viernes, 25 de febrero de 2005

James Brown: Funk más filoso que un bisturí


25 de febrero, 2005 / 5 913 asistentes / Función única /
 1:30 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V. 
Jesús Quintero
“¿Vino usted a un concierto de James Brown a sentarse?” La pregunta sorprende a la señora acompañada por su hijo y la novia de éste. A media genuflexión, la dama que porta playera con la efigie del Padrino del Funk, responde sonriente al vecino delante de ella: “¿No, verdad?” Y se levanta entonces para sumarse a quienes esta vez pagaron no por una butaca, sino por unos centímetros cuadrados de suelo convertidos en pista de baile ante la presencia de un hombre que ha revolucionado la historia de la música y a los setenta y tantos años viene a mostrar por qué su propuesta ha sido en las últimas cuatro décadas un motivo para mover el cuerpo, sudar y jadear gozosamente sin la intromisión de la autoridad por faltas a la moral. 
Al saber de la visita de Brown al Auditorio, inevitable fue recordar que en años recientes las noticias sobre el Hombre Más Trabajador en el Show Business han estado salpicadas con un vocablo que suena a fiesta echada a perder: “policía”. Y tras ver el dvd James Brown: House of Blues (2000), donde su voz no es ya arañazo punzante… ¿qué esperaba nuestro escepticismo? Lo que fuera resultó arrasado, pues el escenario explotó con efervescente funk, con un escuadrón de metales capaz de aplastar cualquier gesto de solemnidad y un James Brown excelso, experto en localizar el botón de “encendido” que todos portamos y oprimirlo con dos sílabas que exaltan el frenesí sin escalas: Hit me!! 
Faltan las dancers del video, en cuyas caderas se mezclan los ingredientes que Brown y sus secuaces ofrecen, pero la presencia de sus coristas y de Tomi Rae, su cuarta esposa, sumada al ímpetu del Padrino en los controles bastan para que los espectadores hagan suya la advertencia de “Get up offa That Thing (Release the Pressure)”: aquí la única tensión está en las percusiones, lo demás es sabrosa incontinencia. 
A pesar de que en los sesenta y setenta Brown escribió indispensables capítulos del rhythm & blues, soul y funk, hoy no faltan críticas de algunos hacia su empeño en ordeñar tanto su pasado, sin dar algo “nuevo”. Semejante cantaleta —que es como recriminar a Thomas Alva Edison no haber hecho más en su laboratorio— se desmorona cuando sobre el foro, con aullidos y dinamismo, Mr. Dynamite incita a la lubricidad con “Doing to Death” y “I Got You (I Feel Good)”, o a la hermandad de géneros con una desgarradora versión de “It’s a Man’s World”. A pesar los achaques —apenas dos meses atrás fue pasado por bisturí al detectársele cáncer en la próstata—, para Brown un concierto es oportunidad de que músicos y espectadores tengan una comunión con alguien superior, tal como se vio en el filme The Blues Brothers (John Landis, 1980), donde hace el papel de reverendo y entre maromas y bramidos difunde la palabra de Dios. 
Dirigiendo a una troupe de once músicos, donde destacan los legendarios Jeff Watkins (saxofón) y Hollie Farris (trompeta), más las coristas que le ponen acetileno al asunto, Brown baila aún con una destreza atribuible a los años de práctica y a la levedad de esos pies pequeños que han puesto a danzar a millones. Pero su papel va más allá del entertainer: también toca el órgano en un tributo a Ray Charles; dando la espalda a la audiencia, dirige a los suyos con pulso firme; ejecuta su conocido gag al hacer tambalear el micrófono hacia delante y justo antes de que le pegue a uno de sus músicos, jala el cable para entonces bailar con el aparato; va por una de las “mayoras” del coro y con ella se contonea, de perfil a la audiencia, irradiando puro deleite... 
Quienes acompañan a la Voz de Alquitrán se ciñen con holgura a los latigazos funk, a complejos pasajes polirrítmicos con una maestría que hace casi innecesarios los arranques solistas, y emplean recursos tradicionales: no hay guitarras inalámbricas ni percusiones electrónicas. Se trata de hombres que vuelven extensiones de su ser a los instrumentos, mientras las chicas del coro rubrican el decir retozón de este hombre envuelto en una chaqueta que en otro parecería estrafalaria y a él se le ve apropiada. 
Manteniendo intactos sus rituales —aún lo presenta con sabrosa retahíla su inimitable maestro de ceremonias, y en “Please, Please, Please” ejecuta el gag donde éste le pone dos coloridas capas de campeón de boxeo al tiempo que se aleja encogiéndose para regresar exudando vigor—, Brown es un generador de electricidad que consigue proezas superiores a la razón. Por allá alguien levanta una muleta como señal de un milagro, de ésos que florecen cuando el Soul Brother Number One nos recuerda que la vida comienza con el baile. 

Cronología 
1928 El 3 de mayo nace James Brown en Augusta, Georgia. (Algunas fuentes señalan su nacimiento en 1933.) 
1952 Luego de ser incipiente ladrón, boxeador y beisbolista, se une a The Flames, grupo de gospel que encabeza el cantante Bobby Byrd, y descubre el rhythm and blues. 
1956 Conquistan a EUA con la incendiaria balada “Please, Please, Please”. Dado el carisma del cantante, el grupo se rebautiza como James Brown & the Famous Flames. 
1963 Live at the Apollo exhibe, con un sonido crudo y excitante, la devoción que provoca Brown entre la población afroamericana. 
1965 Con un trepidante riff de guitarra, irrumpe con dos memorables temas funk: “Papa’s Got a Brand New Bag” y “I Got You (I Feel Good)”. 
1968 “Say It Loud (I’m Black and I’m Proud)” lo muestra como un autor comprometido con las causas sociales, y la prueba de fuego llega el 5 de abril, 24 horas después del asesinato de Martin Luther King. Las autoridades deciden no cancelar la presentación de Brown en el Boston Garden por temor a un motín y el show se transmite por televisión a todo EUA. El cantante invita a sus “hermanos” a que actúen con serenidad. 
1970 Con “Get Up (I Feel like Being) a Sex Machine”, el funk alcanza cotas altísimas gracias a las intervenciones de Jimmy Nolen (guitarra), Maceo Parker (saxofón) y Fred Wesley (trombón). 
1971 Compra varias estaciones radiofónicas y crea el sello discográfico People (distribuido por Polydor), donde grabarán sus protegidos: Bobby Byrd, Lyn Collins y Hank Ballard. Miles Davis lo cita como una de sus mayores influencias. 
1976 Llega a la ciudad de México por primera vez para presentarse en un hotel de la Zona Rosa. 
1979 A pesar de haberse anticipado a la música disco, sus éxitos en este periodo son escasos, salvo “It’s Too Funky in Here”. 
Los 80 Su nómina de hits declina y en 1988 es arrestado por conducir de forma imprudente. Le siguen problemas policíacos por posesión de armas y drogas. 
Los 90 Levanta demandas a granel porque infinidad de intérpretes de rap samplean su música sin pagarle un centavo. Con todo, su fama es más grande que los líos legales y en Augusta se pone su nombre a una céntrica avenida. 
2003 El Kennedy Center le brinda un homenaje por su trayectoria y el Departamento de Policía de Carolina del Sur le perdona todos sus delitos y deja limpio su expediente. 
2004 A finales de año se le diagnostica cáncer de próstata. La intervención quirúrgica resulta exitosa. 
2005 Se presenta por segunda ocasión en el Auditorio Nacional. En mayo, en Georgia, se devela una estatua en su honor. (J.Q.

Programa 
Get up offa That Thing (Release the Pressure) 
Super Bad 
Doing to Death 
Try Me 
Hold on I’m Comin’ (canta Tomi Rae
I Got You (I Feel Good) 
Night Train / I’ve Got a Woman 
This Is a Man’s World 
Get It Together 
Please, Please, Please 
Get Up (I Feel like Being) a Sex Machine
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