jueves, 2 de octubre de 2003

Simply Red: Cómo vencer a la soledad en 90 minutos

Foto: Colección Auditorio Nacional

Home / 2 de octubre, 2003 / 9 603 asistentes /
 Función única / 1:30 hrs. de duración

Jesús Quintero
El sujeto es el amor y bajo su influjo llegan parejas pares e impares, solitarios con una esperanza, abandonados en pos del recuerdo... todos vienen a que Mick Hucknall les hable de lo maravillosa que es la consonancia en los corazones y también a mover las caderas porque la comunión de los cuerpos pasa, gozosamente, por ese tránsito.

Lo primero que sorprende de ésta, la segunda cita de Simply Red con su público mexicano, es la fidelidad. El grupo liderado por el pelirrojo mancuniano no es precisamente una referencia constante en la radio, salvo por un puñado de temas en las estaciones de oldies, mas parece que el “soul de ojos azules” de Hucknall es para los espíritus locales un bálsamo que si se ha probado en cualquiera de sus nueve álbumes, provoca una adicción lo bastante notable para lanzarse a la calle y afrontar el tráfico y el caos en la ciudad de México un dos de octubre.

Hay que decirlo: el cantante de Simply Red no es un galán en el sentido más ortodoxo. Su rostro mofletudo no se acerca a los arquetipos que promueve la cultura del video-clip y su cuerpo no arrancaría suspiros si apareciera en la calle con bermudas y playera pegada al torso; de hecho, es tan rollizo que hasta lanzó un inesperado “botonazo” cuando interpretaba “Home”, pero esas características confirman las razones del éxito y perennidad de Hucknall ante los oídos de sus devotos y devotas: el amor sublime no es privilegio de los hermosos, sino de aquellos que saben rebozar las palabras adecuadas con miel y con una pizca de estilizada urgencia carnal.
Dada esa premisa, no resultó extraño que “It’s Only Love” la dedicara el cantante a la memoria de un hombre que con su voz y su compromiso innegable por crear piezas para hacer el amor se ganó el corazón de millones de escuchas en todo el mundo: Barry White (1944-2003). Y no es que el Mick El Rojo aspire al trono vacante del autor de “You’re the First, the Last, My Everything”, pero es innegable que sabe cómo conseguir que las letras melosas lleguen como olas a los oídos y por extensión a las caderas de un público que no vino precisamente a permanecer sentado. Y para que esa marea sea constante, el pelirrojo se acompaña por músicos que no sólo moldean con fidelidad sus grandes éxitos, sino que le dan a cada tema una pátina incendiaria que garantiza que ni aun con los temas más lentos el ánimo conozca al reposo.
Dejando espacio para que sus compañeros de escenario luzcan en modosos solos de saxofón (Ian Kirkham), flauta (Chris De Margary), trompeta (Kevin Robinson) y guitarra (Kenji Suzuki, el único que se deschongó como si de un Simply Red Hot Chili Pepper se tratara), el cantante ejerce una labor de director tan discreta que en realidad parece que él únicamente está allí para dejarse arropar por esos ritmos y armonías que lo mismo echan mano del ayer —“Thrill Me”, “A New Flame”—, que de Home, su más reciente álbum, donde Hucknall, sin empacho, continúa abrevando del pretérito lo mismo con una impecable versión fotostática de “You Make Me Feel Brand New”, que The Stylistics hicieron célebre en 1974, o bien recurriendo a “I Can’t Go for That (No Can Do)”, pieza de Hall & Oates de 1981, que ha empleado como modelo para hacer de “Sunrise” una loa a la belleza femenina y que en vivo se oye más sugestiva gracias a los coros de Sarah Brown y Dee Johnson.
Se dice que la música debe estar dirigida a tres zonas: la cabeza, el corazón y las caderas; la de Simply Red omite de manera decidida a la primera porque, dada la historia de rompimientos y separaciones de Hucknall, no es saludable que la razón se monte en los sentimientos. Pero además, huelga señalarlo, ninguno de los asistentes le reclamaría al cantante esa decisión.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Durante 90 minutos el conjunto dejó en claro que en estos tiempos de malicia y molicie, el contoneo compartido con la persona que está en la butaca al lado es un privilegio porque esa actividad resalta las virtudes (así se tengan dos pies izquierdos) y oculta los rasgos más ordinarios, ésos que acechan al día siguiente, cuando después del beso de buenos días se recuerdan las incidencias del concierto o cuando se advierte el número telefónico que una persona —desconocida al inicio del recital y ya amiga al final del mismo— apuntó en tu boleto. Y es que de un concierto de Simply Red, lo saben sus admiradores, es difícil salir solo o abandonado. 

Un insospechado don Juan
A pesar de que su voz es casi meliflua y de que sobre el escenario se comporta de una manera abiertamente amanerada, durante poco más de una década Mick Hucknall adquirió en el Reino Unido —aunque usted no lo crea— la poderosa imagen de Casanova que no sabía de humildad y sí, en cambio, disfrutaba al pavonearse ante los medios con sus proezas y actitudes que hoy, en mundo saeteado por la pandemia del sida, se antojan francamente temerarias.
Es bien sabido que la prensa amarillista británica emplea como carne de cañón las acciones y declaraciones más íntimas de los famosos, pero a finales de los ochenta el caballero de crespa y roja melena se regodeaba en narrar sus proezas íntimas a los tabloides con todo lujo de detalles. Así, los lectores ávidos de chismorreo se enteraron que Hucknall evitaba el uso de preservativo, de que se autodefinía como un “bon viveur y una máquina de hacer el amor”, de sus excesos etílicos que culminaban en reuniones de tres en el lecho (“Cuando has consumido cuatro botellas de champaña y son las cuatro de la mañana, ¡no te importa nada! Lo único que deseas es divertirte...”, declaró Hucknall a una revista musical británica en 1998 con ganas de justificar a su pasado) y del encanto que veían en él mujeres afamadas lo mismo en el deporte (Steffi Graf), el cine (Catherine Zeta-Jones, Brigitte Nielsen), la música (Kim Wilde) y las pasarelas (Kathy Lloyd).
Evidentemente el carisma de Mick Hucknall tiene como cimiento la edulcorada música de Simply Red, mas como el buen pícaro caballero que es, su encanto lo ejerce aun cuando no está sobre un escenario; de ahí que lo mismo la fallecida Lady Di declarara que el mancuniano era su cantante favorito, o la actriz porno Lindsey Dawn Mackenzie dijera maravillas de él.
Hoy, a sus 43 años y después de un par de relaciones que fueron más allá de la epidermis y le rompieron las ilusiones, Hucknall es un hombre que ejerce la discreción de manera más sensata y ya no alimenta con facilidad a los sabuesos de la prensa. No hay moraleja en esta historia, sólo la certeza de que muchos que cantan acerca del amor logran ser “vistos” con los oídos y con el corazón. Todo un privilegio. (J.Q.)

Programa
Home Loan Blues
Lost Weekend
Night Nurse
Never Never Love
Home
A New Flame
It’s Only Love
You Make Me Feel Brand New
Something For You
Stars
Fake
Come To My Aid
Thrill Me
Right Thing
Something Got Me Started
Holding Back The Years
Money Is  Too Tight To Mention
Fairground
Sunrise

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