viernes, 16 de julio de 2004

Groove Collective: Un sorpresivo cambio de estilo

Foto: Colección Auditorio Nacional

16 de julio, 2004 / 458 asistentes / Funcion única / 
2 hrs. de duración / Promotor: Music Frontiers

Jesús Quintero
Esta vez en el Lunario no hay sillas y apenas algunas mesas se mantienen como centro de operaciones de los sedientos, pues quienes del asunto saben, señalan que con Groove Collective el baile —un beat llevado con los pies o un arrebato cinético similar a una luz estroboscópica— imperará.
A 14 años de haberse integrado en Nueva York, de ondear su colectividad hasta con 10 miembros sobre el escenario y asimilar todo tipo de influencias en media docena de álbumes, una pregunta impera: ¿a cuál Groove Collective escucharemos, al que debutó con un híbrido donde un jazz temerario convivía con el rap o al que en It’s All in Your Mind (2001) coqueteaba lo mismo con música africana, trip-hop y techno?
Cuando el saxofonista Jay Rodríguez sale al escenario con sus compañeros y tras mirar con sorpresa a quienes sobre el piso cuidan con celo su cerveza en plácida charla, exclama de manera inesperada lo que en el fondo todos desean: “¿Pero qué les pasa a los que están sentados?, ¿es que no vienen a bailar?” Ante semejante provocación, pronunciada por un hombre moreno, de corta estatura, ojos agudos, bíceps prominentes y actitud retadora, todos se ponen de pie para dejarse guiar por las voces del sax, la trompeta y los teclados. Decir que lo predominante es materia afroantillana es hacerle un flaco favor a los híbridos que el conjunto maneja con destreza, pues si bien hay reminiscencias del Dizzy Gillespie más enamorado de Cuba, de Arturo Sandoval y de Poncho Sánchez, de igual manera hay asomos de funk, dance-music y de fusión (ese género que tuvo en Return To Forever y Mahavishnu Orchestra a sus embajadores más afamados).
Si cada disco de Groove Collective es similar a una antología, dada la variedad de estilos que maneja, hacia la cuarta pieza de la noche, titulada “Tito Puente” —tributo al célebre director y timbalero—, la temperatura sonora queda declarada: se trata de música que se antoja de gran éxito en la zona más joven del barrio latino de Nueva York y en Miami (tan acentuada que podría rebautizar al conjunto como Groove Caribeño), pero que en el Lunario parece dividir a la audiencia. Los más sorprendidos y desilusionados por la ausencia de un dj emigran a la parte trasera del recinto, para desde las sombras disfrutar de un trago, en tanto que los escuchas más ávidos y menos prejuiciados se dejan mecer por esa mezcla de géneros que impacta porque Fabio Morgeira, en conjunción con Jay y el tecladista Barney McCall trazan una vía de tres carriles donde la improvisación, siempre sujeta por un marco bien delimitado, se pone al servicio del retozo corporal.

Foto: Colección Auditorio Nacional
Y si bien el acid jazz finalmente se asoma con la presencia de la cantante Sara Valenzuela, invitada en un tema, de principio a fin se mantiene un concepto latino muy “chévere” (Rodríguez dixit) que gradualmente incendia los espíritus. Esta noche descubrimos que el Lunario es también una pista adecuada para los cuerpos que saben de roces y vaivenes. 

Programa
Ms. Grier
Loisaida
Everything is changing
Tito Puente
Genji Monogatari
42nd Street Theme-Tender Steppin’
Saturday Afternoon
Time Pilot
Ransome

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