jueves, 18 de marzo de 2004

Lincoln Center Jazz Orchestra & Wynton Marsalis: Un hipotético cronista del futuro

Foto: Colección Auditorio Nacional

18 de marzo, 2004 / 6 449 asistentes / Función única / 2:40 hrs. de duración / 
Promotor: Festival de México en el Centro Histórico 

Arturo García Hernández
Cuando alguien en el futuro escriba la historia del jazz en México, tendrá por fuerza que registrar lo acontecido la noche de marzo en que Wynton Marsalis (Nueva Orleáns, 1961) se presentó en el recinto del Bosque de Chapultepec. Deberá contar con todas sus letras que uno de los mejores trompetistas del mundo, al frente de la Lincoln Center Jazz Orchestra (LCJO), vino a recordarnos que la música verdadera es más, mucho más que un simple entretenimiento; que es, como la poesía, otra dimensión de la existencia, una manera, acaso superior, de conocer y sentir la vida. 

Si le sirve el dato al hipotético historiador del jazz en México, podrá anotar que el sortilegio duró exactamente dos horas con 39 minutos; que sobre el escenario hubo hasta 112 músicos: 15 de la LCJO y 97 de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM), beneficiarios de la proverbial generosidad de Marsalis hacia sus colegas en países anfitriones; que el Auditorio no estaba lleno pero sí quedó colmado. 
Pero las cifras serán número muerto, fría estadística, si el historiador no habla de eso inefable, intangible pero absolutamente real que la música conlleva y genera: atmósferas, emociones, estados de ánimo, placer estético. Necesitará esforzarse para explicar que en ocasiones como ésta el tiempo es elástico, dúctil, maleable. Que en dos horas 39 minutos de música cabe el universo pero que al final parece que despertamos de un sueño breve aunque amplio y placentero. También tendrá que poner en juego toda su sensibilidad y pelear con el lenguaje para dejar constancia de la comunión entre músicos y público; para describir con palabras que merezcan credibilidad lo que vieron, oyeron y, de ser posible, sintieron los más de seis mil afortunados que poblaron las butacas. 
Si el hipotético cronista quisiera ser preciso, hablará de los dos segmentos en que se dividió el concierto. Que en el primero fueron interpretadas obras de Edward Grieg (1843-1907) y Duke Ellington (1899-1974) recreando uno de los momentos más fulgurantes de la relación entre el jazz y la llamada música de concierto. Para relatar esta parte, podrá apoyarse en el programa de mano donde el crítico Juan Arturo Brennan informa que Ellington es “considerado con justicia como el más importante compositor en la historia del jazz”; que una faceta notable de su trabajo fue la realización de transcripciones de obras de autores clásicos para su banda de jazz y una de esas adaptaciones la hizo con la obra de Grieg Peer Gynt, compuesta originalmente en 1874 para un montaje teatral del dramaturgo noruego Henrik Ibsen. Que en 1999 se llevó a cabo un concierto en el Lincoln Center de Nueva York para conmemorar los cien años del nacimiento de Duke; que se interpretaron dos movimientos de Peer Gynt, cada uno en su versión original, con la Filarmónica de Nueva York, y luego en el arreglo para jazz de Ellington, con la LCJO dirigida por Marsalis. 
En el Auditorio Nacional —apuntará nuestro historiador— se reeditó la experiencia, esta vez presentando cinco movimientos de la obra de Grieg. Con el estadounidense Paul Freeman como director huésped, la orquesta mexicana se hizo cargo de las versiones originales, y la LCJO, de aquellas arregladas por Ellington. También se pudo escuchar “Happy Go Lucky Local” en un arreglo del trompetista de Nueva Orleáns. 
Podrá asegurar, sin temor equivocarse, que la segunda parte fue tan excelsa como la primera, pero con un carácter menos solemne, más emotiva y gozosa; que sobre el escenario ya sólo estuvieron los 15 integrantes de la orquesta del Lincoln Center; que prevaleció el espíritu libérrimo e impredecible del jazz; que el repertorio interpretado lo conformaron, una vez más, obras de Duke Ellington y que Marsalis presentaba y describía brevemente cada tema, dando tiempo a que uno de sus compañeros de orquesta tradujera al español íntegra y nítidamente cada una de sus palabras. Acaso deberá mencionar que fue patente la modestia o sencillez de Marsalis, quien en ambas partes del concierto ocupó un lugar junto a sus demás compañeros, evitando protagonismos innecesarios. Si se hizo notar fue por su excepcional virtuosismo y talento interpretativos. 
Pero ¿cómo se las arreglará el historiador musical para mencionar los aspectos no tangibles, no medibles, no cuantificables de una experiencia así? Sobre todo, tratándose de algo como el jazz, donde la carga emotiva no puede dejarse de lado. ¿Los rigores de la academia lo dejarán describir esa imagen de hombre y trompeta ayuntados en un beso interminable; que eran uno en su cópula: monstruo fantástico de carne y metal cuyo principal atributo era su canto, gemido terso y cadencioso, serpiente sonora que se enredaba en el cuerpo de la audiencia subyugada? ¿Los lineamientos de su oficio le permitirán decir, por ejemplo, que esa noche Wynton Marsalis fue, como buen músico, un mago del tiempo, del sonido y del silencio? ¿Sólo empleará términos como tonos, octavas, fraseo, escalas, digitación, síncopa, base rítmica, línea melódica? ¿O se atreverá a hablar del sonido gordo y suculento de los saxofones tenores; de la seductora voluptuosidad de los trombones; de la danza vertiginosa del los dedos del bajista sobre las cuerdas de su instrumento; de las juguetonas modulaciones provocadas por las sordinas en las trompetas? 
No errará si señala que Wynton Marsalis y la LCJO se despidieron por primera vez a las 22:45 horas, pero que un minuto después ya estaban de regreso a petición estruendosa del público; que así ocurrió en tres ocasiones más hasta que a las 23:16 se retiraron de definitiva, luego de una embriagadora versión de un clásico de clásicos: Rapsodia en azul, de Gershwin.

Foto: Colección Auditorio Nacional
Por último, nuestro escriba no omitirá que la presentación de estos grandes intérpretes en el Auditorio formó parte del XX Festival de México en el Centro Histórico; que un día antes, Marsalis ofreció en el Palacio de Bellas Artes una Clase Magistral matutina abierta a todo público (con la colaboración de la vocalista mexicana Iraida Noriega) y un concierto nocturno con la LCJO y el ensamble Big Band Arte 0 (dirigido por Eugenio Elías); que la mañana del 19 de mayo, en el Zócalo capitalino, estudiantes de secundaria y público callejero presenciaron otra estupenda lección de música y, por la noche, un concierto donde intervino la cantante Lila Downs. Por si fuera poco, también se las arreglaron para tocar en Aguascalientes. 
Así, el lector del futuro comprenderá por qué Marsalis habla del jazz no como una profesión sino como una obsesión y por qué se le considera un activista o un misionero incansable del género. Quienes nos hemos beneficiado de ello, se lo agradecemos. 

Cronología 
1961 Nace el 18 de octubre, en Nueva Orleáns, cuna por antonomasia del jazz. Es el segundo de seis hijos de Dolores y Ellis Marsalis (Jr.), pianista y profesor de jazz. Dos de sus hermanos, Brandford y Delfeayo, serán músicos. A los 8 años da su primer concierto con la banda de una iglesia. A los 14 es invitado a tocar por la New Orleans Philarmonic. En la prepa toca en varias bandas de jazz, funk y en orquestas clásicas. 
1978 Se traslada a Nueva York para ingresar a la Juilliard School of Music. Ya se destaca como un notable trompetista. 
1979 Toca por primera vez en México (Sala Nezahualcóyotl) como miembro de la orquesta de su escuela, New York Jazz Gang. Interpreta “La virgen de Macarena” imitando a uno de los trompetistas que más admira: el mexicano Rafael Méndez. 
1980 Ingresa a la banda Jazz Messengers de Art Blakey, y muy pronto será invitado a acompañar a grandes leyendas del jazz como Sarah Vaughan y Dizzy Gillespie. 
1982 Lanza su primer álbum homónimo al frente de su propia banda. Empieza a encumbrarse como uno de los más aclamados jazzistas de su generación y uno de los mejores trompetistas clásicos del mundo, dando un promedio de 120 conciertos al año durante 10 años consecutivos. Inaugura un catálogo de grabaciones que a la fecha alcanza los 33 títulos de jazz y 11 de música de concierto, de los cuales ha vendido más de 7 millones de copias. 
1983 Con In this House this Morning inicia su brillante carrera de compositor. Se convierte en el primer y único músico en ganar un Grammy en dos categorías a la vez: clásica y jazz. Repite la hazaña en 1984. 
1985 Lanza Black Codes, producción fundamental en su trayectoria que consolida su prestigio como trompetista de jazz. 
1987 Co-funda el programa Jazz at The Lincoln Center, el cual aún dirige. 
1988 Funda la orquesta de dicha institución, cuyo principal cometido es la difusión del repertorio histórico del género y la ejecución de obras nuevas para grandes bandas. Se especializa en la música de Duke Ellington. 
1991 En septiembre se presenta con su septeto en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. 
1992 Repite su gran éxito en el Palacio de Bellas Artes con su septeto (9 y 10 de noviembre). 
1993 Graba con la connotada soprano Kathleen Battle. 
1994 Publica el libro Sweet Swing Blues on The Road, meticulosa crónica de sus giras. 
1995 Inicia su serie de tv Marsalis on Music (ganadora del Peabody Award); más adelante crea Jazz For Young People y la serie radiofónica Making the Music. El Orion Quartet graba su primer cuarteto de cuerdas, At the Octoroon Balls. 
1996 Time Magazine lo coloca entre las 25 personas con mayor influencia en su país. 
1997 Se convierte en el primer músico que recibe el Premio Pulitzer por Blood on the Fields (1994), oratorio épico sobre la esclavitud. 
1999 Compone su obra más ambiciosa, All Rise, para big band, coro gospel y orquesta sinfónica. 
2001 Es nombrado Mensajero de la Paz por la Organización de las Naciones Unidas y publica el libro El jazz en el agridulce blues de la vida. 
2004 Con sólo 43 años, ganador de 9 Premios Grammy y de los más grandes reconocimientos a nivel internacional, famoso por su labor de educador y promotor de la música y de asociaciones comunitarias, ha viajado con sus bandas a 30 países en seis continentes. Hoy da conocer The Magic Hour, su segundo álbum grabado en el legendario club Blue Note de Nueva York. Pisa el Auditorio Nacional por primera vez. (A.G.H. y S.G.L.

Programa 

Primera parte 
con la Lincoln Center Jazz Orchestra, Wynton Marsalis 
y la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de México 

Edvard Grieg - Duke Ellington 
Cinco movimientos de Peer Gynt 
Por la mañana 
En el salón del Rey de la montaña 
Canción de Solvejg 
La muerte de Ase 
La danza de Anitra 

Duke Ellington - Wynton Marsalis 
Happy Go Lucky Local 

INTERMEDIO 

Segunda parte 
con la Lincoln Center Jazz Orchestra y Wynton Marsalis 
Música de Duke Ellington 

Intérpretes 

Lincoln Center Jazz Orchestra: 
Director musical, trompeta: Wynton Marsalis 

Trompetas: 

Seneca Black 
Ryan Kisor 
Marcus Printup 

Trombones: 
Ron Westray 
Andre Hayward 
Vincent Gardner 

Saxofones alto y sopranino: 
Wess Warmdaddy Anderson 

Saxofones alto y soprano, clarinete: 
Ted Nash 

Saxofón tenor: 
Walter Blanding Jr. 

Clarinete, clarinete bajo, saxofones soprano y tenor: 
Víctor Goines 

Saxofones barítono y soprano, clarinete bajo: 
Joe Temperley 

Piano: 
Eric Lewis 

Bajo: 
Carlos Henríquez 

Batería: 
Herlin Riley 

Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México 
Director huésped: Paul Freeman


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