sábado, 15 de mayo de 2004

The Duke Ellington Orchestra: Los zapatos bruñidos del Duque


Foto: Colección Auditorio Nacional

15 de mayo, 2004 / 408 asistentes / Función única / 
3 hrs. de duración / Promotor: FUAAN 

Jesús Quintero
La música popular se construye con novedad y olvido, aunque en la presentación de la Duke Ellington Orchestra predominaron, entre el público, las cabelleras canas sobre las juveniles. Algo lamentable porque el repertorio de Edward Kennedy Ellington (1899-1974) mostró, a lo largo de tres sets vigencia y vigor exultantes. 

La permanencia de esta orquesta se ha prestado para dos interpretaciones: de un lado están los críticos que aseguran que su director, nieto de la leyenda, sólo está espoleando un caballo muerto; y del otro, se sitúa el mismo Paul Mercer Ellington, heredero de la dinastía, quien desde los 19 años se puso al frente de esta troupe que iba en camino a la orfandad cuando murió su padre, Mercer Ellington (1919-1996). Y ante las diatribas señala que ni siquiera la orquesta del Lincoln Center, dirigida por Wynton Marsalis, puede proclamarse como heredera del sonido Ellington porque entre sus miembros no hay músicos que hayan trabajado con el autor de “The Mooche”. 
Al margen de esta polémica, la presencia de la Duke Ellington Orchestra en el Lunario fue más que un acto de nostalgia. Dio oportunidad de comprobar que esta música no tiene fecha de caducidad y que sus elementos románticos, festivos, sensuales e intrínsecamente relacionados con el fragor de las urbes, no han perdido su poder sugestivo. 
Como el tiempo deja su impronta, hay elementos en la Duke Ellington Orchestra que merecen especial mención: el trompetista Barrie Lee Hall Jr., único de los presentes que trabajó con El Duque; el trombonista Jack Jeffers, deidad eólica que ha trabajado con Charlie Haden y Herbie Hancock, y —¡albricias para la perspectiva de género!—, dos mujeres: Jennifer Vincent, quien baila de cachetito con su contrabajo, y Rebecca Buxton en el saxofón barítono. 
En primera instancia, podría pensarse que el carácter de novato del director, quien no conoció en persona a su abuelo, derivaría en una orquesta interesada sólo en ofrecer ejercicios revisionistas sin mayor riesgo, pero por fortuna la entrega rebasó las expectativas de los más escépticos. Prolongando la sabrosa experiencia hasta más allá de la una y media de la mañana, la orquesta se amparó tanto en clásicos (“Satin Doll”, “Take the ‘A’ Train” y “Caravan”), como en temas no tan conocidos (“Imagine My Frustration”, “The Minor Goes Muggin’”) y una pieza inédita, “Woman”, que Duke planeaba integrar a un ballet.

Foto: Colección Auditorio Nacional

Con amplio espacio para darle alas a los solos instrumentales, entre los ejecutantes se descubrió de todo: evidentes estrellas, meros cumplidores y quienes conocen los clichés, pudiéndolos interpretar hasta con las manos atadas. Mas la integración de pares e impares consiguió que esa noche, fieles a la consigna del director, Paul Mercer Ellington y sus músicos dejaran bien lustrados los zapatos del abuelo Duke y los oídos del público. 

Programa 
Take the “A” Train 
Cotton Club Stomp 
Miss Bliss 
Satin Doll 
Johnny Come Lately 
Sophisticated Lady 
Jubilee Stomp 
Koko 
# 16 
Rockin’ n’ rollin’ 

Intermedio 

All of Me 
Old Man Blues 
Minor Goes Muggin’ 
Got it Bad 
Black and Tan 
Jeeps Blues 
Things Ain’t What They Used to Be 
Sentimental Mood 
Imagine My Frustation 

Intermedio 

22 Stomp 
Blue Pepper 
In A Mellow Tone 
The Intimacy of the Blues 
Jack The Bear 
The Mooche 
Woman 
Let’s See!
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