viernes, 9 de julio de 2004

Franco De Vita: Motín emocional en el Lunario

Foto: Colección Auditorio Nacional

9 de julio, 2004 / 287 asistentes / Función única / 
2 hrs. de duración / Promotor: 49 Producciones, S.A de C.V. 

Patricia Ruvalcaba
Después de cinco años sin presentarse ni lanzar discos, Franco De Vita (Caracas, Venezuela, 1954) reapareció en la escena mexicana con Stop, material en el que condena la violencia doméstica contra las mujeres (“Un extraño en mi bañera”), se pronuncia por la tolerancia hacia los homosexuales (“Rosa o clavel”, con el dueto Sin Bandera) y, como siempre, habla de amor (“Tú de qué vas” o “Si la ves”). Así, la sed acumulada durante un lustro propició que el público del Lunario recibiera al artista con una alegría rayana en la locura. Si es que acostumbra llevar un diario, De Vita pudo haber registrado que los asistentes, treintañeros la mayoría, sólo esperaban escuchar el primer acorde de cualquiera de sus canciones para emprender con él una sucesión de saltos emocionales. Eso ocurrió con “Latino”, una reivindicación rock-pop-salsa de la poderosa sensibilidad latinoamericana ante el amado-odiado vecino del norte. 

“¡Años, años soñando con esto!”, gritó antes de internarse en los dominios de su balada amorosa con sabor italiano. También pudo haber anotado en su diario el fervor, la excelente entonación y la precisión con que la gente lo acompañó en “Fuera de este mundo” —con un fino arreglo con violín eléctrico—, “Louis”, “Te amo”, “No basta” —una de las más solicitadas—, “Un buen perdedor” y “Te veo venir, soledad”. Desde los tempranos años ochenta, cuando Franco Atilio De Vita De Vito inició su carrera, vació en sus canciones su ascendencia e infancia italianas para distinguirse de inmediato en el mercado de los baladistas. Al cabo de 22 años, 10 discos, premios MTV y Billboard, colaboraciones con artistas como Rubén Blades, Juan Luis Guerra, Ricky Martin y Chayanne, su producción se ha enriquecido con aproximaciones al bolero, reggae, rap y flamenco, así como a temas sociales. Pero sabe que la veta inagotable está en los asuntos del corazón, de ahí que en uno de los momentos cumbre del concierto, cuando invitó al escenario a Reyli —ex vocalista de Elefante— y al guitarrista Juan Pablo Borrego para cantar “Desde que llegaste”, las almas se derritieron. 
Pasaba de la medianoche. De Vita había estado saltando del piano a la guitarra, tratando de complacer las andanadas de peticiones. Tanto él como los seis músicos estaban exhaustos y se despidieron. La gente, habiendo percibido que no se trataba de un final falso, exigió más, de pie y con un aplauso incesante. Volvió el artista, notoriamente cansado, serio. Algunos corrieron al escenario a pedirle autógrafos, a lo que accedió, aturdido. Se desató un motín a sus pies. Aquello iba a prolongarse. La mayoría, que permanecía en su lugar, gritó “¡Que no firme, que cante!”. De Vita intentó apartarse del borde del escenario, pero algunas manos lo jalaron. Molesto, se zafó y dijo que no firmaría nada más. Se escuchó un frustrado “¡Uuh!” de los rechazados y un “¡Síí!” de quienes reclamaban canciones. Remató con “Ay, Dios” y se fue.

Foto: Colección Auditorio Nacional
“Gajes del oficio”, pudo haber escrito en su hipotético diario. Lo cierto es que puede estar seguro de la parcela de afecto que ha cultivado en México. Cuando el concierto estaba en pleno apogeo, había confesado: “Y yo que venía preocupado: ¿me habrán olvidado ya?”. “¡Nunca!”, le respondieron. 

Programa 

Latino 
Cálido y frío 
Será 
Tú de qué vas 
Somos tres 
Fuera de este mundo 
Popurrí: Aquí estás otra vez / Ya lo había vivido / Esta vez / Y te pienso / Sólo me importas tú / Fantasía 
Sexo 
Desde que llegaste 
Si la ves 
Louis 
Te amo 
Te veo venir, soledad 
No basta 
Si tú no estás 
Un buen perdedor 
Al norte del sur 
Traigo una pena 
No hago otra cosa que pensar en ti 
Ay, Dios
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