miércoles, 8 de octubre de 2003

Los Temerarios: Antropología a ritmo de cumbia

Foto: Colección Auditorio Nacional

8 y 9 de octubre, 2003 / 14 843 asistentes
 / 2 funciones / 2:30 hrs. de duración

Patricia Ruvalcaba
Entre las variadas formas de ser que conviven en este enorme país, la que corresponde al sector popular urbano y suburbano es una de las más vastas, sólo por el tamaño de esa población. Allí no hay ningún temor a la estridencia sonora o visual, ningún rubor para andar en bola, ninguna limitación para compartir. Por el contrario, parece haber un regusto por el colorido intenso y sobrecargado, por ser multitud, por la presencia numerosa de los niños, por la abundancia que cobra forma cuando todos ponen un guiso o un refresco sobre una misma mesa. Todo esto, bajo la mirada vigilante y respetada de las matriarcas.

Si alguien conoce hasta el tuétano estos usos y valores, son los gruperos auténticos quienes sin proponérselo, practican una suerte de antropología a ritmo de cumbia. En la vertiente romántica de este género, Los Temerarios son los amos indiscutibles. Nacidos y criados en Zacatecas, formados musicalmente en bodas, bautizos y fiestas de quince años, conocen las flaquezas sentimentales de su gente, así como el tono correcto de los azotes –según se trate de despecho, abandono, celos, culpa, traición o ruptura- y de las celebraciones íntimas –enamoramiento, promesa o reconciliación. Y en ésta, su quinta presentación en el Coso de Reforma, como promoción de su disco reciente, Una lágrima no basta (2002), confirmaron que siguen de pie en la cima.    

“Nacidos del sueño de un ángel, sus canciones no tienen fin… De Fresnillo para México… para ti…¡Los Temerarios!”, gritaba una voz en off mientras las cinco pantallas gigantes mostraban imágenes galácticas y la música anunciaba una explosión estelar. Había terminado un preludio de 20 minutos a cargo del joven y vigoroso pianista, Giovanni Vivanco, con rolas de sus padrinos y covers de music hall y rock. La gente –familias y más familias- dejó de hablar sobre las novedades en Big Brother y La Academia: estaba ansiosa. Luces espectaculares y un sonido explosivo se fundieron con una gigantesca ovación de bienvenida. Allí estaban Adolfo Ángel, el Temerario Mayor (teclados, composición y dirección musical), Gustavo Ángel, el Temerario Menor (vocalista y guitarra), Fernando Ángel (bajo), Karlo Vidal (batería) y Jonathan Amabilis (percusiones). Sencillos, sin un gramo de estoperoles, tranquilos, con una serenidad que contrastaba con la estrepitosa presentación.
“Tu infame engaño”, “Cómo quisiera volver” y “Mi vida eres tú”, abrieron el encuentro, coreadas por un público que se entregó desde el primer acorde. “Abran su corazón al amor, para que ésta sea una noche romántica, nostálgica, llena de recuerdos”, dijo Gustavo, al saludar. Adolfo agradeció la presencia de la gente, dado que, reconoció, “éstos no son escenarios naturales para nosotros”. Tras saludar a su madre, a la parentela presente y a algunos amigos –entre ellos la conductora de tv Paty Chapoy-, se alternaron temas con toques de cumbia o rock pop, baladas rancheras, baladas sin apellido, o simplemente rancheras, en la aguda voz de Gustavo. No hubo pierde, el público se las sabía todas, y había una atmósfera de gran abrazo, de unión. Los videoclips, unas cuantas mamparas en el escenario y un modesto juego de luces, fueron un complemento discreto.  
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Quedó claro que el guapo e inteligente Adolfo y el fresco y gracioso Gustavo, se reparten equitativamente, sin rivalidades, piropos y gritos femeninos. “¡Gracias, gritonas!”, diría Adolfo por ahí. En perfecta sincronía, ambos lideran el grupo y mantienen el tono familiar del ambiente. Un pequeño exabrupto del percusionista, quien pregonó “paz, amor, igualdad y ¡que viva el sexo!”, fue disuelto hábilmente por el Temerario Mayor: “Ah, qué Jonathan, siempre con mensajes positivos. ¿Verdad que parece roquero?”. Fragmentos de “A.D.O.” (del Tri), “La Negra Tomasa” y “A mi manera” fueron un breve divertimento, antes de regresar a la temática amorosa y despedirse con “Vivo enamorado de ti”, “Sí quiero volver” y su clásico “Mi vida eres tú”, dejando en estado meloso a sus miles de seguidores.

¿Lobos con piel de oveja?
Sobre el escenario parecen inofensivos, tímidos, un tanto demasiado bien portados. “¡Es hora de que estos Temerarios se vayan a hacer la meme!”, dijo Gustavo en la despedida del concierto. Uno se los imagina formaditos en sus camas, calientitos, con un té preparado por mamá, entre pecho y espalda. Pero Los Temerarios, y aquí sí hacen honor a su nombre, tienen muchos desos. Con más de 20 años en el show business, 23 discos, ventas millonarias y casi todos los premios a que pueden aspirar, (excepto el Grammy, al que sólo han sido nominados), fueron el primer grupo de su género en entrar a escenarios como el Manhattan Center, Radio City Music Hall o el propio Auditorio Nacional. Son también agresivos empresarios, dueños de una cadena de empresas de entretenimiento, de una compañía disquera (AFG Sigma Records) con oficinas en México y EUA, así como de estudios de grabación y editoras musicales. Por si fuera poco, expertos en manejar multitudes: 130 mil asistentes aquí, 100 mil allá, 80 mil acullá. De hecho, ante estos bailes masivos podría pensarse que el foro de Reforma, con sus 10 mil asientos les resulta poca cosa, pero el Auditorio da un brillo que ningún otro foro en el país puede dar, y estos muchachos tan lo saben, que se han dado el lujo de pulirse aquí ya cinco veces.  (P. R.)

Programa
Tu infame engaño
Cómo quisiera volver
Mi vida eres tú
Ya me voy para siempre
Una tarde fue
Ven, porque te necesito
Botella envenenada
Una lágrima no basta
Te quiero
Acepta mi error
Camino de Guanajuato
Caminos de Michoacán
Eres un sueño
Mi secreto
Te hice mal
Es ella la causa
He intentado tanto, tanto
A..D. O.
La Negra Tomasa
Como te recuerdo
Comer a besos
A mi manera
Enamorado de ti
Sí quiero volver
Como tú
Mi vida eres tú

Los Temerarios en el Auditorio

1993 Función a beneficio del Congreso de Médicos Mexicanos Unidos en contra de la guerra nuclear, 4 y 5 de septiembre.

1995 Entre lobos y lunas, 24 al 26 de febrero: 24 231 asistentes.

1996 Camino del amor, 14 y 15 de junio: 18 335 asistentes.

2001 Baladas rancheras, 20 y 21 de octubre: 19 179 asistentes.

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