Mo-de-ra-tto!”. 
Se escuchan los acordes de la guitarra mientras algún técnico modula el sonido. Con fingida sorpresa el público exclama: “¡Ooohhh!”. Lejos de ser un simple chacoteo, la connotación burlona de ese gesto es parte de un código compartido. Los músicos proponen un juego, pasarla bien, y los seguidores aceptan incondicionalmente. “¡Bienvenidos a la ceremonia!” leemos en las pantallas. Inicia una gran fiesta cuyo anfitrión es un conjunto versátil que sabe muy bien cómo dar gusto a sus invitados, con canciones de The Knack, Hombres G, Led Zeppelin, Timbiriche y otros que parecen incompatibles. Moderatto convoca a un público de clase media y media alta aficionado al rock y a la balada por igual. La compenetración es inmediata, en especial cuando llega la tercera en turno, “Isabel”, éxito de Luis Miguel. La banda de rock persuade por su intención paródica y su producción de alto nivel en audio, iluminación, vestuario, pirotecnia y otros recursos. 
Se trata de músicos experimentados que en otros grupos no han visto realizada la fantasía del éxito que hace rodar el mundo del rock: Amadeus Moderatto (Jay de la Cueva, guitarra y voz), Xavi Moderatto (Xavier Cha Ramírez, bajo), Roy (Iñaki Vázquez, guitarra), Mick Marcy (Marcelo Lara, guitarra) y Elohim Corona (batería). Los tres primeros fueron parte de Fobia, el cuarto del efímero Temporada de Patos, y el último de Isis, popular en el circuito marginal. 
El peso de la imagen es grande. Cámaras por aquí y por allá captan los sucesos que luego serán editados en dvd. Intensos ases multicolores producen la sensación de movimiento, cual incesante flujo de estímulos y respuestas que hubieran sido la delicia de Iván Pavlov. “¿Les suena familiar esto?”, grita Brian antes de soltar un riff con olor a fórmula. Gusta mucho la cita de “Mucho amor” de Led Zeppelin; y aún más la versión de “Chavo de onda” del mexicano Alex Lora. “¡El show son ustedes, cabrones!”, dice el cantante con ganas de caer bien. Corre con el dinamismo de un Axl Rose y el manejo del público de un Lora, atizando el sentimiento patriótico. “¡Ya los extrañábamos, México!” En el fondo del escenario se encienden luces que dan forma a nuestra bandera tricolor, con una guitarra en lugar del águila. Exclamación general: “¡Aaahhh!” 
El quinteto arregla temas norteños (“Me gusta vivir de noche”, de Los Tucanes de Tijuana) o baladas (“No podrás”, de Cristian Castro) con herramientas del heavy metal, añadiendo un toque de ridiculez. También se burla de los clichés de las estrellas del rock, como esos rápidos y apantallantes requinteos que sugieren un virtuosismo inexistente o los torpes movimientos coreográficos que disimulan el aburrimiento de ejecutantes atorados en la rutina. La intención de parodiar al star system es clara, pero carece de un espíritu realmente iconoclasta y no genera distancia crítica, pues se limita a reproducir el mecanismo escapista del cual supuestamente se mofa. El look es primordial. Maquillaje, pelos largos y teñidos, lentes oscuros, aretes de pluma, ropaje de tonos contrastantes y brillos metálicos. Para darse una idea basta con traer a la mente a los más conspicuos exponentes del glam, de Gary Glitter a Mötley Crüe, caricaturescos de por sí. La idea musical tiene que ver con el guacarrock inventado por Botellita de Jerez. Así como el trío capitalino, con fines humorísticos, juntaba en un mismo contexto fuentes muy dispares —“El jarabe tapatío” con acordes de Chuck Berry, por ejemplo—, Moderatto mezcla “El Rey” de José Alfredo Jiménez con “Should I Stay or Should I Go” de los ingleses The Clash, dándose el lujo de tener al rocanrolero Javier de la Cueva en el piano. 
Casi al final, el espectáculo alcanza un punto climático cuando, con un arnés, Brian se levanta por los aires mientras canta “Muriendo lento”. Otro clímax llega cuando una enérgica muestra de riffs hace referencia a Nirvana, The White Stripes, Marilyn Manson, Queen y otros, antes del prolongado solo de Elohim en la batería, que revive el gag de la plataforma hidráulica de Kiss. Tan vistoso despliegue culmina con la activación de una pasarela por la que desfilan varias modelos. Y en ese tenor de exaltación de los sentidos, Brian dice adiós no sin antes reconocer: “Tenemos muchos jefes y son ustedes, la generación Moderatto”. Como postrer servicio, los jefes reciben la tan insistentemente solicitada, “Dame un beso” (viejo éxito de Yuri). No en balde, el que paga manda. 

El misterio de Moderatto 
La historia del grupo es un misterio en apariencia inasequible. Su biografía oficial es ficticia, hecha para dar la imagen engañosa, dentro del concepto paródico que manejan: la de roqueros hijos de italianos que triunfan en el extranjero para convertirse en los más exitosos en México, fantasía para burlarse de nuestros prejuicios malinchistas. Pero si los datos son falsos el espectáculo es profesional. 
En sólo cinco años Moderatto ha logrado forjarse un público. Antes de su actuación en el Auditorio Nacional fue telonero de Kiss —una de sus mayores influencias— y como titular agotó las localidades en el Teatro Metropólitan en 2004. Aparece con asiduidad en televisión y tiene dos discos que forman parte de la lista de los más vendidos en México: Resurrección (2001) y Detector de metal (2004). 
Sus integrantes son ya veteranos en el medio: Iñaki Vázquez y Xavier Ramírez compartieron membresía en Fobia, célebre en los noventa. Jay de la Cueva fue parte del grupo infantil Microchips antes de pasar a Molotov, Fobia y Titán. Marcelo Lara estuvo en Temporada de Patos, dirigió el sub-sello Manicomio de PolyGram y es gerente de la estación de radio Reactor 105. Elohim Corona desde niño ha sido la sensación como baterista en Isis y en una época trabajó para Gloria Trevi. 
Al unirse todos bajo el nombre de Moderatto pudieron comprobar, no sin cinismo, la premisa goebbeliana que defendieron de esta manera para la revista El Huevo: “si miles de personas llegan a creer en algo, ese algo se vuelve realidad”. (R.F.B.

Programa 
Quemándome de amor 
Quiero rock’n roll 
Isabel 
Márchate ya 
Chavo de onda 
Chaperona 
Me gusta vivir de noche 
La mujer que no soñé 
Palabra de honor 
Sólo se vive una vez 
No podrás 
Muriendo lento 
Pacto entre los dos 
Suéltate el pelo 
Capitán 
Villa Coapa 
El rey 
Popurock 
No me canso de rockear 
Hijo de tigre 
Reventón 
Dame un beso
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