sábado, 29 de noviembre de 2003

Maná: Sin falsa modestia

Foto: Colección Auditorio Nacional


Revolución de  amor / 29 y 30 de noviembre, 2003 / 19 107 asistentes /
 2 funciones / 2 hrs. de duración

Rodrigo Farías Bárcenas
En primerísima fila estaba sentada una mujer como de treinta años, de pelo lacio y largo hasta los hombros, bien arreglada, con un traje sastre color beige. Esperó silenciosa, pacientemente a que terminara "Corazón espinado". Cuando Maná dijo adiós, se puso de pie y caminó hacia la orilla del escenario con una flor en la mano. El cantante le agradeció con un beso. Ella tal vez no lo sabía, pero con ese gesto simbolizó todo lo acontecido durante la presentación de Revolución de amor: dar y recibir, una y otra vez...

La banda no requiere tiempo para calentar. La audiencia tiene una actitud bien definida: participar a fondo. Pocas veces ocurre, con artistas nacionales o extranjeros, que se involucre tanto la gente. Ésta guarda una amable paciencia con los abridores, Gus y Los Extremos, apadrinados por los anfitriones. Pero para nada se reserva cuando los tapatíos, en correspondencia, dan todo de sí desde el principio. Después de la inaugural “Angel de amor”, el personal aún no acaba de recuperar el aire, cuando sube la intensidad de la emoción a un punto en el que ya no queda otra sino rendirse y dejarse llevar. Es el efecto de la sensual “Oye mi amor”, a ritmo de reggae, y de la funky “Hechicera”. 

“Muy buenas noches, México lindo y querido”, exclama Fher con la respiración un poco entrecortada. Agrega que sienten un enorme gusto por estar aquí de nuevo, después de haber tocado en 33 países. No hay falsa modestia: ellos son el único grupo nacional que ha logrado semejante reconocimiento internacional. Y esa autoridad la hacen notar en el momento oportuno. El de la voz adopta un tono enérgico para dedicar “Cuando los ángeles lloran”, con su denuncia ecológica, a los gobernantes que “han tenido los huevos para mejorar las cosas”. No supimos bien a quiénes se refería... El grupo ha suscitado controversia con su reciente visita a Los Pinos, al igual que cuando fue recibido por Daniel Ortega, en Nicaragua; Alberto Fujimori, en Perú o Carlos Salinas de Gortari, en México (en un cumpleaños de su hija Cecilia).
La luz del seguidor baña al guitarrista Sergio Vallín, que luce una playera con la imagen de Cristo en el pecho, mientras la gente responde con entusiasmo inusitado al discurso de tinte social de los músicos. En una de las bocinas sobresale un dibujo del Che Guevara y Fher lleva un letrero en su espalda que dice: Fuck the war.  
El idilio entre público y grupo es total. Que no hay viso de conflicto lo confirma el cálido ritmo afrocubano de “Sábanas frías” (el baterista Alex en la primera voz) y el sentimentalismo de “Se me olvidó otra vez” y “No ha parado de llover”, entre otras. Tal calidad de relación es producto de un propósito bien definido. Otros músicos –como Aleks Syntek, por ejemplo- tienen que asumir ciertos clichés del espectáculo para llamar la atención sobre su trabajo más elaborado. A veces, el interés artístico y el comercial compaginan de manera ambivalente (como con Jarabe de Palo). Con menos frecuencia, predomina el equilibrio entre ambos aspectos (por ejemplo, en Café Tacuba). Y en casos excepcionales, el concepto artístico es todo un reto para la comprensión del escucha (es el caso de King Crimson). Pero con Maná la cosa es clara: se orienta hacia el público, cumple con sus expectativas y, sobre todo, estimula su participación. 
Así ocurre cuando Alex aprovecha la  estridencia de “Me vale” para provocar el grito de todo mundo con el estribillo, y también con su prolongado y espectacular solo de batería –implícito homenaje al finado John Bonham- como prólogo de “Justicia, tierra y libertad”. Las iniciativas de liderazgo son equitativas en el grupo. Fher busca mil formas para suscitar la expresión de la gente: abre los brazos cual mecías, atiza el sentimiento nacionalista con la ranchera “Te solté la rienda” (de J.A. Jiménez), invita a que se suban con él; Álex y Vallín hacen lo propio en sus terrenos. No así Juan, el inamovible bajista que conserva su seriedad.
La última parte del concierto se concentra en los grandes éxitos. Tal vez la mayoría de quienes corean "Rayando el sol", el primer hit del cuarteto, desconoce que al grupo le llevó quince años llegar al nivel profesional que hoy tiene –desde mediados de los setenta hasta principios de los noventa-, cuando abrieron brecha para los hasta entonces impensables conciertos masivos.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Al final uno termina envuelto en una vorágine de luces y en una sucesión de imágenes de guerra y exterminio de ballenas. Todo eso contribuye a generar una adhesión aún más ferviente. La producción, es cierto, alcanza un alto nivel, digno de competir en cualquier parte del mundo: pero aquella treintañera de la primera fila que regala una flor al vocalista, representa de manera más humana la búsqueda emotiva de Maná: su misión es dar canciones y a cambio, recibir afecto.  


Entrevista exclusiva con Fher
¿Qué implica como fenómeno cultural el éxito de Maná en Estados Unidos?
Cuando empezaron a conocernos allá, incluso la revista Billboard no entendía por qué la gente compra tanto nuestros discos y va tanto a nuestros conciertos, si no estábamos en la radio. Fue cuando me di cuenta de que este medio e incluso la televisión y la prensa, no pueden hacer o deshacer a un artista. Lo que influye es la gente. De boca en boca, es posible llegar a vender hasta medio millón de discos. Es sorprendente. Los latinos no quieren desprenderse de sus raíces. Escuchan música en español porque refuerza su identidad. Que vivan en Estados Unidos es porque la miseria los obliga.

Eso habla de su impacto entre gente que sufre discriminación. 
Sí, siempre hemos dicho que Estados Unidos no sólo es de los anglos, también pertenece a latinos, judíos, italianos, japoneses. Es un país de migrantes y entre ellos están los mexicanos. Los grupos hispano hablantes de rock que vamos para allá luchamos contra el racismo en todas sus manifestaciones. Una antropóloga ha entrevistado a nuestro público latino. En general su conclusión es que se encuentra en esta dualidad: quieren conservar su identidad, pero también quieren ser aceptados por los gringos, pues aspiran a mejores empleos y mejor paga. 

Maná es un precedente, dentro y fuera de México, en cuanto a grupos que han sabido proyectarse. ¿No crees que hace falta que las bandas mexicanas aprendan a organizarse como empresas y a defender su ideología con base en un sustento económico? 
Sí, tienes razón. Nosotros trabajamos con abogados, asesores fiscales, etcétera, porque es necesario, pero esa estructura la armaron los dos managers. Yo puedo dedicarme a la parte creativa y a la producción de los shows porque estamos bien armados. Es mejor que las bandas se organicen para defender sus ideales. Esto no lo sabíamos cuando empezamos. Y ahora estoy seguro de que sin ello no hubiéramos llegado a donde estamos. Es tan importante como hacer buena música. (por R.F.B.)


Trivia
Maná sigue cosechando. En 2003, se llevó dos premios Grammy Latino por Revolución de amor: como Mejor Álbum Vocal Rock Dúo o Grupo y Mejor Ingeniería de Grabación. También lanzaron su obra completa hasta hoy en tres cds compilatorios: Sol, para los temas más prendidos, Luna, para los más baladeros y Eclipse, que mezcla lo bailable con lo más romántico. Por su labor al difundir temas de interés social y su preocupación por el medio ambiente, el grupo recibió un importante nombramiento como Embajador Mundial por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) para promover campañas contra la hambruna y la pobreza. Sin duda alguna, Maná ha entrado a las grandes ligas a nivel mundial. (S.G.L.)
  
Integrantes
Fernando Olvera, Fher (Guadalajara, Jalisco, 1960)
Alejandro González (Miami. Florida, 1969)
Juan Diego Calleros (Guadalajara, Jalisco, 1961)
Sergio Vallín (Ciudad de México, 1972)
Invitados:
Juan Carlos Toribio, teclados
Fernando Vallín, guitarra.
Sheila Ríos, coros.


Programa
Ángel de amor
Oye mi amor
Hechicera
Cuando los ángeles lloran
Sabanas frías
Se me olvidó otra vez
No ha parado de llover
Eres mi religión
Te llevaré al cielo
Me vale
Justicia, tierra y libertad
Fe
Mariposa traicionera
Te lloré todo un río
Te solté la rienda
Como dueles en los labios
Vivir sin aire
Cómo te extraño corazón
En el muelle de San Blas
Rayando el sol
Clavado en un bar

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