martes, 7 de diciembre de 2004

Scorpions: Dos incendios

Foto: Colección Auditorio Nacional

7 de diciembre, 2004 / 9 567 asistentes / Función única / 
2:30 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V.

Jesús Quintero
Amor y energía, es bien sabido, son los elementos indispensables para que un par halle la felicidad en la cama. Ese mismo principio rigió el debut y única cita del grupo alemán Scorpions con sus fans en un Auditorio Nacional repleto.
Un ejemplo, al azar, de tan heterodoxa reunión de generaciones era el de una señora de cuarenta y tantos años, acompañada por dos hijos que ya dejaron atrás la adolescencia. Los tres portaban playeras rojas con el nombre de los teutones y la madre, haciendo a un lado cualquier prejuicio o pudor cantó con ferocidad todos los temas y con actitud amorosa saldó una deuda con la chica que es y fue.
Otro tanto puede decirse del grupo, que en ésta, su tercera visita a tierras mexicanas y con Unbreakable bajo el brazo, sonó comprometido con su sonido famoso en los ochenta, por suerte muy lejos de los desafortunados experimentos de la década posterior. Cierto es que de pronto a Scorpions los vence la ternura y en medio de una pesada tempestad de riffs sueltan frases melódicas más aptas para Bon Jovi, como es el caso de “Rhythm of Love” y “Still Living You”. Pero cierto es también que convencen porque no hacen de su trabajo una rutina de clowns, ni recurren a caras de carniceros en éxtasis. Gozan tocando y viendo las reacciones de la audiencia; de allí que en gran parte del show las luces apuntaron a las butacas con la intención de unir dos incendios.
Scorpions son entertainers profesionales que respetan el heavy metal y hacen de la música la verdadera estrella de la noche. A veces su desempeño escénico traía a la mente el famoso acto del grupo inglés Status Quo hace tres décadas: cerca del proscenio, guitarristas y bajista juntitos mecían parejamente sus cuerpos. Mucho de magia tiene ese impulso, pues el rugido de los instrumentos parece crecer y el ritmo cardiaco de músicos y público se vuelve uno solo.
Sin necesidad de explosiones o de una escenografía millonaria (apenas un sistema extra de iluminación y biombos con el estilizado dibujo de un escorpión), los músicos sólo requirieron de los minutos iniciales para indicar por dónde iba a soplar el viento. Prevenida entonces, la fanaticada desechó la idea de sentarse en las butacas y entrándole a las guitarras de aire, al micrófono invisible, al puño en alto, incluso a la melena agitada, se entregó con una devoción que llevó a Klaus Meine a decir en un germánico inglés: “Quiero decirles que con este concierto terminamos nuestro tour mundial y viéndolos a ustedes así… ¡me hacen sentir tan bien! ¡Gracias por el apoyo durante tantos años!”.
Con un sonido sin maquillajes ni pedales de efectos, las guitarras de Rudolph Shenker y Matthias Jabs extendieron e incendiaron el combustible sin causar sordera. El primero con su Flying V ofreció riffs para marcar el perímetro sobre el que todos se movieron; Jabs, en tanto, parecía un artesano del metal y de la guitarra de palo especializado en agudezas y en arpegios más conectados con la música clásica europea que con el blues estadounidense. Pawel Maciwoda es el miembro más joven en Scorpions, pero su desempeño en el bajo y la interacción con los guitarristas lo hicieron ver como un veterano. El baterista James Kotakk le puso ganas al asunto, sin duda, pero su solo de batería no fue nada extraordinario; lo que se le aplaudió fue su falta de pudor para desnudarse y exhibir un rechoncho torso que llevó a una chica a solicitar: “¡Por favor, pónganle la playera!”. Y Klaus Meine exhibió un ejemplo de tenacidad, no sólo porque ha sabido conservar intacta su voz, sino porque al frente del micrófono, su estilo no acusa influencias y, obsequioso, se la pasó arrojando baquetas al público o su tamborín a uno de sus asistente tras el telón, campeón de frisbee.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Memoriosa como pocas, la audiencia de Scorpions ha creado desde hace décadas su propia lista de grandes éxitos, constituida con lps de importación. Lo notable del encuentro fue que, con fidelidad a aquellas versiones, el grupo entregó una revisión antológica muy acorde a las expectativas, y los asomos a Unbreakable dejaron en claro que el amor antiguo por la festiva estridencia se ha renovado. De lo único que tal vez se pueda acusar a Scorpions es de practicar una especie de vampirismo. Tras una jornada larga y de creciente intensidad sonora y fortaleza vocal, los alemanes acabaron con una sonrisa indicativa de que estaban dispuestos a otra tanda, mientras sus incondicionales abandonaron el recinto sin decir palabra gracias a una feliz, feliz afonía. 

Cronología
1969 En Hannover (Alemania Occidental) se forma Scorpions con Rudolf Schenker (guitar y voz), Karl-Heinz Follmer (guitarra), Lothar Heimberg (bajo) y Wolfgang Dziony (batería).
1971 Michael, hermano de Rudolf, ocupa el puesto de guitarrista titular y su amigo Klaus Meine es el nuevo vocalista.
1972 En Lonesome Crow destaca la habilidad de Michael Schenker y el grupo UFO se lo lleva.
1973-77 Uli Jon Roth entra como relevo y con él la banda empieza a encontrar un sonido propio. Las pruebas: Fly to the Rainbow (1974), In Trance (1975), Virgin Killer (1976) y Taken by Force (1977). El mercado estadounidense ignora los esfuerzos, pero en Japón se localizan sus más recalcitrantes fans.
1978 El álbum doble en vivo Tokyo Tapes representa la despedida de Roth por diferencias musicales con sus compañeros.
1979 Schenker es despedido de UFO por alcohólico y regresa a Scorpions. Pero su participación en la gira por EUA es desastrosa. El guitarrista Matthias Jabs es el relevo cuando los excesos de aquél rebasan los límites.
1980 Con la salida de Michael se rompe el maleficio. Klaus Meine (voz), Rudolf Schenker (guitarra rítmica), Matthias Jabs (guitarra), Francis Buchholz (bajo) y Herman Rarebell (batería) graban Animal Magnetism, su primer campanazo en EUA.
1981 Meine pierde la voz y es operado de las cuerdas vocales.
1982 Aparece Blackout del que se desprende “No One Like You”.
1984 Love at First Sting incluye “Rock You Like a Hurricane”.
1985 World Wide Live documenta el fervor de los fans y la energía del grupo.
1988 Luego de un receso regresan con Savage Amusement.
Los 90 Crazy World trae una balada que se vuelve su tema más popular: “Wind of Change”. El conjunto pierde la brújula y junto a producciones regulares —Face the Heat, Pure Instinct, Eye II Eye— sigue ordeñando el pasado con Live Bites y Deadly Sting: The Mercury Years. Hay cambios: entran Ralph Rieckermann (bajo) y James Kottak (batería).
2000 Moment of Glory, grabado con la Berlin Philharmonic Orchestra, es un tibio repaso a sus clásicos.
2001 Con Acoustica, en vivo, muchos creen que al grupo ya se le mojó la pólvora.
2004 Sacando fuerzas de quién sabe dónde, Unbreakable muestra que el grupo aún aguijonea en serio y celebra el fin de su gira mundial en el Auditorio Nacional. (J.Q.)

Programa
New Generation
Love’em or Leave’em
Bad Boys Running Wild
The Zoo
We’ll Burn the Sky
Deep and Dark
Coast to Coast
Always Somewhere
Holiday
You And I
Loving You Sunday Morning
No One Like You
Tease Me Please Me
Kottak Attack
Blackout
Blood Too Hot
Six String Sting
Big City Nights
Still Loving You
Wind of Change
Rock You Like A Hurricane
When the Smoke Is Going Down

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