viernes, 4 de junio de 2004

Puerta de las Américas: La eléctrica crema y nata

Foto: Colección Auditorio Nacional

Música electrónica / 4 de junio, 2004 / 560 asistentes / Función única /
 4 hrs. de duración / Promotor: Fondo Nacional para la Cultura y las Artes 

Francisco Martínez Negrete

A las 11 de la noche personajes varios ascienden los peldaños que conducen al Lunario, habilitado (con todo y bar) para la ocasión como metálico mini auditorio. Epítome de lo cool es la electrofauna que ha venido a degustar la muestra avant garde que como parte del festival México Puerta de las Américas hoy se ofrece: un agasajo para neófitos e iniciados. 

Wakal. El nombre sugiere aires nórdicos pero proviene de “huacal”, simpática caja de madera tan útil para cargar verduras o frutas, aunque aquí más bien carguen bits transformados por obra y gracia de la tecnología en cumbia, trip-hop, down tempo y ambient con plenitud de clicks, scratches y amplio sampleo de voces y ruidos urbanos. Tal es la ensalada sónica que Jorge Govea, acompañado de Elías Herrero nos sirven como aperitivo. De su disco Pop Street Sound destaca “Recodo and I”: una melancólica trompeta cruza la tupida jungla minimal con “Pena tras pena” de los popularísimos batos de El Recodo. 
Planktonman vs. Terrestre. Fundadores y egresados ambos del colectivo Nortec, sus credenciales son tan impecables como su prestigio a nivel planetario. Ignacio Chávez (Planktonman) mezcla corrido y jazz en intrincado aquelarre sonoro que no amaina al entrar Fernando Corona, a.k.a. Murcof (Terrestre) al quite. Con ambos a bordo, la exploración no tiene límite: todo sonido posible inunda el foro: música más para experimentar que para sólo escuchar. El funk, furioso y revolvedor, repercute en las pantallas laterales que devuelven imágenes alucinantes. Envuelto en un halo morado, Terrestre, ya dueño de la plaza, desparrama de su compu una endiablada suite —hipnótica en su sensualismo introspectivo y minimalista—, música no apta para sensibilidades tenues. 
Sweet Electra. Giovanni Escalera (teclados), Morfeo Hernández (percusiones) y Abigail Vázquez (voz, violín) toman el estrado. Miembros del colectivo Nopal Beat, en esta alineación conforman Sweet Electra. Haciendo honor a su nombre, la suya es música más dulce que transita del acid jazz al trance y del funk al down tempo. La voz de Abigail vuela, aterciopelada caricia, sobre el bajo machacón y el fonqui sampleo ahogado de una lira mientras su violín se desliza como un suspiro por el paisaje monocorde. Original propuesta, nos devuelve un poco de aliento. 
Sidestepper. Recién desempacado de Colombia, un súbito estallido de energía huracanada, colores y ritmo nos toma por sorpresa: criatura del británico Richard Blair —ingeniero de sonido para Real World— que en un viaje cayera presa de la fiebre colombiana. La gente antes tan cool ahora se apeñusca, ¡y a menear el botiquín que se nos va la noche! De la cumbia al calipso al son, de la guaracha al guaguancó, pura salsa cocinada a fragor de drum & bass. Y qué manera de cantar y de menearse: Erika Muñoz y Janio Coronado contagian al personal de inmediato, apoyados por la fonquilira de Iván Benavides, el bajo de Blair, la furia percutiva de Kike Gurrola y la cascada electropical de Humberto Pernet. Mientras Erika arroja silbatos al público, Janio estalla: “Ahora sí quiero saber para qué sirve el pito”, desatando el pandemonium entre la concurrencia. “Chévere que chévere/ qué rico son” croonea la banda sobre un mar de silbidos. La fiebre colombiana nos ha pegado a todos.

Foto: Colección Auditorio Nacional
Nopal Beat. Representando al colectivo: Tovar, Club Nova, Galápago y Fat Naked Lady (reconocidos dijeis y stars por propio mérito de la escena electro) aúnan su talento para el postre. Ya pasan de las 3 y nadie quiere que se vayan. Un rotundo acierto, esta muestra de altísima calidad que tantos estábamos esperando.
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