jueves, 7 de octubre de 2004

Editus: Un trío de más de tres

Foto: Colección Auditorio Nacional


7 de octubre, 2004 / 110 asistentes / Función única / 
1:30 hr. de duración / Promotor: 32 Festival Internacional Cervantino

Juan Arturo Brennan
En ocasiones las cosas no son lo que aparentan o, dicho de otro modo, un trío no siempre es de tres, como quedó demostrado durante la presentación de Editus en el Lunario. Se trata de los costarricenses Edín Solís (guitarra), Ricardo Ramírez (violín) y Carlos Vargas (percusiones), quienes en acción parecen multiplicarse, en especial por la presencia de un teclado que no les sirve para melodías o acompañamientos, sino como sampler para producir fondos sonoros que evocan sobre todo sonidos de la naturaleza. Este elemento permite poner de inmediato una primera etiqueta al trabajo de Editus: música de inspiración ecológica, lo que no es extraño tratándose de habitantes de una región con una biodiversidad envidiable. Por otra parte, a un lado de sus herramientas de percusión, Carlos Vargas tiene otro par de teclados, que sí utiliza a la manera tradicional en algunas piezas. Además, la guitarra de Edín Solís y el violín de Ricardo Ramírez hacen con frecuencia las labores del bajo eléctrico, lo que enriquece notablemente la paleta sonora del grupo. En el mismo sentido, la batería de Carlos Vargas, más que un set tradicional de tambores y platillos, es una interesante combinación de instrumentos, algunos de ellos de origen étnico, que aportan colores y acentos. De particular interés resulta la inusual sustitución de uno de los toms habituales por un bombo. Parte importante de la variedad acústica proviene también del uso de modos diversos en la ejecución misma de los instrumentos, y de la aplicación (discreta pero efectiva) de algunos efectos electrónicos a la sonoridad instrumental natural.
El trabajo de Editus —cuyo concierto se presentó como una extensión, en la capital, del Festival Internacional Cervantino— se caracterizó por una gran claridad y pulcritud en la ejecución que, aunada a sus parámetros melódicos, armónicos, rítmicos y expresivos, lo coloca en el rubro del New Age contemplativo. Sobre una base de música instrumental contemporánea el grupo bordó diversos géneros y formas, desde el pop y el jazz hasta el pasillo y el danzón, pasando por una interesante fusión de folk y barroco. En medio de esta variedad de influencias, sobre todo latinoamericanas, ofreció algunas referencias al arsenal sonoro (inconfundible y entrañable) del gran Astor Piazzolla. Otros nombres citados literalmente a través de sendas piezas ejecutadas esa noche fueron los de Joan Manuel Serrat y Chabuca Granda, reconocidos y aplaudidos con especial calidez. Para finalizar la velada, una ejecución de la “Malagueña” de Lecuona, con sus múltiples referencias musicales, auténtico collage de estilos y lenguajes.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional



Esa noche el público en el Lunario no fue ni muy numeroso ni particularmente entusiasta; pero se dio una interesante retroalimentación entre los músicos y sus paisanos que acudieron a escucharlos, entre quienes estaba la quizá más famosa costarricense que habita en México: Maribel Guardia. 

Programa
Madera
He guardado
Cuando todo está bien
La flor de la canela
Ilusiones
Viento y madera
Terceto
Pasaje abierto
Piazzolando
Pampa
Serrat
Malagueña
Tocú
Alfonsina y el mar
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