jueves, 18 de noviembre de 2004

¡Tango querido!: Expresión vertical del deseo horizontal

Foto: Colección Auditorio Nacional

18 y 19 de noviembre, 2004 / 571 asistentes / 2 funciones /
 2 hrs. de duración / Promotor: Enzo Peiret

Patricia Ruvalcaba
Ah, si todo bajo fondo produjese una cultura capaz de elevarse hasta el rango de Arte... Porque a veces en el lodazal se cría una perla: fue  a fines del siglo XIX cuando en los cabaretuchos, burdeles y otros agujeros de mala muerte de Buenos Aires, mafiosos y malvivientes crearon el lunfardo, jerga extravagante, y el tango, caracterizado por su incurable melodramatismo, la exaltación machista y una intensa sensualidad. En poco más de un siglo de vida, el tango pasó del descrédito a su valorización: una edad de oro gracias a Carlos Gardel; un periodo de oscuridad; una decantación en los laboratorios sonoros de Astor Piazzolla que lo convirtió en sofisticada música instrumental; un renacimiento en manos de roqueros, blueseros e incluso djs. Hoy, el género ha rebajado su dosis de machismo y es objeto de fusiones y actualizaciones. Tal vez aquello de que “el tango es un pensamiento triste que se baila” ya no sea tan preciso. 
¡Tango querido!, espectáculo que alterna hermosas piezas instrumentales, canciones desagarradas de amor o de nostalgia por la tierra, ricas exhibiciones de baile por parte de cuatro parejas y un número sorpresivo de malambo, es una sustanciosa probadita del fenómeno. El público, la mayoría peinando canas, abrió boca con los coloridos cuerpos de seis bailarines. Cada pareja tenía un carácter: clasicismo, fiereza, sensualidad... Su sombra, proyectada en el muro, reafirmaba que el tango produce “un ser mitológico mitad hombre mitad mujer, que se abraza a sí mismo”. El magnífico Cuarteto Argentino de Tango entró con “El choclo”, pieza vigorosa y con sabor cinematográfico. Luego vinieron clásicos como “Uno”, “Cambalache” o “Por una cabeza”, con la experimentada voz del creador del espectáculo, Enzo Peiret. Entre el público, sentires, suspiros, ayes, arrumacos y brindis sucedían al por mayor. En cada intervención, los bailarines renovaban vestuario –elegante o atrevido, glacial o encendido, de mujer trágica o de chica mala-, creaban giros para romper cinturas, saltos acrobáticos, remates derrapados, rozaban tacones peligrosamente, como cuchilladas. Y las sombras eran el duplicado, esa “expresión vertical del deseo horizontal”. En tanto, también se destilaba fatalismo, venganza, despecho o simple faroleada con algunos temas interpretados por el joven Gerardo Leonardi, otras por Peiret, varios, por ambos. 
Uno de los momentos estelares fue la actuación de Martín Pérez, ejecutante de malambo, danza tradicional de Argentina, Chile y Uruguay, en la cual el bailarín cruza temeraria y velozmente en el aire un par de boleadoras, con las que percute el piso, siguiendo la música. Además de someter su cuerpo a los silbantes coletazos, el artista recortó poco a poco un cigarrillo que había puesto en los labios de un voluntario. Impresionante.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Después, los lamentos del bandoneón volvieron a llenar el Lunario. Habría un detalle que reprochar al show. El hecho de que los bailes se ejecuten con grabaciones les quita brillo; cuando la pareja más elegante y diestra (Aviani y Alejandro), ejecutaba “Gallo ciego”, la pista musical se desvaneció. El cuarteto entró al quite tomando las notas al aire rápidamente; no sólo rescataron el número sino que lo realzaron, lo cual les valió un generoso aplauso. Hay que reconocer que esto no quitó lucimiento al resultado general ni al entusiasmo: aplausos largos, acompañamiento espontáneo del público, alegre participación de éste en un concurso de canto improvisado por los artistas para terminar la velada. He allí los efectos del tango, esa perla criada en el lodazal. 

Programa
El choclo
Los Mareados
El huracán
Danzarín
Uno
Como dos extraños
Matices
Pregonera
Mala junta
Lo que vos te merecés
Cambalache
Así se baila el tango

Intermedio

Malambo
Zamba de usted
Garufa
La Trampera
Triunfal
Remembranzas
La Cumparsita
Por una cabeza
Balada para un loco
Gallo ciego
Libertango
Caminito


Bailarines

Karina Guillén y Luciano Brigante
Valeria Vega y Jorge Bartolucci
Aviani y Alejandro Montes de Oca
Claudia Llamas y José Luis Zamudio


Cuarteto Argentino de Tango

Piano: 
Osvaldo Potenza

Contrabajo:
Manuel Domínguez

Bandoneón:
Coco Potenza

Guitarra:
Hebert Orlando

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