domingo, 29 de febrero de 2004

David Copperfield: Un show de repertorio

Foto: Colección Auditorio Nacional


An Intimate Evening of Grand Illusion / 25 al 29 de febrero, 2004 / 73 337 asistentes / 
13 funciones / 1:40 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V. 

Sofía González de León
Es tiempo de recapitular. En 2005, el Más Popular Ilusionista de Todos los Tiempos festejará sus 25 años de hacer magia, con apenas 48 de vida. No sabemos si al fin nos presentará la hazaña que nos tiene ya de tiempo prometida —desaparecer la mismísima luna— pero lo que ha logrado hasta ahora es inmenso. Además de dominar con absoluto virtuosismo y estilo incomparable todo lo referente a la magia tradicional, ha revolucionado este arte por completo con sus espectaculares creaciones en los campos del ilusionismo y el escapismo. Dentro del ilusionismo se encuentran las suertes que implican, por un lado, toda clase de apariciones y desapariciones: desde la Estatua de la Libertad, un jet de 7 toneladas o un vagón del Orient Express, hasta personas de la audiencia; y por otro lado, las que desafían la realidad material: atravesar la Gran Muralla china o las aspas de un enorme ventilador; ser tasajeado por una sierra gigante; caminar partido por la mitad, ser invisible, volar en pleno escenario o levitar sobre el Gran Cañón. Dentro del escapismo están los actos que implican los mayores peligros a la integridad de su persona, como huir de la cárcel de alta seguridad de Alcatraz o salvarse de la demolición de un edificio de 13 pisos, sobrevivir a las cataratas del Niágara o a un tornado de fuego... 

Después de casi un cuarto de siglo de inventiva inagotable y pasión por el oficio, es inevitable preguntarse qué más puede ofrecernos David Copperfield. Tal vez nos hemos acostumbrado a verlo realizar tales prodigios y con tanto despliegue mediático, que creemos que siempre saldrá con algo más impactante, así, como si nada. Pero nadie es capaz de sostenerse todo el tiempo en la cúspide de la adrenalina y la máxima creatividad. Así que como profundo conocedor de su tarea de entertainer, ha aprendido a alternar lo extravagante con espectáculos más de repertorio, como el que ofreció en esta ocasión en el Auditorio Nacional. 
El título anuncia bien lo que conlleva: Una velada íntima de gran ilusionismo combina grandes suertes vistas con anterioridad, y que la gente sigue pidiendo, con lo que podríamos llamar magia de salón —auxiliándose de pantallas gigantes para franquear las enormes distancias entre el proscenio y el fondo de la sala. Bajo el lema Imagina si pudieras..., promete concretizar anhelos comunes y corrientes como ganarte la lotería, obtener el coche que deseas, viajar al lugar de tus sueños en segundos, reunirte con un ser querido que perdiste... El gancho es perfecto. 
Y la gente participa, quiera que no. Algunos se dejan llevar sin recato por la ficción, otros observan con escepticismo un tanto sobreactuado, pero el suspenso es permanente e inevitable: como el mago baja seguido del escenario para escoger espectadores, todos nos ponemos medio nerviosos. El niño de nueve años sentado al lado de quien esto escribe, atreve a formular lo que todos sentimos: “Uy, no me vaya a escoger a mí...”, “Híjole, ¿y si me desaparece?... ¡Ay, qué mieeedo!...”, “¿Tú te irías al otro lado del planeta, así, como si nadaaa?... Pero, ¿te irías ahori-ti-ti-ta?...” (Está de pensarse). Algunos se enroscan en sus asientos, otros reímos sospechosamente a la menor provocación, y unos más, sin pensar, se enlistan al voluntariado. Buena señal para un espectáculo: no hay quien permanezca al margen o quede indiferente. Entre la expectación, los chistes (muchos en español o en spanglish), las referencias divertidas a la cultura mexicana (el ilusionista se comparó con Manzanero al encogerse como acordeón en una caja y con Agustín Lara al adelgazarse y atravesar una gruesa placa de acero), la música ambiental y sus evocaciones, los efectos especiales (cohetes, hielo seco, estallidos) y otros distractores para diferir nuestra atención, caemos redondos en las redes de la hechicería blanca que, con un perfecto timing, nos toma por sorpresa a cada momento. 
En el clímax emotivo, a medio espectáculo, Copperfield evoca a su abuelo a quien le dedica sus suertes. Mientras lo vemos en sus fotografías de infancia en la pantalla central, nos relata la historia: su abuelo le retira la palabra cuando decide dedicarse a la magia porque cree que ésta hará infeliz y pobre a su nieto. Pero, para ironías de la vida, el nieto es hoy el treceavo hombre del entretenimiento más rico del planeta, mientras que el abuelo nunca se ganó la lotería y vivió frustrado. Es difícil no soltar lágrimas en este punto. Pero, acto seguido, el mago hace aparecer ante nuestros ojos el enorme Lincoln 1948 verde brillante que su abuelo nunca pudo adquirir y, simbólicamente, se lo regala. Aplausos. ¿Qué es más mágico, que el coche aparezca así, de súbito, en el foro de Reforma, o que Copperfield perdone y redima la relación con su abuelo ante miles de espectadores conmovidos? 
Todos sabemos, al final, que en esta “experiencia interactiva de realización de los deseos”, no iremos realmente a Timbuctú, ni nos reuniremos en verdad con aquel tío desaparecido, ni nos entregarán a la salida del Auditorio un Porsche gratis y sin haber trabajado. Pero nos hemos prestado gustosos a jugar el juego, a liberar la imaginación, a fingir creencia para dejarnos engañar bellamente por un rato. Como con el amor, es mejor no tratar de desmenuzar la magia y evitar así un desencanto. 
Con ropa informal, actitud desparpajada (que no logra esconder su irreductible, natural y candorosa timidez, expresada en una ligera curvatura de hombros), con un sentido del humor rayano en la más absoluta simpleza (por ejemplo, la conocida secuencia con el Pato Webster o su continua repetición de “chiste” cuando la gente no se carcajea), Copperfield trata de despertar el niño que todos llevamos dentro y comunicar lo más valioso de su espíritu, donde no existe frontera alguna entre realidad e imaginación. Su sarcasmo va encaminado, en lo profundo, a subrayar lo frágil y evanescente de toda posesión, a recordarnos que somos material perecedero, igual que esas apariciones fatuas sobre la oscuridad de la tarima. Y si nada es real del todo ni demasiado irreal, y si todo acabará por desaparecer como si nunca hubiera estado, ¿por qué otorgarle tanta importancia?

Foto: Colección Auditorio Nacional
Por eso, al comenzar el show, nos pide a todos el mejor acto de magia que podemos regalarnos a diario: cerrar los ojos e imaginar el lugar de nuestros sueños. Cuando volvemos a abrirlos, nuestras manos siguen vacías y en el escenario no ha sucedido nada. El mago sonríe, entre irónico y melancólico, buscando un poco nuestras miradas. No dice nada, pero, como de regreso de El País de Nunca Jamás, sabemos que nada ni nadie nos puede arrebatar lo que en sueños nos atrevimos a ser. 

De magia, prodigio, fama y riqueza 
1956 El 16 de septiembre nace David Kotkin en Metuchen, Nueva Jersey, EUA, en una familia de refugiados judíos rusos. Al cumplir 7 años, su abuelo le enseña su primer truco de magia con 4 ases. 
1968 Bajo el apodo de Davino da sus primeras funciones en fiestas cobrando 5 dólares la entrada. A los 12 se convierte en el miembro más joven en la historia de la Society of American Magicians. Su abuelo le retira la palabra. 
1972 A los 16 es maestro de magia en la facultad de teatro de la Universidad de Nueva York. 
1974 Protagoniza The Magic Man actuando e inventando los trucos. El musical alcanza temporada más larga en la historia de Chicago. 
1977 Toma su nombre artístico de una famosa novela de Dickens y es invitado a conducir el programa de tv The Magic of ABC. 
1978 The Magic of David Copperfield empieza como un Especial de la cadena CBS con Orson Welles como invitado. Registra altísimo rating. 
1979 En The Magic of David Copperfield II desaparece a un grupo de personas causando sensación: obtiene varias nominaciones al Premio Emmy. Actúa en la película Terror Train. 
1980 En su tercera fase el programa se convierte en uno de los más vistos de la tv. Es el ilusionista más joven en recibir el Magic Oscar. 
1981 La cuarta edición de la serie bate récord con la desaparición del (hasta entonces) más grande objeto en la historia del ilusionismo: un jet de 7 toneladas. 
1982 Crea Project Magic, fundación caritativa para apoyar a individuos discapacitados, motivándolos en su recuperación con ejercicios de magia. (Hoy son más de mil los hospitales que lo imparten en más de 30 países). 
1983 Para la quinta serie de tv desaparece la Estatua de la Libertad frente a una audiencia en vivo. 
1984 Primera gira por 70 países de EUA y Canadá. Al levitar sobre el Gran Cañón y con Escape de la muerte —en The Magic of David Copperfield VI— alcanza el rating más alto y obtiene un Emmy. 
1985 Es nombrado uno de los más extraordinarios y distinguidos jóvenes de EUA (como Orson Welles o J.F. Kennedy). Con su séptimo programa gana otro Emmy. 
1986 Su octavo especial de tv se transmite desde China: atraviesa en cuerpo entero la Gran Muralla. 
1987 Su Escape de Alcatraz (la famosa prisión) marca otro hito en su carrera. 
1988 Primera vez en México. En tv causa conmoción su encuentro con El triángulo de las Bermudas. 
1989 En The Explosive Encounter soporta sobre sí, y encadenado, la demolición de un edificio de 13 pisos: el acto más peligroso que ha realizado. Gana dos Emmy. 
1990 El desafío de las cataratas del Niágara marca otro de sus grandes éxitos. Visita México por segunda ocasión. 
1991 Transmite en vivo otro mega desafío: desaparece un vagón de 70 toneladas del Orient Express en medio de un círculo de espectadores. 
1992 Realiza en el escenario el sueño de todo Peter Pan en: Volar - Vive el sueño. El más grandioso acto de ilusionismo de la historia, según los expertos (y, los niños). Funda el Museo Internacional y Biblioteca de las Artes del Conjuro, el más grande de la historia. 
1993 The Magic of David Copperfield XV: un segundo antes de que se queme la cuerda que lo sostiene por los pies, escapa de sus ataduras y se salva de caer y ser acribillado. 110 presentaciones marcan su primera gira a Europa. Primera presentación en el nuevo Auditorio Nacional, Magia para los 90. 
1994 Su arrollador desempeño europeo lo convierte en el primer mago en ser nombrado Caballero de las Artes y Letras por el gobierno francés. En el Auditorio presenta: Más allá de la imaginación. 
1995 Con Lo mejor de David Copperfield – 15 años de magia hace un gran tour por Alemania. Dos nuevos números: una enorme sierra lo parte en dos y sale ileso de entre las aspas de un ventilador gigante. Su entonces novia, Claudia Schiffer, conduce el programa de tv número XVI, que supera todo rating de CBS y RTL. David recibe su Estrella en el Paseo de la Fama en Hollywood. 
1997 Sueños y pesadillas gira por Latinoamérica y rompe récords de taquilla: en el Auditorio Nacional logra 13 funciones consecutivas. 
1998 Establece nuevos récords en Japón y Europa. La gira You llega al Auditorio con 11 funciones. Nuevos trucos: Uno y Trece. 
1999 En su gran gira mundial incluye a Turquía, Ucrania y Sudáfrica. 
2000 Portal inaugura una nueva forma de magia interactiva: transporta en segundos a una persona del público hasta el lugar de sus sueños. Estrena un nuevo especial de tv: Copperfield: Greatest Escapes. El mago es nombrado Leyenda Viva por la Biblioteca del Congreso, e inmortalizado en algunos timbres postales. 
2001 Sigue andando su inagotable imaginación: en su programa número XX se salva luego de introducirse en el corazón de un Tornado de fuego. En el Auditorio vemos el acto en video dentro de la presentación de Portal (13 funciones). 
2004 Habiendo reunido una audiencia de más de 3 billones de televidentes, con 19 Premios Emmy, más de 550 presentaciones anuales en más de 40 países, éxitos de taquilla que superan los de musicales como Cats o Chicago, no cabe duda: Copperfield es El Más Grande Ilusionista de Todos los Tiempos. Después de 3 años de ausencia, regresa al Auditorio con An Intimate Evening of Grand Illusion y logra una vez más su número favorito de 13 funciones consecutivas. (S.G.L.

Trivia 
Es de notar que dos magos mexicanos estuvieron relacionados con este show. El mago Ednovi (por tercera ocasión) fue el responsable de todos los actos de pirotecnia del espectáculo: chispas, flamazos, humo... Por otro lado, la idea original del acto novedoso de la noche, Killer, fue comprada por Copperfield a “un mexicano que también se robó mi nombre” (Kotkin, su apellido en la vida real). Pero Copperfield insiste: sólo la idea original es del mexicano, y fue a partir de ella que construyó su número, uno de los más peligrosos que ha ejecutado. Un escorpión negro africano de proporciones intimidantes es sostenido sobre una bandeja transparente que dos damas voluntarias del público sujetan con enormes guantes protectores de cuero. En medio, el mago abre un abanico de cartas (sin protección alguna) y espera a que el temible animalejo señale hacia arriba con el aguijón (Dios sabe cómo), justamente, la carta previamente escogida por una de las voluntarias —a escondidas del prestidigitador y a la vista del público. Inevitable el escalofrío. (S.G.L.)
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