jueves, 4 de diciembre de 2003

Emmanuel: Y llegó bullanguero

Foto: Colección Auditorio Nacional

4 y 5 de diciembre, 2003 / 16 848 asistentes / 
2 funciones / 2:30 hrs. de duración

Arturo García Hernández
Es la tercera vez que Emmanuel viene y arma tamaño alboroto. Como ya ocurrió en 1992 y en 2000, al influjo de su nombre el magno recinto se transforma en inmensa colmena efervescente. No es gratuita tanta admiración. Ahí donde lo ven, ágil y rozagante, tiene 48 años, 27 dedicados a provocar la taquicardia y la histeria de sus admiradoras. Del torero que alguna vez quiso ser, conserva el porte garboso que arranca suspiros y alaridos. La lluvia de piropos dice que le sienta bien el pantalón ajustado de terciopelo negro y la camisa de satín rojo.

Más que su apariencia, lo que le granjea tan arrebatadas muestras de cariño es la calidad y la intensidad de su entrega sobre el escenario, sin regateos. Emmanuel es de esos a quienes se puede llamar, con todas sus letras y en el mejor de los sentidos, un verdadero pro-fe-sio-nal del negocio del espectáculo. El público lo siente, lo sabe y lo agradece. Así se explican las casi tres décadas de permanencia del cantante en un ámbito donde menudean los mercachifles efímeros.

Primero de dos conciertos. La cita es a las ocho y media. La silueta torera del autodenominado Hombre Naturaleza –por su compromiso con las causas ecologistas- emerge puntual al centro de un cegador estallido de luces multicolores. Aunque sus mayores éxitos los ha tenido como intérprete de balada romántica pop, viene con talante rumbero. De ese corte son los temas con los que inicia, pertenecientes a su última producción, Emmanuel Presenta, la décimo sexta de su discografía. Es un trabajo en el que, precisamente, da rienda suelta a su parte bullanguera.
El tema de apertura se llama “Falsaria”. Tal vez el título no sea muy conocido, pero es un clásico indiscutible de la música afroantilla y seguro que en algún momento de la vida muchos hemos escuchado su contagioso estribillo: Oye Salomé, perdó-nala, perdó-nala, perdó-nala... La segunda pieza de la noche, también incluida en el nuevo disco, es otra joya del pasado, “Perdón”, bolero del puertorriqueño Pedro Flores que nuestros padres y abuelos escucharon originalmente en la voz arrabalera y suplicante de Daniel Santos: Sí, tu sabes que te quiero con todo el corazón, con todo el corazón...
Desde las butacas se proyecta una calidez rugiente. Emmanuel,  está que no lo cree y conmovido responde: “¡Gracias por su recibimiento!”. Llega un momento en que ya no sabe qué decir ante la entrega de sus admiradores y opta por arrojar al público sus mancuernillas de oro que quedan en manos de un hombre gordo de la primera fila.
Con temas como los mencionados, la mejor voz naufragaría si no estuviera respaldada por una dotación instrumental a la altura: trompetas, saxofón, violín, contrabajo o tololoche, guitarra de acompañamiento, requinto, teclados, percusiones, batería y cinco coristas; y, obviamente, por ejecutantes como los que vienen con Emmanuel –cubanos varios de ellos- de primerísimo nivel. Destacaron de entre todos el saxofonista y el violinista.
Son de las cosas que se le agradecen al intérprete de “Insoportablemente bella”. No escatima recursos. Como buen profesional, reivindica el concepto de espectáculo en el sentido amplio de fiesta, entretenimiento, sorpresa, creatividad, disfrute sensorial y emocional. Trabaja para el oído y cuida cada detalle para que sus interpretaciones suenen bien. Trabaja para la vista y hace un despliegue técnico-escenográfico con luces, juegos pirotécnicos, una pantalla de cristal líquido con imágenes sicodélicas al centro y al fondo del escenario, bailarinas y bailarines de saludable aspecto. Emmanuel cuida la parte visual  y sonora del espectáculo, pero no canta de dientes para fuera: su voz está conectada a sus emociones. Y eso también el público lo siente y lo agradece.
La mejor parte del show, donde la euforia se desborda ya sin límites, es cuando Emmanuel revive y re-interpreta las baladas rítmicas y románticas (de Lucio Dalla, Manuel Alejandro, Roberto Cantoral y de su propia autoría) que lo pusieron en el candelero en la década de los ochenta: “Es mi mujer”, “Toda la vida”, “Con olor a hierba”, “Tengo mucho que aprender de ti”, “Todo se derrumbó dentro de mí”, “Al final”.
A Jesús Emmanuel Acha Martínez se le conocía como El Bola antes de ser famoso simplemente como Emmanuel. Inquieto, curioso, poeta, apóstol de las causas ecologistas, practicante de tai-chi, es un ser en continuo movimiento externo e interno. No se duerme en sus laureles. Tiene espíritu innovador. Muestra de ello son las versiones hip hop con DJ de algunas de sus interpretaciones más conocidas: “Chica de humo”, “Detenedla ya”. El momento más íntimo se da cuando se detiene la danza frenética de luces, y sobre un escenario a media luz, en hilera de sillas de cara al público, cuatro guitarristas y el grupo coral Los Hijos de Sánchez flanquean al cantante, ofreciendo sorprendentes versiones renovadas de viejos temas. 
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
En dos horas y media no decae el entusiasmo, la admiración, el afecto. A las 10:38 Emmanuel intenta despedirse pero es obligado a regresar en medio de una lluvia de confeti oropelesco. Por fin, a las 22:45 puede irse a su camerino, mientras la multitud hormiguea satisfecha hacia la salida. Para decirlo en términos taurinos, la faena de esta noche es de rabo y oreja. ¡Ole, matador! 

Santo y seña 
Nombre completo: Jesús Emmanuel Acha Martínez
Nombre artístico: Emmanuel
Apodo: El Bola
Abuelo: famoso bailaor de flamenco Esmeraldo Acha Rovira
Padres: Raúl Acha, torero, y Conchita Martínez, cantante y actriz, quien fallece cuando Emmanuel tenía 8 años. La familia emigra a España.
Primeros pininos: en el colegio agustino donde cursa la primaria, en Madrid, ocupa la primera voz del coro. A los 13 años, empieza a torear.
Independencia: a los 17 años de va de casa, porque su familia se oponía a que fuera torero: “Me dijeron: aquí se estudia. Así que entregué las llaves del coche, me llevé algo de ropa y me fui con mi hermano. Fue una aventura muy intensa.”
Carrera que abandona por cantar: Ingeniería Química, en la Universidad Iberoamericana, ya en México.
¿Por qué deja de torear? Un toro le provoca serias lesiones en ambas rodillas, en 1974.
Padrino artístico: Pedro Vargas.
Idiomas en que canta: español, portugués e italiano.
Otras gracias: autor del libro Páginas calladas: su sueño es que se le reconozca por su poesía.
Activismo ecologista: Desde 1979 hasta hoy, ha realizado una sensible e intensa labor para la concientización ambiental en nuestro país, América Latina y EUA.  Ha colaborado con numerosas instituciones dedicadas a la mejoración del medio ambiente y ha recibido varios reconocimientos por su activismo. Es creador de la fundación Hombre-Naturaleza, A.C.
Hijos: Giovanna, de 18 años; Alexander, de 17; Martinique, de 11.
Numerología: con 16 producciones discográficas, 10 millones de discos vendidos, numerosos premios y reconocimientos como cantante y compositor, a los 48 años de edad, Emmanuel se lanza al ruedo en un segundo aire prometedor. (A.G.H.)

Programa
Falsaria
Perdón DJ
Popurrí: No he podido verte/ Guajira/ Bella señora
¿Qué será?
Quizá, quizá, quizá
Popurrí: Seguía lloviendo afuera/ Hay que arrimar el alma/ Pobre diablo/ Detenedla ya/ Solo
Sentirme vivo
El bodeguero
Este terco corazón
Esta triste guitarra 
Es mi mujer 
Rey azul
Chica de humo
Toda la vida 
La última luna
Corazón de melao
Popurrí: Con olor a hierba/ Tengo mucho que aprender de ti/ Todo se derrumbó dentro de mí/ Insoportablemente bella/ Tú y yo
Al final
La bamba

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.