miércoles, 19 de noviembre de 2003

King Crimson: Una banda regida por el cambio

Foto: Colección Auditorio Nacional

 The Power to Believe / 19 de noviembre, 2003 / 5 426 asistentes / 
Función única / 2:00 hrs. de duración 

Francisco Martínez Negrete

Con 35 años de intermitente existencia King Crimson ha sido sin duda una banda marcada por el espíritu de la experimentación y la innovación constantes. Una banda mercurial que lejos de entornarse en un estilo evade la fácil definición. En palabras de su fundador, y único miembro vitalicio, Robert Fripp: “es una manera de hacer las cosas (…); cuando no hay nada que hacer, Crimson desaparece. Cuando hay música que tocar, Crimson reaparece. Si todo en la vida fuera así de simple...”.

Psicodélicos en los tardíos sesenta, progresivos y jazzientos en los setenta, pesados y góticos en los ochenta, mega metálicos con el rigor del virtuosismo en los noventa y hasta la fecha, tan sólo conservan el nombre: Rey Carmesí, sinónimo de Belcebú, tenebroso señor del inframundo que no es otro que Robert Fripp, sin duda uno de los músicos más auténticos, propositivos y geniales que haya dado el rock en su historia. 

Los fans —la mayoría rucos contemporáneos a la leyenda, pero también chavos interesados en presenciarla— hoy hemos venido para frippear en serio pues, contadas las ocasiones en que una banda como ésta puede ser oída en vivo en México, su debut en el Auditorio Nacional para presentar el más reciente disco, The Power To Believe, promete ser el evento del año. Y sin embargo, el Coso no se llena. ¿Demasiado buenos? ¿Músicos de culto para músicos y especialistas? Parte de la culpa es del mismísimo Fripp con su rotunda negativa a condescender con los requerimientos más comerciales de la industria en pos de tomar el camino más difícil: el del más estricto compromiso y la más alta responsabilidad con su verdad como artista, al grado de situarse, musical y personalmente, en la más incómoda de las posturas, la del anti-pop star por antonomasia. 
Como entrada, Santa Sabina abre el concierto: lo suyo, un rock cerebral que coquetea con el free jazz por un lado y con el minimalismo por el otro. Música para pensar más que para bailar. El sonido saturado en los bajos, el sexteto interpreta varias rolas de su nuevo disco Espiral, y cuando todo nos hace suponer que deja el lugar a las estrellas de la noche, insiste con otras tantas: en total 12, en 45 minutos para cerrar con “Humo canción” dedicada a María Sabina, chamana mayor de México. Al pasarse de telón la reacción es anticlimática: muchos salen al bar, el resto reclama al King.
Tras cimbrar al Coso con “The Power To Believe”, con la humildad característica del auténtico genio, Adrian Bellew, frontman de la banda, agradece a los músicos mexicanos su participación (las comparaciones son odiosas pero la diferencia entre las bandas es abismal). A su izquierda Pat Mastelotto, ese mastodonte de la bataca y Trey Gunn en el bajo y touch guitar (bajo de 12 cuerdas) conforman la poderosa sección rítmica. A su derecha, casi oculto entre los amplificadores, sentado en su banquillo, de permanente perfil al público y mirando siempre a su grupo, perfectamente inmóvil salvo los dedos que vuelan sobre la lira, con la serena atención de un zen master, su majestad Robert Fripp. “Level 5”, “ ProzaKc Blues”, “The ConstruKtion of Light”… y la gente no da crédito a sus oídos: la cohesión, macicez y precisión de la banda son infinitas. Tan sólo son cuatro y, loud and clear, la música que de ellos emana —Mastelotto por debajo, sobre éste Trey Gunn, la densidad de Fripp mediante y, hasta arriba, Adrian Bellew— casi puede rebanarse y se deja caer con el peso ominoso del concreto y ese sabor crudo, ácido, metálico y casi descarnado que envuelve de manera natural la desgarrada voz de Bellew y condona un definitivo aire de brutalidad a la enorme sofisticación y complejidad sonora de la que pueden, como muy pocos, hacer alarde. Obsesivo, revolvente, desquiciante y maniático el pespunteo de Fripp erige tapices sonoros de intrincada densidad atravesados aquí y allá por el destellante despliegue guitarrístico de Bellew —no en balde tocó con Bowie,  Zappa, Talkin’ Heads…— entablando un cuadriálogo endiablado de puro virtuosismo low profile, donde el todo no es, ni más ni menos, sino la exacta suma de sus partes y su resultado: un incesante ahondamiento en el asombro.  Y es que en su largo viaje —del progresivo al gótico, al free jazz, a la fascinación por los ritmos africanos— Robert Fripp ha buscado y logrado, con creces, sumarse a esa otra tradición, la de la música europea de concierto, para otorgar al rock la dignidad de verdadera música contemporánea de alta alcurnia. 
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
No sorprende, pues, que la selección de rolas  haya versado mayormente sobre el último y los más recientes discos del grupo. Tras “Red” la banda se despide. El huracán que dejan los hace regresar para cerrar con “Frame By Frame” un concierto inolvidable. Los nostálgicos que esperaban revivir antiguas glorias como “I Talk To The Wind” o “In The Court Of The Crimson King” se quedaron con las ganas: ubicado en el pleno presente, King Crimson sólo mira hacia el futuro. 


Las encarnaciones de King Crimson
La primera a fines de los 60 cuando Robert Fripp, Ian McDonald, Greg Lake, Michael Giles y Pete Sinfield debutan un 13 de enero de 1969 en el Fulham Palace Café, de Londres. Telonear a los Rolling Stones el concierto de Hyde Park les trae celebridad absoluta. Su disco debut, In The Court Of The Crimson King, del mismo año, es vitoreado por Pete Townshend como “una escalofriante obra maestra”.
Los 70 Fluido como su música el grupo se arma y desarma. Entre otros, desfilan: Keith Tippet, Boz Burrell, Ian Wallace, John Wetton, Bill Bruford, David Cross, Jamie Muir. Álbumes como In The Wake Of Poseidon (1970), Lizard (1970), Islands (1971), el alucinante Larks’ Tongues In Aspic (1973), Starless And Bible Black (1974) y Red (1975) marcan esta etapa tras la cual Fripp desintegra la banda y se dedica a colaborar con grandes colegas: Brian Eno, Peter Gabriel, David Bowie, Daryll Hall, Bolndie y David Sylvian.
Los 80 El ave fénix renace con Fripp, Bruford, Tony Levin y Adrian Bellew; reunión de genios marcada por tres álbumes clave: Discipline (1981); Beat (1982); Three Of A Perfect Pair (1984).
Los 90 a la fecha Levin y Bruford substituidos por Trey Gunn y Pat Mastelotto, llega la última formación del grupo. Fripp funda su propia disquera, Discipline Global Mobile, y sigue la mata dando: Vrooom (1994), B’Boom (1995), THRaKaTTak (1996), Heavy ConstruKction (2000) y Vrooom Vrooom (2001)... Presentes en México en 1996 y 2001, no es hasta 2003 con The Power To Believe que encuentran en el Auditorio Nacional el escenario idóneo para su música. A pocos días de esta memorable tocada, Trey Gunn anuncia en su página de internet que su trabajo con la banda ha llegado a su fin. ¿Con qué nueva y genial propuesta responderá el Rey Carmesí? (F.M.N.)
                                                                                                                       
Programa
Telonero: Santa Sabina:
Sin aliento
Noche
Plegaria
Laberintos
Espiral
En llamas
Ecos de la piel
Invitación
Incierto destino
Humo canción

King Crimson:
The Power To Believe
Level  Five
ProzaKc Blues
The ConstrucKtion Of Light
Facts Of Life
Elektrik
The Power To Believe II: Power Circle
Dinosaur
One Time
Happy With What Your Have To Be Happy With
Dangerous Curves
Larks’ Tongues In Aspic IV
The Deception Of The Thrush
Elephant Talk
Red
Frame By Frame


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