sábado, 28 de agosto de 2004

Óscar Chávez: Neruda y nuestras canciones extraviadas

Foto: Colección Auditorio Nacional

Me lleva la cantada / 28 de agosto, 2004 / 9 444 asistentes / Función única /
 3 hrs. de duración / Promotor: Discos Arpegio S.A. de C.V.

Jesús Quintero
Óscar Chávez sabe dosificar sus presentaciones en el Auditorio. En ésta, su séptima anual consecutiva, la fidelidad del público hace patente una vez más que el autor de “Árbol de corazones” no necesita de videoclips ni de constante presencia radiofónica para convocar a los admiradores que a la cita acuden como quien va al cumpleaños de una amistad entrañable. Y como cada año, desde el inicio los invitados insisten en que el festejado interprete las mismas canciones que le escucharon en el Palacio de Bellas Artes en 1974 o en el Coso de Reforma desde 1998. Chávez no es desatento a esas peticiones, pero las esquiva con sarcasmo porque un gran peso de su relevancia artística radica en el rescate de canciones extraviadas y éstas son, a fin de cuentas, las que ocupan una gran parte de su vasta discografía. Además, 2004 ha traído a la memoria pública al poeta Pablo Neruda por el centenario de su nacimiento, así que El Caifán tiene motivos para explayarse en su decir, teniendo como ejes la poesía del chileno y música de todos los puntos cardinales del país.
Acompañado inicialmente por Los Morales, que como en ocasiones anteriores muestran su solvencia y multiplicidad en cada pieza, Chávez comienza por el final, con “Las golondrinas”, burlándose de las convenciones. Al concluir anuncia que el concierto lo dedica al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, al tiempo que declara su distancia con la presidencia del país y con el gobierno del Distrito Federal. No lo dice, pero esta vez, después del primer tema, no habrá parodias acaso porque —como lo han señalado infinidad de moneros— la escena política es hoy en sí misma una caricatura que a la población le provoca por igual risas que lágrimas. Sin embargo, las relaciones de individuos con las autoridades son leitmotiv en muchas de las canciones que Chávez interpreta, por eso, después de “Alta traición”, poema de José Emilio Pacheco en el que rechaza la abstracta idea de la patria y prefiere manifestar su amor a ciertos lugares y hechos del pasado, con gesto circunspecto, el cantautor ofrece “Siempre me alcanza la danza”, una crítica a las palabras desgastadas que en Chiapas oscilan entre “el fracaso y el balazo”, y la muy antigua “El adiós del soldado”, sobre las ausencias que parecen breves pero se vuelven permanentes tras un disparo.
A semejanza de los escritores surrealistas que aspiraban a realizar largos viajes en una habitación con sólo un libro y un mapa, Chávez emprende vastos trayectos en el tiempo y en la geografía. Los Morales, atentos a la bitácora, transitan de conjunto regiomontano a veracruzano, mientras el cantante rinde homenaje a Eulalio González, El Piporro, quien un año atrás tuvo con él su última aparición pública, interpretando “Chulas fronteras”, para seguir con deslumbrantes sones jarochos como “La tienda”, que en estrofas de diez versos suelta albures que sólo pescan los oídos menos inocentes.
Honda, sin requiebros a los 69 años, la voz de Óscar Chávez se adapta a cualquier género folclórico y la presencia del Mariachi Juvenil de Tecalitlán corrobora que los clichés no son lo suyo. Que nadie espere “El rey” o “Guadalajara”. La mancuerna ya había trabajado en el Festival Internacional Cervantino en 1989 y tiene un álbum grabado (Canciones de Guanajuato Vol. I, 1995), pero el intérprete ha vuelto a esa formación para arropar jarabes y canciones muy antiguas como “Cartas marcadas” y “Mi destino fue quererte”, que dejan en claro cuánta pena conlleva en ocasiones el enamoramiento: Hasta que una mañana fatal/ el destino te enviara/ mi suerte a cambiar./ Yo maldigo la vida/ y maldigo al amor. En tal sentido, Chávez sabe que las vías del amor son de tres sentidos: están los versos que arrancan sonrisas, los que suscitan caricias y miradas cómplices, y aquellos que tras el incendio pasional dejan sólo dolor.
El centenario del natalicio de Pablo Neruda ha revivido las palabras y pensamientos de un hombre que concilió la poesía y las preocupaciones sociales. Chávez, quien de la lira y el hombre sabe bastante, rinde entonces un “mini homenaje” al autor de Las uvas y el viento, acompañado por sus colegas cantautores Carlos Díaz Caíto, Delfor Sombra y Carlos Porcel Nahuel. La reacción del público ante “El guerrillero” y “A sangre y fuego” manifiestan que el espíritu idealista continúa vivo a pesar de la caída de las ideologías. Y lo que destaca en el decir de Neruda es la unión de los cuerpos y espíritus, de manera que “Canción desesperada” y “Tu risa” equilibran en el concierto los asuntos del compromiso social y los del corazón.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Al prestar su canto al ayer, Chávez hace patente la variedad del lenguaje lírico y la vigencia de esas canciones. Su quehacer, cifrado en casi un centenar de álbumes, es una puerta privilegiada a la historia musical de nuestro país. Tal vez un sector que asiste a verlo cada año percibe poco de esa riqueza porque ante todo quiere escuchar sus clásicos para habitar de nuevo un pasado en el que la utopía parecía cercana. Y él les entrega “Por ti”, “Hasta siempre” y “Macondo”. Pero a lo que Óscar de verdad aspira ocurre cuando la gente, al salir del recital, adquiere en el vestíbulo del Auditorio los álbumes Parodias neo-liberales, Cantos ferrocarrileros o Trova yucateca. Allí es donde se cierra el círculo y la memoria se abre a los sentidos. 

Sabios y sencillos embajadores
Héctor, Carlos y Julio Aguilar Morales son hermanos y creen en lo que hacen. Desde 1952 los dos primeros se unieron a su padre, quien tocaba el guitarrón en diversos grupos de mariachis, y supieron que para llevar dinero a casa había que darle con ganas y precisión a las guitarras, cantar afinadamente y tener además un excelente equilibrio, pues sus escenarios eran los autobuses, donde se ganaban algunos centavos para contribuir a la precaria economía familiar.
Hacia 1969, convencidos de que lo suyo era la música y con la inclusión de Julio, de 17 años, Los Morales se unieron a un colectivo llamado La Edad de Oro, dirigido por Juan Ibáñez (realizador de Los Caifanes), que promovía espectáculos políticos en centros nocturnos hoy desaparecidos. Allí conocieron a Óscar Chávez y al año siguiente se convirtieron en su grupo de acompañamiento permanente.
Hacia 1974, su prestigio como intérpretes los llevó de eventuales presentaciones a programas televisivos como Siempre en domingo (con Raúl Velasco) y Sábados de Saldaña (en el segmento Folklorama), donde el conductor titular, Jorge Saldaña, los incitaba a indagar en el pasado de la música mexicana y a multiplicar su talento en diversos instrumentos. En esa década, el trío trabajó también con Amparo Ochoa y Tehua. Después acompañarían a otras grandes voces como Lola Beltrán, María de Lourdes o Ramón Vargas. Poseedores de un amplio repertorio histórico, temático y geográfico de la música mexicana, sumaron a sus giras por la República Mexicana prácticamente todas las ciudades latinoamericanas y en los años siguientes, todo el continente europeo, Rusia, Corea del Norte y del Sur. En Japón permanecieron seis meses con gran éxito e incluso tocaron para el emperador Hirohito.
Hoy, a 53 años de entrarle a la música por necesidad, Los Morales han hecho de su vocación un acto de amor que no conoce fronteras estilísticas. Con dotes para improvisar en una gran variedad de instrumentos del folclor, se encuentran entre los más sabios y sencillos embajadores musicales de nuestro país. (J.Q.)

Programa

Con Los Morales
Las golondrinas
Alta traición
Siempre me alcanza la danza
El adiós del soldado
Chulas fronteras
Caña Brava
La tienda

Con Nahuel
El guerrillero
Para mi corazón
El amor de los marineros
A sangre y fuego

Con el Mariachi Juvenil de Tecalitlán
El palmero
Cuando dos almas
Cuatro vidas
Cartas marcadas
Amor de los dos
La violinera
Mi destino fue quererte
El tecolote

Con Caíto y Delfor Sombra
Canción desesperada
Tu risa
Niña morena
Matilde amor
El viento en la isla

Con Los Morales
Bello amanecer
Despedida
Los pilares de la cárcel
Fandango jarocho
El canelo

Con Los Morales, Caíto, Delfor y Nahuel
Guantanamera

Con Los Morales
Por ti
Hasta siempre
Macondo
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.