sábado, 8 de mayo de 2004

Ricardo Montaner: Señor Ternura

Foto: Colección Auditorio Nacional

Prohibido olvidar / 8 de mayo, 2004 / 7 931 asistentes / Función única / 
2:15 hrs. de duración / Promotor: Zarabanda Producciones, S.A. de C.V. 

Fernando Figueroa
Quien asiste a un concierto de Ricardo Montaner sabe perfectamente que no habrá un muestrario de efectos visuales ni de impresionantes coreografías. La que está garantizada es la presencia de un cantautor que encontró su fórmula de la felicidad: romanticismo + alegría + fe en Cristo. 

El artista venezolano de origen argentino es un tipo de sangre ligera que, de entrada, cae bien sin necesidad de ser su fan; además, no se puede negar que posee la receta secreta para producir canciones que van directo al inconsciente colectivo. Quien jamás haya tarareado una de las tres siguientes, que tire la primera piedra: “La cima del cielo”, “El poder de tu amor”, “Me va a extrañar”. Obviamente, el catálogo de éxitos no se detiene ahí, ni mucho menos. Montaner está consciente de que su morral contiene docenas, cuyas letras sabe de memoria su público, y cuya melodía es familiar incluso para un buen número de sus detractores. Presente en el Auditorio Nacional por tercer año consecutivo, el compositor va sacando uno a uno los incontables comodines de su baraja, acompañado de 12 músicos muy eficientes, de los que destaca un sector de metales caracterizado por el virtuosismo. Entre una canción y otra se da tiempo para gritar vivas a Jesucristo, a Simón Bolívar y al amor, así como específicas consignas políticas contra el presidente Hugo Chávez: “¡Que se vaya!”, “¡Viva Venezuela libre!”. 
Ataviado con traje negro, camisa blanca y ya sin los tenis que lo caracterizaron durante muchos años, se comporta en el escenario con mucha naturalidad, al grado de que es capaz de juguetear como niño. Cuando observa que una espectadora tiene encendido su teléfono celular para que alguien de afuera escuche el concierto en vivo, le pide el aparato y habla con quien está del otro lado de la línea. Sin embargo, el teléfono no es lo suficientemente eficaz como para que el público escuche la voz de ese interlocutor a través de las bocinas del recinto. No pierde la calma y dice con mucha gracia: “esta vaina no sirve”; entonces pide que le presten “otro teléfono que no me haga quedar mal”. Para su fortuna, aparece un aparatito cuya potencia contrasta con la del anterior, lo que produce una escena muy divertida; la voz que viene de lejos se escucha con gran nitidez y el artista entabla un simpático diálogo acerca de la supuesta relación sentimental de su interlocutor con la muchacha que cedió el teléfono. Este recurso escénico, que ya había utilizado en su concierto de 2003, es muy representativo de lo que el cantautor representa para sus admiradores: una especie de intermediario entre dos personas que se aman y que gustan de expresarlo a través de un romanticismo radical. 
No es gratuito que una señorita aproveche un breve silencio para gritarle un apodo que lo define retumbando en las paredes: “Señor Ternura”. Él hace una leve reverencia como agradecimiento al certero comentario, y de inmediato prosigue con el repertorio que escurre una sagrada miel de la que están ávidos sus fervientes admiradores. 
Antes del tema musical de la telenovela Amarte es mi pecado, Ricardo Montaner bromea diciendo que no se sabe la letra porque él no la escribió, y lo mismo dice cuando va a cantar “Yo puedo hacer”, que es coreada por miles de enamorados del amor. Expresa su admiración por México, por su geografía, su gente y su cultura. Recuerda con nostalgia la grabación del video “Qué ganas” en una hacienda de Yucatán y la belleza de Playa del Carmen, donde ha compuesto temas inspirados en la belleza de las turistas que ahí asolean sus espectaculares anatomías. Con el auxilio de una de sus coristas, recrea el momento en que una piel bronceada funcionó como impulso creador para escribir una bachata. En su interacción con el público, Montaner pregunta qué hora es y acaba pidiendo que le presten un par de relojes, mismos que devuelve casi al final del show deseando que sus dueños sean bendecidos con la misericordia de Cristo. El coro monumental regresa con “Déjame soñar”, “El poder de tu amor” y “La cima del cielo”, en la que luce especialmente el requinto. Con “Vamos pa’la conga” y “Cachita” se introduce el elemento festivo y caribeño que, al mismo tiempo, sirve de reposo a las baladas con mensajes de amor azucarado. La interpretación de estos temas se alarga para mostrar las virtudes dancísticas de las coristas y de un morenazo que también toca el pandero.

Foto: Colección Auditorio Nacional
El artista agradece la presencia del respetable y anuncia que el año próximo presentará en el Auditorio Nacional su nuevo álbum: Ricardo Montaner con la London Metropolitan Orchestra Vol. II. Él sabe que puede cerrar su concierto con tal o cual canción, pero escoge “Me va a extrañar”, en la que cuenta con la participación incondicional del monstruo de las mil voces, que parece estar de acuerdo con la definición de romanticismo de su ídolo: “ver sólo el lado bueno de las cosas”. 

De la sima del mundo a la cima del cielo 
Su madre le dice Héctor porque ése es su verdadero nombre, aunque en muchos países lo conocen como Ricardo. Héctor Eduardo Reglero Montaner nace en Avellaneda, Argentina, el 8 de septiembre de 1957 y se convierte en hincha del equipo de fútbol Club Atlético Independiente de su localidad. Antes de llegar a la adolescencia se traslada a Venezuela, donde su padre obtiene un empleo mejor remunerado. El joven Reglero Montaner trae la música por dentro, toca la batería y quisiera ser Ringo Starr para formar parte del legendario grupo de Liverpool. Sin embargo, la realidad le recuerda que sólo es integrante de un conjunto sin futuro llamado Scala. 
A los 18 años la necesidad de mantener a su primer hijo lo obliga a trabajar en un depósito de herramientas y a cantar en toda clase de fiestas. Poco antes de cumplir 30 años se convierte en Ricardo Montaner, lanza su primer lp homónimo y su vida da un giro de 180 grados; entonces el mundo descubre a un cantautor que será conocido como El Romántico de América. 
En 1992 la revista Billboard lo designa Cantante Masculino del Año, en la categoría de música latina, confirmando su popularidad ya internacional. En 1995 crea un sello discográfico para apoyar a nuevos valores. En 1999 graba un primer álbum de éxitos con la London Metropolitan Orchestra y, en 2004 el segundo de ellos, que es el número 15 de su carrera. 
De manera paralela a sus logros (ha vendido 18 millones de ejemplares de sus discos) y a su vida familiar (tiene 5 hijos, dos de los cuales hacen carrera en el mundo de la canción), Montaner financia la asociación Los Hijos del Sol, en beneficio de niños desamparados de América Latina. Hoy vive en Miami, Florida, y compone a diario: “Soy amigo del método. Me siento durante muchas horas en mi estudio, guitarra en mano frente a un enorme ventanal, y escribo”. (F.F.


Programa 
República de la alegría 
¿A dónde va el amor? 
En el último lugar del mundo 
Amarte es mi pecado 
Yo puedo hacer 
Sólo con un beso 
Qué ganas 
Será 
Tan enamorados 
Castillo azul 
Cachita 
Vamos pa’la conga 
Yo sin ti 
Honda 
Resumiendo 
Bésame 
Déjame llorar 
Al final del arco iris 
El poder de tu amor 
La cima del cielo 
Ojos negros 
Soy tuyo 
Me va a extrañar
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