viernes, 2 de julio de 2004

Bill Bruford’s Earthworks: Noche lunaria para prog fans

Foto: Colección Auditorio Nacional

2 al 4 de julio, 2004 / 987 asistentes / 3 funciones / 
2 hrs. de duración / Promotor: Carlos Carsi 

Jesús Quintero
Si una lección dan los proyectos solistas en materia de rock es que los sumandos que integran a célebres grupos comúnmente se mueven en aguas muy distintas a las que les han provisto el prestigio. Allí está Phil Collins, quien hoy con menos cabello y mucho pop meloso nada tiene en común con lo que en los años setenta era las ideas conceptuales de Genesis. Pero el del autor de la música para Tarzan es un caso extremo. 

En otra dirección, emparentada con la música que no suscita indiferencia, ni es predecible y tampoco colma estadios pero sí sensibilidades, está Bill Bruford. Baterista de cepa por sus pasos con Yes y King Crimson, ha ganado millares de seguidores, pero como solista ha optado por voltear hacia el jazz, género al que está ligado desde la adolescencia y le ofrece una mayor amplitud de vuelo que los ejercicios geométricos de Robert Fripp y demás compañeros del proyecto carmesí. 
Sorpresivamente, su visita convocó tanto a recalcitrantes prog fans como a quienes conocen sus conquistas jazzísticas, inauguradas con Feels Good to Me (1977) y que, con ciertos periodos de hibernación, se han ratificado desde 1987 con un cuarteto que a la fecha suma una decena de discos. Con un drum set tan sencillo como sus primeras palabras al público reunido en el Lunario —“Mi nombre es Bill Bruford y esta noche tendremos una vigorosa jornada musical”—, el baterista salió a demostrar que en la democracia jazzística no cabe el onanismo estelar y sí una lúdica confabulación de todos los implicados. 
Con miembros heterogéneos en sus orígenes, edades y trayectorias, Bill Bruford’s Earthworks ejerce action music con tal placer que escucharla en vivo es una experiencia que supera en mucho sus grabaciones. Tim Garland (saxofones tenor y soprano, flauta y clarinete bajo) no obedece a los cánones de rigidez académica que asola a sus semejantes: salta, gesticula y pone su pluralidad al servicio de la diversión; si de una tertulia se tratara, él sería el partícipe que con vehemencia conquista. Steve Hamilton porta la rigidez sólo en la espalda. Es discreto, elegante y no busca el aplauso con aporreo ni pirotecnia, en cambio es capaz de tocar heterodoxamente los interiores del piano y acometer vertiginosos paseos por el hard-bop. Mark Hodgson (contrabajo) es el polo con quien Bruford hace tierra. Más cerca de Dave Holland que de Charlie Haden por su estilo europeo —es decir, sin amparo en el blues—, sostiene una conexión sólida con el baterista y sólo necesitan de una mirada para virar la nave, siempre coordinados. Bruford, con una actitud relajada que no se desvanece ni con el caudaloso sudor, con un goce como de niño que en el juego muestra su verdadero rostro, con una endiablada facilidad para acercar el lenguaje complejo a legos en la materia...

Foto: Colección Auditorio Nacional
Contra todos los pronósticos, la banda llenó el Lunario durante tres noches y lo consiguió no por hacer música, sino por flotar con ella. 

Programa 
My Heart Declares a Holiday 
Bajo del sol 

Speaking With Wooden Tongues 
Thud 
Seems Like a Lifetime 
Feels Good to Me 
Modern Folk 
Come to Dust 
Revel Without a Pause 
White Knuckle Weeding 
The Wooden Man Sings and The Stone Woman Dances 
Tramontana 
Footloose and Francy Free
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