jueves, 20 de mayo de 2004

Ballet de Kiev del Teatro Nacional de Ucrania: Un legado de la aristocracia rusa

Foto: Colección Auditorio Nacional

La bella durmiente / 20 al 23 de mayo, 2004 / 26 764 asistentes / 
5 funciones / 3 hrs. de duración / Promotor: Ars Tempo Producciones 

Patricia Cardona
Niños y adultos hemos presenciado en el Auditorio Nacional un acontecimiento que sólo el ballet clásico puede provocar. Reúne a miles de espectadores para que, durante tres horas, los pequeños se proyecten en la ficción escénica y los padres se refugien en los sueños olvidados de la infancia, alimenten el asombro por los cuerpos que semejan gacelas en suspensión y revivan la nostalgia por un pasado grandioso. Aquellos tiempos imperiales de enorme esplendor se han ido para siempre. Hoy los guardamos por medio de sus objetos en museos y los recordamos mediante obras que reproducen su desmesura estética y visión del mundo. Es irremediable. Todo está concebido para despertar ese cúmulo de anhelos ocultos. ¿Cómo explicar la demanda de multitudes por La bella durmiente que presentó el Ballet de Kiev del Teatro Nacional de Ucrania? 

Con más de cien bailarines, entre ellos una camada de niños impecablemente entrenados, este colectivo guarda la tradición así como el Palacio de Versalles aún cuida sus jardines a la manera del siglo XVI. Su arte es una réplica exacta de lo que el zar Nicolás II gozó en sus salones imperiales de finales del siglo XIX. Sin embargo, él mismo agradeció el estreno de La bella durmiente con fría aprobación. Se limitó a decir: “Muy bien”. Nunca sospechó que la coreografía quedaría atrapada en el inconsciente colectivo de los siguientes siglos como la obra cumbre del Ballet Imperial. 
En aquellos salones, el arte del maestro Marius Petipa y del compositor Piotr Illich Tchaikovsky se ponía a prueba. No sólo le costaba un millón de rublos de oro anualmente a la familia real, sino que sus coreografías dependían de la aprobación de toda la corte como eficaz forma de entretenimiento. No es de extrañarse, por tanto, que la factura de todo ballet de larga duración se desarrolle a partir de tres o cuatro actos espectaculares. La bella durmiente se produjo sin contemplar los gastos onerosos de su montaje. Se pretendía recrear las glorias de las monumentales representaciones de Luis XIV, rey de la Francia renacentista. 
En esta ocasión vimos una finísima reposición de esta historia de la Edad Media que el escritor y abogado de rancia aristocracia Charles Perrault retomó y publicó bajo el nombre de La bella durmiente del bosque en 1697, y que recupera muchos de los personajes de otros cuentos. Durante la boda de la princesa Aurora y el príncipe Desirée, tras haber vencido las maldades del hada Carabosse y un largo sueño de cien años, aparecen el Pájaro Azul y el Gato con Botas, el Lobo y Caperucita Roja entre otros imaginarios de la Europa medieval. Semejante desmesura sustituye al ballet romántico que trató fundamentalmente de historias de campesinos en contextos fantásticos y dramáticos. Y gracias a esta evolución en los gustos y antojos visuales de la corte, se disparó el desarrollo de la técnica y de la espectacularidad. 
Hoy hemos visto a los solistas del Ballet de Kiev transformarse mediante esa técnica. Así, Natalia Matzak es el Hada Lila a quien le corresponde introducir el estilo y el tema del contenido de la coreografía en el primer acto. Igualmente, Dimitro Kliavin ha representado la furia del hada malvada, Carabosse, que establece el drama desde un principio. Los pas de trois y pas de quatre de las diferentes hadas y Piedras Preciosas son a un tiempo demostraciones de virtuosismo y pivotes en el conflicto dramático. Los duetos siempre aparecen en los puntos climáticos de la historia y demuestran el conflicto exterior del drama. Es la sección más importante para el coreógrafo y su mayor reto. Es también uno de los grandes aciertos de Petipa en esta obra, cuando presenta a la princesa Aurora —Anna Dorosch— a los cuatro príncipes que la pretenden. De la misma manera, los solos, específicamente el del príncipe Desirée en la entrada del segundo acto, demuestra el conflicto interior del personaje a la vez que despliega el brillo técnico de Denis Matvienko. 
El cuerpo de baile aparece el tiempo necesario para darle un marco visual espectacular a los acontecimientos. Durante el ballet romántico, el cuerpo de baile fue una especie de coro que comentaba la narrativa, involucrándose, subrayando ciertas características de los personajes. Igualmente, podía generar una atmósfera. Durante el clasicismo, Marius Petipa lo convierte en decorado geométrico. Escenografía móvil. Pintura en movimiento. Espectacularidad. La bella durmiente no se escapa de esta fórmula, tan bien resuelta que su eficacia sigue vigente en muchos coreógrafos contemporáneos.

Foto: Colección Auditorio Nacional
Y la obra sigue atrapando a los públicos del mundo. México no es la excepción. Con reverente atención los miles de espectadores siguieron la progresión dramática de esta historia contada con brillo y precisión. 

El Ballet de Kiev, compañía residente del Teatro Nacional de la Ópera de Ucrania se funda en 1867, cuando en el imperio ruso sólo existen otros dos grandes teatros, en Moscú y en San Petersburgo. La pequeña ciudad universitaria de Kiev, a orillas del río Dniéper, pronto desarrolla prestigio propio por la calidad de su danza y ópera. Destaca la presentación de música de Glinka; de la ópera Oprichnyk (1874) y otras obras sinfónicas de Tchaikovsky que él mismo dirige. En 1896 el teatro sufre un fatal incendio. En 1901, un nuevo y suntuoso edificio abre sus puertas (con 1683 butacas). Hacia 1919 la compañía de danza es nacionalizada y Mijail Mordkin funda allí la Escuela Coreográfica de Kiev, de donde saldrán figuras como el gran Serge Lifar. En 1931 nace oficialmente el Ballet Ucraniano, que en los 40 y 50 toma el nombre que actualmente lleva. En él han bailado grandes estrellas como Maya Pisetskaya o Vladimir Malakhov. Aunque no llega a la excelencia de un Bolshoi o un Kirov, la compañía se encuentra entre las mejores del mundo y se caracteriza por su total apego a la tradición y absoluto dominio de gran parte del repertorio clásico. Es el escaparate de muchos jóvenes talentos desde hace varias generaciones. (S.G.L.

Créditos 
La bella durmiente, ballet en tres actos con un prólogo y apoteosis. 
Estreno mundial: enero 1890 en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo, Rusia. 
Música: Piotr Illich Tchaikovsky (Op. 60, compuesta entre 1888-90) 
Libreto: I. Vzevolozhsky y M. Petipa, basado en cuento de hadas de Charles Perrault 
Coreografía: Marius Petipa (con algunos fragmentos coreográficos adicionales de E. Lopujov y Y. Grigorovich) 
Director del Teatro Nacional de Ucrania: Piotr Chuprina 
Director del Ballet de Kiev: Viktor Yaremenko 

Orquesta Sinfónica de las Américas 
Director huésped: Oleksy Baklan 

Elenco 
Rey Oleg Tokar / Dimitro Kliavin 
Reina Lyudmila Melnik 
Princesa Aurora Anna Dorosch / Tatiana Goliakova 
Príncipe Desirée Denys Matvienko / Leonid Sarafanov 
Carabosse Dimitro Kliavin / Oleg Tokar 
Hada Lila Natalia Matzak 
Hada Cándida Anastasia Matvienko 
Hada Flor de Trigo Katerina Alaieva 
Hada Que Esparce Migajas Natalia Domracheva 
Hada Canario de Bella Voz Maria Tkalenko 
Hada del Temperamento Tatiana Lozova 
Cantalabutte Volodymyr Chuprin 
Diamante Natalia Domracheva 
Oro, Plata, Zafiro Natalia Matzak/ Anastasia Matvienko/ Tatiana Lozova 
Gatita Banca Ksenia Ivanienko 
Gato con Botas Sergei Tykhyi 
Caperucita Roja María Tkalenko 
Lobo Igor Bulychov 
Princesa Florina Tatiana Goliakova / Anna Dorosch 
Pájaro Azul Vadim Burtan / Viktor Ischuk 
Cenicienta Kateryna Alaieva 
Príncipe Fortune Sergei Egorov 


Cuerpo de baile: 66 integrantes 
Estudiantes de la Escuela Coreográfica de Kiev: 18 integrantes
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