domingo, 9 de mayo de 2004

Alberto Vázquez: Del rocanrol a la canción bravía

Foto: Colección Auditorio Nacional

45 años caminando junto a ustedes / 9 de mayo, 2004 / 9 576 asistentes / Función única / 
2:15 hrs. de duración / Promotor: JM Representaciones Artísticas 

Jesús Quintero
La nostalgia ha llenado esta tarde el Auditorio Nacional. Abundan las parejas: ellas y ellos con canas y lento andar; los hijos ya adultos con sus padres; las amigas que lo han sido desde hace medio siglo... Lo que los une es el ayer, cuando todos eran jóvenes y simultáneamente escuchaban sus canciones favoritas en radios de baquelita. 

Cuando las seis de la tarde suma siete minutos un anuncio en off solicita “guardar silencio al inicio del show” y se escucha entonces, con el telón aún cerrado, en una especie de confesión preliminar, la conocida voz baja y sensual de Alberto Vázquez, prometiendo “un recuento total y duramente sincero” de su carrera, donde lo único importa “es el valor de mi realidad, no mi imagen”. En otro momento un discurso semejante pudo ser el prólogo de unas memorias sin mordaza, pero quienes casi llenan el Auditorio Nacional están aquí para festejar sus 45 años como cantante profesional, así que el celebrado aparece, cigarro en ristre, con su propia orquesta de 32 integrantes y cuatro coristas —dirigida por Julio Jaramillo Arenas— y un rostro al que el tiempo ha respetado como a pocos de sus contemporáneos. Adscrito a la tendencia de sus colegas por vestir con elegancia en actos que celebran tránsitos por el rocanrol, porta un traje de seda negra y como sabe que es su fiesta tiene entonces licencia para entrar al terreno que desee. 
Es sabido: la historia del rocanrol en México basó sus primeros capítulos en el cover descafeinado y muchos de sus intérpretes se perdieron en la noche de los tiempos. Aprovechando entonces su voz aún intacta, Vázquez ha hecho suyos muchos de esos temas con la seguridad de que nadie le reclamará porque “Bote de bananas” la cantaban, en español, Los Rebeldes del Rock... 
Además, fuera del circuito de bares de quincena es tan exigua la oportunidad de escuchar en vivo el rocanrol de la Época de Oro, que un acto como éste se vuelve reminiscencia no de un cantante, sino de una era. Así, el oriundo de Guaymas (Sonora) se adentra en temas ajenos como “Anoche me enamoré”, “Fue en un café” y “Atrás de la raya”, tríada que Los Apson hicieron famosa; “La felicidad llegó” (paráfrasis de “Tweedle Dee”) y, enmarcado por un conjunto de bailarinas más turgentes que hábiles, un popurrí con “Al compás del reloj” (que cantaban Los Yopi), “Be-bap-a-lula” (castellanización de “Be-Bop-A-Lula”) y “Tutti fruti”. 
Venciendo sus inhibiciones, las damas lanzan piropos a este hombre de 64 años, que los recibe con reservada ironía (“¡Estás como quieres!”, le grita alguien y él responde: “¡Estás bien ciega!”) y en correspondencia se sale brevemente del programa para ofrecer fragmentos de canciones no montadas para que la orquesta las vista a plenitud. El detalle se agradece porque, a contracorriente, “Cuando era jovencito” y “Cosas” suenan como si fueran de Caballo Dorado, en tanto que “Tus ojos”, memorable por Los Locos del Ritmo, está a un paso de llevar sombrero de charro. 
Y hablando de botonaduras relucientes, a medio concierto el Mariachi Juvenil Tecalitlán irrumpe y esto le permite al cantante refrendar su lugar entre las devotas por aquello de “yo soy como el chile verde, picante pero sabroso”, y junto a clásicos del repertorio bravío como “Cocula” y “Extráñame”, suena “Mi viejo”, de Piero. 
Este concierto había sido programado inicialmente en diciembre de 2003 con una pléyade de invitados, mas por una “horrible ronquera” de su anfitrión fue pospuesto y ahora, por compromisos varios, no todos los amigos de Alberto están, pero la presencia de Angélica María, con quien interpreta el tema de la película Perdóname mi vida (1964), basta para sacar las castañas del fuego y recordarles a muchos que el rocanrol era también romanticismo. 
El viaje en reversa del galán setentero quien participó en más de 30 películas comprende también baladas como “O quizás simplemente te regale una rosa”, “Maracas” y “Si la invitara esta noche”. Pero las solicitudes a voz en cuello del público indican que éste ha venido a recordar su juventud. De allí se entiende por qué “Olvídalo”, “Desencadena mi corazón” y “16 toneladas” hacen tan entrañable al intérprete. Y cuando llega “Tú significas todo para mí”, la emoción se vuelve colectiva. Un coro de murmullos revela que muchos de los presentes están evocando romances que fueron y —en silencio— aún son. 
Alberto no pierde oportunidad para saludar, entre las butacas, a Raúl Velasco, pope de los programas musicales en los años setenta y ochenta, y le dice: “Cómo quisiéramos tener una televisión como la que usted nos daba. Hoy puras tonterías como Big Brother...”. El público avala su declaración.

Foto: Colección Auditorio Nacional
Para cerrar el discurso escuchado al inicio, Vázquez ofrece su muy particular “My Way”: “Al modo mío”, donde reconoce haber vivido derrotas, pero éstas no le han arrebatado la esencia de su ser. Los aplausos agradecen lo entregado, pero llevan implícita una solicitud, pues falta “El pecador”, ese conmovedor mea culpa para aquellas curiosas por conocer el sabor de lo impío. Y, con el cuarto cigarrillo de la noche, pronuncia con voz modulada y entera: “Reconozco, Señor, que soy culpable...”. Los recuerdos se atoran en la garganta, quiebran la voz y emergen las lágrimas. 
Se cierra el telón, suena el clamor de “¡Otra, otra...!”. Pero el paseo de Alberto Vázquez con sus escuchas ha concluido por esta vez. El público, con un espíritu renovado, sale convencido de que el título del más reciente álbum del cantante, Si pudiera detener el tiempo... debería ser: Sí, puedo detener el tiempo. 

Entrevista exclusiva con Alberto Vázquez 
Usted es protagonista de la llamada Época de Oro del rocanrol. Sin embargo, en su repertorio destacan más las baladas.
Lo que pasa es que cuando era chamaco nunca me dejaron grabar ese tipo de cosas rápidas porque siempre me escogieron baladas. Y no fue sino hasta hace unos años que me di el lujo de grabar esas canciones que antes no me dejaron cantar, que son muy movidas y le gustan mucho a la gente. 


¿Estaba usted sujeto a las imposiciones de los productores? 
Exactamente. Por decirte algo: Escuchaba “La plaga” en inglés [“Good Golly, Miss Molly”], llegaba a mi compañía discográfica, les decía: “Acabo de oír una canción a todo dar, ¿por qué no traducimos la letra y la grabo?” Y respondían: “No, tú debes grabar cosas de Pat Boone, de Sinatra, como ‘Extraños en la noche’, eso no te queda”. Era el tiempo donde se hacían covers de Paul Anka, Elvis, Gene Vincent y Bill Haley. Yo lo aceptaba todo porque lo que deseaba en la vida era ser cantante y ellos tenían más experiencia. La prueba está en que pegué con las canciones que ellos escogieron. Pero siempre me quedó la espinita por grabar “Cosas”... Ya con 117 álbumes, la grabé, en 1997 o 98, en el álbum que me tiene más satisfecho. 


“Dieciséis toneladas” fue entonces una excepción. 
Ya la cantaba antes de que me conocieran en la compañía y cuando se las ofrecí les encantó, pero no es realmente rock and roll, sino una especie de country con blues que cantaba una persona blanca: Tennessee Ernie Ford. 


Por lo que se advierte, a los intérpretes de rocanrol y rock en México les ha faltado independencia. 
No sé si a los demás les ha faltado independencia, pero a mí sí. Siempre me tocó que me dijeran: “Eso no te queda y no lo haces”. Tenía que aceptar. Lo curioso es que nunca pegué con covers. El primer LP que hice traía “Olvídalo”, “Significas todo para mí”, “Desencadena mi corazón”, canciones muy padres y no pegaron. Ahí está el por qué ellos me siguieron dominando... Y después de eso grabé “El pecador” de Rubén Fuentes. Otra que pegó muy fuerte fue “Perdóname mi vida” y esas canciones, al momento de ser hits, jalaron a las demás. O sea, la gente preguntaba en la tienda de discos qué más había del que cantaba “El pecador”, y sacaron las canciones que había grabado antes. 


¿La elección del material por parte de los productores era un asunto también común para sus contemporáneos como Enrique Guzmán? 
Tengo la impresión de que eso me tocó más duro porque Enrique fue roquero desde que empezó y creo que a él le dejaban escoger las canciones, o por lo menos se las escogían muy bien. Inclusive fue uno de los que tuvo más éxitos; pero no me quejo porque mi carrera ha sido muy bonita. Y creo que ahora me he dado el lujo de grabar no sólo “Cosas”, sino “Cuando era un jovencito”, que es de Los Apson, temas de Enrique como “Lluvia”, “Dame felicidad”... Y allí pude hacer lo que se me dio la gana. No estaba yo tan equivocado. 


¿Hacia donde apunta el futuro? 
A seguir grabando lo que me gusta desde hace muchos años y también canciones actuales, pues a pesar de todo las hay y muy buenas. (J.Q.


Programa 
Desencadena mi corazón 
Olvídalo 
El velador 
Cosas 
Tus ojos 
16 toneladas 
Para decir adiós (con Yolanda Salinas
O quizás simplemente te regale una rosa 
Tú significas todo para mí 
Fue en un café 
La felicidad llegó 
Perdóname mi vida (con Angélica María
Bote de bananas 
Cuando brilla la luna 
Me conformo 
Lanza tus penas al viento 

Con el Mariachi Juvenil Tecalitlán: 
Cocula 
Extráñame 
La llorona 
Chatita 
La que se fue 
La embarcación 
No volveré 
Mi viejo 
Popurrí: Traigo un amor / Un viejo amor / Por un amor 

Al compás del reloj 
Si la invitara esta noche (con Leticia Salinas
Anoche me enamoré 
Cuando era un jovencito 
Quiero ser libre 
Atrás de la raya 
Maracas 
Babalú 
Popurrí: Hotel de los corazones rotos / Be-bap-a-lula / Tutti fruti 
Al modo mío 
El pecador
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