viernes, 10 de septiembre de 2004

Carmina Burana, Monumental Opera: Con todo y sus bemoles...

Foto: Colección Auditorio Nacional

10 al 12 de septiembre, 2004  / 38 777 asistentes / 5 funciones /
 2:30 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V

Juan Arturo Brennan
La puesta en escena de Carmina Burana de Carl Orff en el Auditorio anunciada con bombo y platillos, tuvo resultados un tanto contradictorios. En lo que se refiere a promoción y respuesta de público, fue un éxito rotundo. En lo artístico, sin embargo, no fue tan grandiosa como la esperábamos. Es interesante subrayar que, desde el anuncio de la llegada a México de esta superproducción alemana, se desató el debate sobre la conveniencia de llamar a este espectáculo ópera monumental. 
Antes que nada, es preciso mencionar que la magistral obra de Orff fue precedida, en la primera parte del programa, por una mini-gala dedicada a muy famosas oberturas y coros de óperas de Giuseppe Verdi, muy bien recibidos por el público. Bajo la dirección de Walter Haupt (quien, por cierto, guarda un extraño parecido con Franz Liszt en su edad madura), la Orquesta Sinfónica de las Américas y el Coro de México hicieron un trabajo pulcro y profesional en la ejecución de las arias y coros del compositor italiano. Vale destacar que, dadas las bien conocidas limitaciones acústicas del Auditorio Nacional para la música de concierto, la amplificación y ecualización del sonido fue de muy buen nivel.
Después del intermedio, el inicio de la Carmina Burana era muy prometedor. Los integrantes del coro y algunos de los personajes hicieron su ingreso por las puertas laterales de la sala en una larga procesión con antorchas por los pasillos hasta tomar sus lugares en el enorme escenario. Esta representación plástica y dinámica de lo ritual hizo abrigar esperanzas de que lo que venía podía ser una gran aproximación teatral a la famosa partitura y a los textos de los disolutos monjes goliardos. Sin embargo, la suposición pronto se vino abajo con un primer detalle importante, que resultó incongruente y descuidado. Si todos los personajes en el escenario, incluyendo los integrantes del numeroso coro, estaban ataviados a la usanza medieval, ¿por qué los tres solistas vocales llevaban ropa común y corriente de concierto? ¿Por qué no formaban parte integral del espíritu de la representación teatral?
Una vez iniciada la atractiva música de Orff, comenzaron a aparecer numerosos personajes de la vida y el pensamiento medievales, luciendo lo más destacado de esta visión escénica: un vestuario complejo y variado, muy bien concebido y realizado. Sin embargo, en el planteamiento narrativo y descriptivo de las evoluciones escénicas se diluyó —evidentemente a propósito— el peso específico de dos elementos primordiales de la obra del compositor alemán: su fuerte carga erótica y la áspera crítica a los vicios y excesos de un clero medieval marcado por la hipocresía y la falsa piedad. Sin duda, la propuesta más bien light de la obra tuvo mucho que ver con el deseo mercadotécnico de hacer de esta Carmina Burana un espectáculo “familiar”, “para todo público” y ajeno a la controversia.
A lo largo de la cantata escénica se hizo evidente que quienes representaban a los personajes de la inventiva de los goliardos no eran los mejores actores, bailarines y acróbatas que nos hubiera gustado ver en una puesta tan fastuosa y grandilocuente como ésta. De hecho, el aspecto dancístico, que tiene una importancia relevante en la obra, se diluyó notablemente e incluso deslució. Para muestra, un botón: la sabrosa y sincopada Tanz (danza) instrumental del sexto tiempo fue acompañada por las torpes y lentas evoluciones de dos personajes que se veían incómodos en sus grandes zancos, cuando lo que se requería era una extrovertida y exuberante danza colectiva. Las acartonadas justas sobre caballitos de madera tampoco ayudaron a comunicar al público la parte lúdica del espíritu medieval, que también está muy presente en la concepción y realización de la partitura. Por otra parte, hubiese sido importante poner subtítulos para guiar a los numerosos asistentes a través de los complejos textos en latín y alemán antiguo que forman el corazón narrativo de la cantata de Orff y que sólo los muy versados conocen a fondo.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Con todo, hubo momentos teatralmente efectivos como la presencia en el escenario de un travieso fagotista quien recrea el patético lamento del cisne rostizado que canta. Y hay que reconocer que, dentro de los parámetros de un público masivo, esta puesta en escena permitió que mucha gente entrara en contacto con una imaginería medieval interesante y muy inusual. Reunir a casi cincuenta mil personas en una temporada a escuchar una obra de música de concierto del siglo XX, es en sí un triunfo singular. 

Créditos

Concepto, dirección y dirección musical:
Walter Haupt

Asistente:
Rosemarie Nistler

Escenario, vestuario, accesorios y maquillaje:
Mihail Tchernaev

Iluminación:
Rainer Casper
Andreas Kisters

Coreografía:
István Herczog

Producción y gira:
Franz Abraham / ART CONCERTS


Intérpretes

Orquesta Sinfónica de las Américas
(Director: Roberto Kolb)

Soprano:
Ramona Eremia

Tenor:
Nikolaj Visnjakov

Barítono:
Jirí Kubík

Coro de México
(Director: Gerardo Rábago Palafox)

Ballet Ustí nad Labem


Programa

Parte I: Viva Verdi (1913-1901)

Nabucco
Obertura
“Va, pensiero...” (coro de prisioneros)

Il Trovatore
“Vedi! Le fosche notturne...” (coro de gitanos)

La forza del destino
Obertura

Aída
“Gloria all’Egitto...” (marcha triunfal)


Parte II: Carmina Burana de Carl Orff (1895-1982)

Fortuna Imperatrix Mundi
1. O Fortuna
2. Fortune plango vulnera

Primo Vere
3. Veris leta facies
4. Omnia sol temperat
5. Ecce gratum

Uf dem Anger
6. Tanz
7. Floret silva
8. Chramer, gip die varwe mir
9. Reie
 Swaz hie gat umbe
 Chume, chum geselle min
 Swaz hie gat umbe
10. Were diu werlt alle min

In taberna
11. Estuans interius
12. Olim lacus colueram
13. Ego sum abbas
14. In taberna quando sumus

Cour d’Amours
15. Amor volat undique
16. Dies, nox et omnia
17. Stetit puella
18. Circa mea pectora
19. Si puer cum puellula
20. Veni, veni, venias
21. In trutina
22. Tempus est iocundum
23. Dulcissime!

Blanziflor et Helena
24. Ave formosissima

Fortuna Imperatrix Mundi
25. O Fortuna

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