jueves, 17 de junio de 2004

Miguel Bosé: Una ofrenda a sus orígenes

Foto: Colección Auditorio Nacional

Por vos muero / 17 al 20 de junio, 2004 / 38 599 asistentes / 4 funciones / 
2:15 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V 

Patricia Ruvalcaba y Sofía González de León
Todo artista pop que se respete ambiciona alternar algún día con una orquesta sinfónica, como en una especie de consagración. Pero Miguel Bosé quería más que eso cuando, después de tres años de silencio discográfico, concibió Por vos muero (2004), cuyas diez canciones llamó “películas comprimidas”, para explicar de algún modo su estilo grandilocuente. ¿Qué quería, a sus 48 años y con más de treinta de cantar, el más ecléctico de los cantautores españoles? Realizar una ofrenda, condensar en un gesto de veneración sus influencias literarias, musicales y cinematográficas: de Garcilaso de la Vega a Bertolucci, de Puccini a Morricone, de Elton John a Joaquín Rodrigo, de Handel a Disney. El sueño era viejo, pero el cantautor no hallaba el cómo. 

Un día, mientras leía un soneto de Garcilaso y escuchaba el concierto para piano número 5, Emperador, de Beethoven, de pronto el segundo movimiento de la obra musical encajó perfectamente con los tercetos del poema: ése fue el instante de inspiración; luego vinieron meses de transpiración. Tanto el disco como su espectáculo homónimo son producto de un ejercicio de investigación, un paseo por los orígenes clásicos de su cultura estética a través de sus referencias contemporáneas. “Fue como volver a la universidad”, ha dicho, y trabajó frenéticamente con el material de sus mentores espirituales. Por otra parte, las letras debían soportar el peso de los gigantes convocados. Quería presentarlas dramáticamente, y que cada una evocara una emoción de manera visual, como en el cine. Para el disco eligió letras de colaboradores y amigos —Alejandro Sanz (“El ilusionista”), David Ascanio, Fernando Ortí, Ana Quintana, Pedro Andrea—, e integró dos de su autoría. Para el espectáculo retomó otras de su repertorio de casi treinta años y algunas clásicas, como “La mer” de Charles Trenet. Todas recibieron elaborados arreglos orquestales y corales, en los que su banda también fue incluida. Cuando el espectáculo quedó armado y le dieron luz verde para realizarlo, el primer escenario que vino a la mente de Bosé fue el Auditorio Nacional de la ciudad de México. 
Y su sueño se realizó: aquí estaba, finalmente, rodeado por 117 músicos. La numeralia de la noche se puede descargar así: 65 miembros de la Orquesta Sinfónica de las Américas, incluido su director, James Demster; 28 integrantes del coro y 2 coristas que venían con Bosé; los 12 integrantes de su banda; una pantalla de 8 por 6 metros; 45 luces robóticas y 30 bocinas; sistema de audio v-dosc... La monumentalidad de la orquesta contrastaba con la presencia minimalista de una mesa y dos sillas blancas de madera, que hicieron las veces de lecho, casa, cárcel o inframundo, según lo requiriera cada drama. 
La cálida voz de Bosé se abrió paso entre un bombardeo de piropos y anunció que la velada recorrería “las distintas caras del amor: ternura, obediencia, paciencia”. Pero también habría anhelos de libertad y paz, así como reivindicaciones de “la ternura de los hombres”. Canciones como “A una dama” o “Vagabundo” proclamarían la fragilidad y la sensibilidad de “los chicos”, por más testosterona que ostenten. 
Vestido de frac negro con faldones —un “novio viudo” según él—, se movió a sus anchas, dramático, quebradizo. Los arreglos de Chris Cameron y Nicolás Sorín dieron a las canciones, nuevas y viejas, una dimensión compleja, humana, sacra o terrible, bajo una paleta común: la melancolía. Planos y planos emocionales conquistados mediante coros espectrales, rizos románticos provenientes de los instrumentos de cuerdas, palacios fríos levantados por los metales, hilillos brillantes trazados por una gaita o una guitarra eléctrica... 
Anguloso y pequeño, el cantante habló mucho con su público, e hizo un strip-tease lento, de ropajes y de alma. Puede ser que sus pretensiones cinematográficas no se hayan logrado, pero la música creció como un mar embravecido que arrasó con todo. Y su trabajo de actor dominó la escena. Cada uno de sus gestos atraía como imán la atención de los asistentes, sobre todo del sector femenino. Las interpretaciones de “Nada particular”, “Sevilla”, “Te amaré” (donde abandonó el micrófono para dejar cantar al monstruo de 10 mil cabezas), “Linda” y la muy querida “Amiga” fueron los momentos más impactantes. “Nada particular” levantó las palmas de todos al aire... 
Bosé era el de siempre, pero esta vez se atrevió a entrar en un lirismo romántico y sonoridades nada usuales en su música; se permitió lo que llamó “una bahía de descanso” y abandonó totalmente lo que la gente conoce como su carrera. Se le veía libre, gozoso; femenino y masculino; niño, joven y viejo; con plena madurez para disfrutar a fondo todas las riquezas y contradicciones de su ser, y abarcar el podio con toda su capacidad camaleónica.

Foto: Colección Auditorio Nacional
Para el final, apareció descalzo, con un ramo de rosas blancas en la mano, enfundando en un traje de terciopelo rojo y camisa blanca con holanes. Una teatral torsión de la larga cauda parecía un charco de sangre, y él, una llaga vuelta incendio. La noche terminó con los célebres versos de Garcilaso: Por vos nací, por vos tengo la vida/ por vos he de morir y por vos muero... montados en la partitura de Beethoven. Toda una oración. 


Cronología discográfica 
1975-76 Luego de dar sus primeros pasos en la actuación cinematográfica, graba dos sencillos bajo la dirección de Camilo Sesto: “Soy” y “Es tan fácil”. 
1977 Con 21 años, lanza Linda, cuyo tema homónimo escrito por Facchinetti-Negrini-Gómez Escolar se convierte en un suceso a nivel mundial. Aunque fresco y sensual, aún no encuentra del todo su estilo e incluye covers como “Never Gonna Fall in Love Again”. 
1980 En Miguel dos grandes éxitos aún no son de su autoría: “Morir de amor” (José Luis Perales) y “Te amaré” (Juan Carlos Calderón). En la portada aparece vestido de torero, como su padre, Luis Dominguín. 
1983 Andy Warhol no sólo crea la portada de Made in Spain sino que dirige dos video-clips del mismo álbum. 
1984 Bandido marca su comienzo como compositor con visión original, tan ambigua como atractiva. “Sevilla” y “Amante bandido” trascenderán. 
1986 En Salamandra destacan el tema homónimo y su gran éxito pacifista, “Partisano”. 
1990 “Los chicos no lloran” da título a un álbum que es recordado sobre todo por esa canción. 
1993 Bajo el signo de Caín expresa sus inquietudes sociales y ecológicas. Vende un millón de copias, sobre todo gracias a “Si tú no vuelves” y “Nada particular”. 
1995 “No encuentro un minuto pa’ olvidar” destaca en Laberinto. 
1998 En plena madurez, Once maneras de ponerse un sombrero es un homenaje a autores como Luis Eduardo Aute (“La belleza”), Fito Páez (“El amor después del amor”) y Silvio Rodríguez (“Causas y azares”). 
2001 “El hijo del capitán Trueno”, “Te digo amor” y “Gulliver” alzan la cabeza en Sereno. 
2004 Con 25 películas, 2 obras de teatro y más de 20 álbumes, Bosé se deschonga y se pone lírico con Por vos muero, pero anuncia que su próxima aventura consistirá en letras ácidas y contestatarias. Estaremos a la espera. (S.G.L.)

Programa 
La mer 
El muro 
Levántate y olvida 
Amiga, gracias por venir 
A una dama 
Mentira Salomé 
Ilusionista 
Nada particular 
La belleza 
Amiga 
Si tú no vuelves 
Vagabundo 
Olvídame tú 
Mirarte 
Sevilla 
Te amaré 
Linda 
Por vos muero 
Partisano
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