jueves, 25 de noviembre de 2004

Tania Libertad: Sin fronteras

Foto: Colección Auditorio Nacional

La voz del alma / 25 de noviembre, 2004 / 6 571 asistentes /
Función única / 3:15 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V.

Patricia Ruvalcaba
Maratónico, conmovedor, excelso. Así fue La voz del alma, concierto con el que Tania Libertad celebró el lanzamiento de Negro color así como sus 25 años de vivir en México —aun cuando este aniversario se cumple el año próximo. Sería casualidad, pero había plenilunio, de manera que si hubo armonía en un rincón del planeta esa noche, fue en el Coloso de Reforma.
La artista peruana-mexicana ha dicho que el canto habita “en el alma”, y lo demostró en cada uno de los más de 40 temas que ejecutó, rememorando sus más de cuatro décadas de trayectoria. Cada palabra y cada silencio estuvieron marcados por el amor, la pasión y la sabiduría con que Tania ha desarrollado su carrera. El público no esperaba menos; seguramente se llevó más. Gente de edades y condiciones diversas, escucharon durante más de tres horas en callada conmoción boleros, rancheras, huapangos, sambas, ritmos africanos naturalizados aquí y allá, sones, trova cubana, salsa, soul... Porque a esta cantante con corazón mulato le gusta “vivir en riesgo” y diluir fronteras, entre géneros musicales, países y personas.
El inicio del recital fue solemne, con una Tania en chaqueta y pantalones negros, blusa blanca y collar de perlas, sola bajo una luz cenital, cantando a cappella “Me he dado cuenta”, contrición con cariz místico. Sin decir agua va, vino la fogosa “Ritmos de negros”, en la que los 10 extraordinarios músicos —incluidas dos coristas— enseñaron los dientes. “Es un honor estar después de 12 años en este Auditorio Nacional”, dijo, con cierta afonía. En una mesilla, junto a un florero con un par de botones de rosa blancos, había suficiente tequila. Así armada, hizo piruetas entre “La mulata”, pieza de ascendencia negra —acompañada por el Ballet Negro Peruano, que en sus varias intervenciones se sacó diez—, “Tu recuerdo y yo”, “Procuro olvidarte”...
Los arreglos, la mayoría de Sonia Cornuchet y Félix Casaverde, enriquecidos con sedimentos negros, ponían énfasis en las percusiones y los coros. Fue mágico encontrarse con canciones cuyas interpretaciones originales uno creía insuperables, como “Cardo o ceniza”, “La maza”, “Terezinha” o “Por debajo de la mesa”, sazonadas a lo afro. Entre los arreglos intactos estuvieron los boleros de Manzanero, varios de los cuales el mismísimo compositor cantó para y con la festejada. En un paréntesis, el maestro y María Victoria apadrinaron la entrega de un disco de oro y otro de platino (otorgados por Sanborn’s y Mixup) para Tania por las numerosas ventas de Alfonsina y el mar, 20 años. María Victoria interpretó “Sin ti” con su característico pujidito, y Tania emprendió “Dos gardenias”, “Anda mareao” y “Por ti”, haciendo gala de su capacidad para desentrañar los secretos interpretativos nacionales; los falsetes de “Pastor” le valieron la veneración, aunque discreta, del público. Hay conciertos en los que la gente, aunque esté inflamada, se mantiene contenida. No son prendidos, no hay alaridos ni ovaciones, su registro emocional es subterráneo y uniforme, una especie de medio tono, pero no menos intenso. La artista lo entendió y lo disfrutó así. Aun así ocurrió un fenómeno asombroso: “Échame a mí la culpa” y “Qué sabes tú” fueron coreadas en un susurro, como si hubiese el acuerdo de no colocarse por encima de la cantante.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Productora y formadora de talentos, Tania presentó a sus hallazgos recientes: el brasileño Eder da Rosa y el mexicano-argentino Gabriel Brofman El Queso, miembros del grupo Quem. Ambos interpretaron un par de canciones y después acompañaron a una luminosa cantante con vestido largo azul turquesa en “El funeral del labrador”. Ella siguió con las preciosas musicalizaciones de “Papel mojado” y “Piernas”, poemas de Mario Benedetti. Aunque llevaba casi 40 temas, la artista lucía como si nada; sólo cuando hablaba su voz parecía al borde de la afonía. Pero cantar es otra cosa. Y cantó. Y sin acompañamiento. “Concierto para una sola voz”, tan sublime que, ahora sí, todo el mundo se levantó a aplaudir. Vino la preparación del final. La atmósfera era solemne otra vez; el silencio compacto. En tinieblas, a solas, empezó “Alfonsina y el mar”. En un momento dado se apartó del micrófono y llenó el foro con una voz dolorosa. Nada ni nadie osó profanar la comunión. Luego, al sobrevenir la ovación, se oían gritos de “¡Gracias, Tania!”. 

Con el instinto y los orígenes por banderas
“Yo nací en un pedacito de África, único poblado negro (Chiclayo) en la costa del Perú”, dice orgullosa Tania Libertad. Su genealogía lo certifica: abuelo brasileño, bisabuelo portugués, madre india y negra. “Ahí es donde se me juntan las tres razas”. Así, su gusto por la negritud y el mestizaje son parte de su naturaleza. La rápida comprensión de los códigos de diversas culturas, la identificación de lo que las une, son algunos de sus dones: “Latinoamérica es una sola. Sus expresiones musicales tienen tres grandes raíces: la indígena, la española y la negra. Todos los ritmos vienen de ahí; finalmente no es una locura cantar un bolero al lado de un huapango, o un huapango al lado de una samba argentina”.
Tania ha utilizado sus instintos no sólo para refinar su arte, sino para salvaguardar su identidad sin doblegarse a las reglas de la gran industria. Para ser una artista “marginal”, como ella se define, se ha defendido bien: 37 discos, millones de ejemplares vendidos, giras internacionales permanentes... Sólo en este año estuvo en Milán, Berna y París (en el prestigioso Olympia). También tuvo la inteligencia de apostar por la producción desde un principio, tanto de sí misma como de otros. De las grabaciones más o menos domésticas saltó a la producción profesional con su compañía Mulata Records, que ya entró en la historia de la llamada world music: Negro color (Lusáfrica, 2004), segundo de una trilogía de música negra peruana, ya se distribuye en 25 países. (P.R.)

Programa
Me he dado cuenta
Ritmo de negros
Mi amor por ti
El elegido
Cardo o ceniza
La mulata
Tu recuerdo y yo
La maza
Terezinha
Por debajo de la mesa
Voy a apagar la luz
Dormir contigo (canta Manzanero)
No ha pasado nada
Contigo aprendí/ Somos novios/ No sé tú (a dúo con Manzanero)
Sin ti (canta María Victoria con Manzanero al piano)
Corazón de madera
Dos gardenias
Procuro olvidarte
Anda mareao
Échame a mí la culpa
Sombras
Ollita nomá
Funeral del labrador
Adonde
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Civilización
Qué sabes tú
Razón de vivir
La bruja
Por ti
Papel mojado
Piernas
A María
Samba Malato
Unicornio
Pastor
El breve espacio
Ojalá
Cuando sale la luna
DGL
Concierto para una sola voz
Gracias a la vida
Alfonsina y el mar
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.