sábado, 1 de noviembre de 2003

Eugenia León: Tres décadas se dice rápido

Foto: Colección Auditorio Nacional


Tres décadas y una voz / 1 de noviembre, 2003 / 6 429 asistentes / 
Función única / 2:30 hrs. de duración

Arturo García Hernández
La de la voz se llama Eugenia León. Está enfiestada. Celebra 30 años de ejercer el oficio de las sirenas: hechizar con su canto a todo mortal que ose prestar su oído. Pero a diferencia de aquellas ondinas temibles que –según nos contó Homero en La Odisea- arrastraban a sus víctimas al fondo del mar, Eugenia traslada a sus oyentes a mundos plenos de disfrute y emotividad. Se explica por eso la efusiva presencia en el Auditorio Nacional de varios miles de ellas y ellos, acompañándola en el festejo.

Tres décadas... Se dice rápido pero, según la aritmética, estamos hablando de poco más o menos 10 mil 950 días; o sea, 262 mil 800 horas; es decir, 15 millones 768 mil minutos. ¡Cuántas alegrías, cuántas tristezas, cuánta rabia, cuántas penas, cuántas esperanzas, cuántos desengaños caben en ese tiempo! Y de todo eso se nutre su canto, ahí ha madurado y adquirido la fuerza expresiva que le caracteriza. Porque ella vive por y para el canto; porque cantar como ella lo hace no es sólo pararse ante el micrófono, abrir la boca y soltar la voz. En su caso se trata de algo más vital, más profundo.

La celebración se inaugura con una serie de entrevistas en video proyectadas en las pantallas del recinto. Personajes ilustres –músicos, actrices, escritores, periodistas- hablan de la mujer, la amiga y, sobre todo, la cantante: Blanca Guerra, Laura Esquivel, Marcial Alejandro, Héctor Bonilla, Chabelo, Ramón Vargas, Fernando de la Mora, Liliana Felipe, Carlos Fuentes, Jacobo Zabludovsky, Armando Manzanero, Regina Orozco, Eduardo Magallanes, por mencionar algunos. Susana Zabaleta no se anda por las ramas: “Es una chingona, la vieja”. Y Jesusa Rodríguez reconoce en Eugenia es su “hermana elegida” para enseguida añadir, breve y contundente: “También es la cantante emblemática de México. Hay que cuidarla como a Pemex”. La afirmación tiene el consenso de la audiencia. No es de extrañarse. Hace rato que se ha ganado un bien merecido prestigio artístico, tiene el cariño y la admiración del público, y conoce el éxito, tanto el perdurable como el momentáneo.
La parte musical empieza con una canción de Fito Páez que Eugenia esgrime como lema o declaración de principios: No será tan fácil, ya sé que pasa/ no será tan simple como pensaba/ como abrir el pecho y sacar el alma/ una cuchillada de amor./ Luna de los pobres siempre abierta/ yo vengo a ofrecer mi corazón/ como un documento inalterable/ yo vengo a ofrecer mi corazón...
El repertorio para la ocasión traza con nitidez su trayectoria; da cuenta de su desenvoltura y versatilidad interpretativa:  de la trova al bolero, del tango al danzón, de la canción infantil al rock. En poco más de 30 canciones  encapsula su historia personal y artística, en la que ella identifica varias etapas: “Al principio cantando con los grupos Víctor Jara y Sanampay un repertorio de canción de protesta y canción folclórica latinoamericana”. Estudiante de CCH en su adolescencia, lo cual supuso la adquisición de una conciencia crítica, pertenece a una generación de cantantes y compositores latinoamericanos que iniciaron sus carreras en la independencia. Era la forma  de garantizarse libertad de expresión creativa e ideológica. De esa etapa el público reconoce y celebra “Si se calla el cantor”, de la inspiración de Horacio Guaraní. Con su faceta de compromiso social tiene que ver el reconocimiento que esta noche le otorga la Comisión de Derechos Humanos del D.F., por su contribución a la causa.
De sus primeras grabaciones como solista y el trabajo con compositores de su generación se escucha “Aquí me quedo” (Marcial Alejandro), “Color morena la piel” (David Haro); de sus flirteos con la canción brasileña y el jazz surgen “Corazón gigante” (Reyli Barbosa) y “Tatuajes”, original de Chico Buarque, que da nombre a su producción discográfica más reciente. Si algo se extrañó fueron las canciones de Jaime López que forman parte de Mar adentro, uno de los mejores discos de la intérprete.
En 1985 Eugenia ganó el Festival OTI nacional e internacional lo cual significó su ingreso a la gran industria del disco. No había de otra: era arriesgar o resignarse a la marginalidad resentida y frustrante. La canción-parteaguas fue “El fandango aquí”, de Marcial Alejandro, que suena mientras en las pantallas se observan escenas de la tragedia que quedará asociada a aquel año: el terremoto que azotó a la Ciudad de México el 19 de septiembre.
Otras etapas que identifica en su carrera son: “mi reencuentro con el bolero y la canción vernácula mexicana, mis espectáculos interdisciplinarios por la necesidad de hilar historias e integrar la plástica y el teatro a la música que yo cantaba. Destaco el trabajo de cabaret con Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe, el descubrimiento del tango y mi reencuentro con Cri-Cri; mi trabajo con artistas tan distintos como Ramón Vargas, Fernando de la Mora, Rolando Villasón, el Cuarteto Latinoamericano, Fito Páez, Mercedes Sosa, Pablo Milanés, Alejandro Fernández, Lupe Esparza, entre otros.”
Imposible desglosar aquí todas las vertientes de su canto. Conformémonos con mencionar algunos otros temas que muestran sus admirables talentos y capacidades: “La bruja” (son jarocho), “Fuensanta” (poema de López Velarde musicalizado por David Haro), “Contigo aprendí” (Armando Manzanero), “La muñeca fea” (Cri-Cri). Hubo también espacio para el tango (espléndida su versión de “Los pájaros perdidos”) y, cómo no, las rancheras: “Fallaste corazón” (Cuco Sánchez) y “Un mundo raro” (José Alfredo Jiménez).
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
En dos horas y media de concierto, más de 70 músicos pisan el escenario: su grupo base, dirigido por uno de los mejores pianistas de jazz nacidos en México, Héctor Infanzón; la Camerata de las Américas; y el Mariachi Vargas de Tecalitlán, ni más ni menos. Y todos los presentes la vemos en plenitud: ardorosa o tierna, tempestuosa o suave, exultante o melancólica. Cerca del final, su hijo comparte con ella el escenario. Observa y calla con expresión satisfecha. Eugenia León, treinta años dedicada a su oficio de sirena. Celebremos. 

Entrevista exclusiva
En crónicas anteriores de Bitácora del Auditorio Nacional, hemos ofrecido a nuestros lectores aspectos diversos de la vida y trayectoria de Eugenia León. Esta vez dejamos que sea la cantante quien, con sus propias palabras, exponga y comente lo que han sido estos 30 años dedicados al canto.

¿Para ti la voz es un instrumento, un medio o un privilegio?
Es un instrumento que requiere de cierta habilidad para manejarlo y depurarlo, muchas veces cuando falla la inspiración nos apoyamos en lo que llamamos oficio. Es un medio que nos permite explorar, crear espacios sonoros y emotivos, espacios poéticos; usamos la música y la palabra y le damos un significado. Y es un privilegio porque es un regalo que crea belleza, comunica y produce el gozo propio y el colectivo.

¿A qué le debes más como cantante: a tu voz o a tu repertorio?
Primero, a mi voz, porque ha sido flexible y noble y porque gracias a ella he encontrado mi propia interpretación de todos los géneros que he abordado.

¿De qué depende tu elección de una canción o de un autor? 
Simplemente que me emocione, no le pongo tanta cabeza cuando elijo. A veces me he encontrado con canciones bellísimas y no las canto y en otras ocasiones he tomado canciones no tan buenas, así que todo es muy variable.

¿Qué consejo le daría la Eugenia León de hoy desde la madurez artística, a la de hace 30 años?
Lo importante de darse cuenta y asumir su propio poder para tomar decisiones a tiempo.

¿Qué prefieres, el candor y acaso la ingenuidad de la principiante o la experiencia y la malicia de la madurez?
No es disyuntivo, porque siempre somos distintos, en cada etapa necesitamos ser distintos para reafirmarnos en lo que somos. Claro que la experiencia y la malicia te sirven para resistir más ciertos golpes y entender sin tanto agobio la naturaleza humana y la fragilidad de un trabajo como éste. (Por A.G.H.)


Acompañantes
Camerata de las Américas
(Director: Eduardo García Barrios)

Mariachi Vargas de Tecalitlán
(Director: Rubén Fuentes)

Septeto de Eugenia León 
Piano y dirección musical:
Mateo Aguilar

Contrabajo:
Paolo Marcellini 

Batería:
Efrén Guzmán

Percusiones:
Carlos García

Violín:
Ernesto Anaya 

Guitarra:
Marco Antonio Morel

Piano:
Héctor Infanzón

Invitado: cuarteto de tangos
Piano:
Aníbal Berraute

Violín:
Zbygniew Paleta

Contrabajo:
Marisa Hurtado

Bandoneón:
Gabriel Fernández


Programa
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Color morena la piel
La bruja
Corazón gigante
Si se calla el cantor
Tierra, luna
Aquí me quedo
Luz
Envidia
Tatuaje
Fuensanta
Nadie
Contigo aprendí
Como yo te amé
La orquesta de los animales
La muñeca fea
Sola en el pozo
La paloma
El fandango aquí
Malena
Los mareados
Preludio para un amor
Los pájaros perdidos
Sones jaliscienses
Traigo un amor
La mesera
Fallaste corazón
Mundo raro
Cosa de dos
Luna
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.