martes, 6 de julio de 2004

Disney on Ice: Tradición por patinar

Foto: Colección Auditorio Nacional

Monsters Inc. / 6 al 31 de julio y 1 al 8 de agosto, 2004 / 284 155 asistentes / 
60 funciones / 1:45 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V.

Olivia Ortiz
Desde que Disney puso a patinar sobre hielo a los personajes de sus películas, en México hemos visto pasar por el escenario a la familia completa: desde Mickey Mouse hasta las heroínas y los héroes más recientes, como Mulan, Pocahontas o el vaquero Woody. Este año y para celebrar el quince aniversario de Disney sobre hielo en nuestro país, el Auditorio Nacional recibió a trece de los personajes del filme Monsters Inc.*
Esta gran tradición de pasar del cine a la pista de hielo da oportunidad a los niños de acercarse a sus estrellas y respirar el mismo aire que ellas, mientras que por los precios de los productos que llegan de pilón —pijamas, camisetas, algodones de azúcar con casco incluido...—, sus padres pierden el aire y algunos pesos. Pero todo sea por ver felices a los pequeños.
Poner patines a monstruos no es cosa fácil y menos llevarlos de paseo; por ello, la gran producción salió de Estados Unidos sólo para presentarse en la capital de este país. Doce millones de dólares invertidos, quince trailers para transportar todo el equipo y dos semanas de ingeniería para preparar la gran pista fueron los mega recursos con los que las vacaciones de verano resultaron cálidamente frías.
El listón que abrió la temporada fue cortado por Belinda, la cantante y actriz quinceañera del momento. Y como en cada presentación de Disney sobre hielo, los clásicos personajes Mickey y Mimí, acompañados por el Pato Donald y Guffy, dieron la bienvenida al show.
Treinta y seis patinadores personificaron a cincuenta monstruos que se deslizaron sobre la gran pista de 48 x 21 metros. Originarios de siete países, estos profesionales confirmaron con sus acrobacias por qué han trascendido sus naciones natales, donde en algunos casos, como el de un compatriota, el hielo nada más se conoce en refrescos.
Al iniciar la función, el espejo congelado, reluciente y blanquiazul, con el enorme logo de Monstrópolis despierta en el público algunas preguntas de rigor: ¿Qué tamaño tendrán los monstruos? ¿Cómo serán sus voces? ¿Boo será igualita? ¿Cómo traspasarán las puertas y llegarán a las habitaciones donde duermen los niños a los que les arrancan gritos? ¿Saldrá la fábrica? ¿Será como en la película?
Pero los mismos asistentes cooperan y ponen su imaginación en juego a sabiendas de que frente a ellos estarán profesionales olímpicos que sabrán transmitir la emoción y la esencia de la historia. El gran mérito es la interacción que desde el inicio logran las estrellas con los espectadores: varias porristas, con pancartas que lucían “la palabra clave”, encendieron los ánimos para que el gritazo de salida lo dieran los asistentes al aparecer los célebres personajes.
Así, con las mismas voces de la cinta doblada al español, adaptadas a la producción teatral, los personajes principales del filme dieron vida nuevamente a su aventura. La exactitud en la reproducción es exitosa, con excepción de la edad de Boo quien resulta mucho mayor en comparación a la pequeña de no más de dos años y de grandes ojos que vimos en el cine. Sin embargo, su risa traviesa recuerda la ternura con que nos cautivó desde entonces.
En la próspera ciudad industrial habitada por monstruos de todos tamaños, formas y colores —que obtiene su energía de los gritos de los niños que logran capturar—, James P. Sullivan (mejor conocido como Sulley), grande y peludo, es el mayor “asustador” de infantes, mientras que Mike Wazowsky, el cíclope, es su ayudante. Como el trabajo cuesta trabajo, ambos amigos enfrentan algunas dificultades; por ejemplo, el temible Randall, un alebrije al puro estilo mexicano, pretende arrebatarle el título de líder a Sulley; Roz, la inmensa gerente con anteojos y adormilada voz (caricatura grotesca de una burócrata), presiona a Wazowsky para que entregue sus reportes del día; el señor Waternoose, dueño de la compañía y que parece un cangrejo gigante, exige todo el tiempo mayor cantidad de gritos infantiles. Pero un día todo cambia al aparecer Boo, una niña cuyo candor e inocencia enloquecerá a todos y acabará por seducirlos.
Las atracciones del espectáculo fueron los vistosos personajes de colores y extrañas formas; las acrobacias en patines, y la recreación de las escenas clave de la película, como la carrera de Sulley y Randall para evitar la captura de Boo donde, de manera espectacular, cincuenta puertas recorren el escenario subiendo y bajando, ruidosas y amenazantes, generando entre el público tal suspenso que de haber tenido un suspensómetro cerca, la crisis de escasez de energía de Monstrópolis se habría solucionado.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
No obstante, como la adaptación de una película de acción al escenario no es nada sencilla, la música y la danza imperaron: Sulley y Wazowsky cantaron y bailaron en escenas nuevas con una gran banda de jazz (Harryhausen’s) que incluía un pulpo con habilidades musicales, un mariachi, una china poblana, una geisha, y hasta un comentario político local: “¡Mamá, se metió un pejelagarto!”, rematando con una paráfrasis del musical Chicago.
Al final, los monstruos demostraron que a pesar de tener enormes proporciones y peluda apariencia son tan humanos y buenos como el Ratón Miguelito, y que más vale reír que gritar. 
* Han sido quince años de presentarse en México y diez en el Auditorio Nacional.


Programa

Preludio - Concurso de gritos

Acto I
1. Una mañana en la Calle Principal en Monstrópolis
2. Otro día en la fábrica Monters Inc.
3. Empleado entrenando en el Simulador de Sustos
4. El piso de Sustos. ¿Quién es el Líder Asustador?
5. La contaminación clausura el Piso de Sustos
6. Sully hace un descubrimiento en la fábrica
7. Una noche en el Harryhausen’s
8. Una niña quiebra la seguridad de la fábrica
9. Diseñando un plan en el departamento de Sulley
10. Trayendo de regreso a Boo a la fábrica
11. Sulley y Boo son detenidos por un agente de la CDA
12. La CDA busca niños

Acto II
1. Sulley da una valiosa lección de cómo asustar
2. Mikey and Sulley son enviados al Himalaya
3. Extrayendo gritos, detrás de la fábrica
4. La carrera hacia la puerta de Boo
5. Descubriendo el verdadero culpable
6. Mike y Sulley dicen adiós a Boo
7. El piso de risas - canción: “If I Didn’t Have You”

Elenco

Boo Raegan Brierton-Quick
Sully Jason Graetz
Mike Dustin Rousseau
y 55 patinadores más


Créditos

Producción:
Kenneth Feld

Dirección y Adaptación del guión:
Jerry Bilik

Director de producción y coreografía:
Barry Lather

Vestuario:
Scott Lane

Diseño de producción:
Robert Brill

Iluminación:
Peter Morse

Coreógrafo asociado:
Nancy Pluta-Blault

Director de desarrollo de personajes:
Patricia Vincent

Dirección musical:
David Killinger

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