viernes, 3 de octubre de 2003

La Ley: Como un ídolo del rock…

Foto: Colección Auditorio Nacional

Libertad / 3 de octubre, 2003 / 8 796 asistentes /
Función única / 3hrs. de duración

Francisco Martínez Negrete

Hierático como una esfinge, la greña alborotada y desigual (en extremo cuidada para lucir el más definitivo look punk), gafas oscuras, saco negro, entallada camiseta, pantalón de tubo, la bota plataforma… carita de ángel caído, esmirriado, derrengado, malicioso y enormemente sexy Beto Cuevas conforma a la perfección la imagen un tanto cliché del ídolo pop por antonomasia. Entre sus antecesores estarían Bowie, Rod y el Rey Lagarto, pero su estilo —definitivamente ochentero, entre darketo light y new romantic— es más sedado, más delicadamente sensual y se nota en el trabajo de su voz, en su elasticidad de tenor que parte del gutural ronroneo gatuno hacia una luminosa, aguda e hiriente explosión sonora que combina idénticas porciones de sensualidad y dolor para incidir, rebanar y extasiar los dulces corazones de las miles de chavitas que se han venido para estar con él, para vibrar con él, para comérselo enterito con la mirada y ser transportadas por esa voz a ese íntimo lugar donde sólo caben dos: él y ella. En cuanto a los chavos, también parecen sucumbir al arrobo, hechizados por su andrógino carisma.

Y es que la banda mayoritaria que ha acudido al regreso de La Ley al Auditorio Nacional de México para presentar su más reciente álbum: Libertad, difícilmente frisa la treintena. Conforman una compacta unidad extremadamente sensible a cada uno de sus desplantes, y capaz de un entusiasmo rayano en la histeria que recuerda al de las juventudes hitlerianas o al de las sesenteras en los albores de los Beatles. Tal es el magnético poder de seducción que ejerce el ídolo sobre la generación siguiente. Un poder sin duda peligroso: “Más allá”, uno de los temas más sonados del álbum, fue compuesto por Beto en colaboración con el talentoso Desmond Child a la memoria de una chavita chilena de 15 años llamada Sara quien se suicidó, en los años 90, al pensar que no podría conocer personalmente al cantante. “Conocernos a nosotros es mucho más fácil que quitarse la vida. Somos agradecidos con las muestras de cariño, pero también olemos mal si no nos bañamos”, repusieron los muchachos a la prensa. Cierto, son seres humanos como cualquiera, aunque, como consumados magos de la plástica, eso sea lo último que busquen proyectar en escena.

Los españoles Juan Aguirre y Eva Amaral telonean el concierto. Él, la lira electroacústica, ella, voz robusta y temperamental en sentidas endechas al amor apasionado: “Moriría por vos”, “Sin ti no soy nada”… Apabullados por la rugiente enormidad del Coso y con tan sólo su desnudo talento salen a darlo todo. La banda admira su valor y los arropa en una cálida ovación, la primera de muchas esta noche. Toca el turno a La Ley y la ovación se torna catarata. Beto, al centro, guitarra en mano; Pedro Frugone a su derecha en la lira, y al fondo Mauricio Clavería en la bataca conforman el corazón del grupo. Los acompañan un bajista, un tecladista y dos nenas: Bibi de Los Ángeles, mulata de fuego, a la izquierda en la segunda guitarra y Vero de Chile, al fondo derecho, en los coros. “Libertad”, rola que da nombre al disco inicia la andanada:  En la oscuridad no hay paz/ no puedo ver/ me tropiezo con la hostilidad/ no sé muy bien/ si hay que esperar la luz o enfrentarse… Sintomáticas, sus letras reflejan la atribulada confusión de los tiempos presentes para desembocar en un lamento que es también un vago anhelo: Libertad/ yo quiero libertad/ libertad/ tan sólo libertad… y los chavos, de volada, lo vibran y hacen suyo.
Beto deja la guitarra y entona dos baladas, la ya clásica “Mentira” y la nueva “Más allá”, plegaria dedicada a la chica suicida para “que pueda ascender al plano que le corresponde y no quede condenada a quedarse en este mundo por haber hecho algo tan fuerte como eso”. Más allá/ espero un sol que me llevará/ sin temer volar/ donde un sueño es realidad… entre acordes postbeatlescos incide el estribillo: ante la desesperación, la rola plantea la esperanza, aunque ésta se encuentre más allá de esta vida. “Evolución”, con su ritmo funky y más pesadón (pop pesado podría ser buen término para definir eso que hace La Ley) aterriza a la chaviza del ensueño. Beto se anima y empieza a hacer de las suyas: el pasito militar que tan bien le sale, la patadita karateca… y Bibi —la angelina guitarrista de enorme greña afro— lo secunda corriendo por el escenario y prendiendo al personal que se levanta al requinteo furioso de Pedro Frugone. Mientras tanto las luces son un agasajo: rojas, moradas, rosas, ambarinas… La Ley es sin duda uno de los grupos de rock que mejor calibra estos detalles en sus presentaciones en vivo: su iluminación, digna del más espléndido fashion show, es siempre soberbia, cosmética, efectista: nos transporta del mismísimo infierno ubicado en el centro de la tierra a la profundidad azul del mar que convierte al Auditorio en  audiacuario, y puede, por los más intrincados vericuetos del claroscuro, introducirnos al mudo blanco y negro de una película contrastadamente antigua ante la explosión de energía sónica que caracteriza a la banda.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
De entre las nuevas prende “Ámate y sálvate” con su claro mensaje personal: En la sombra del dolor/ cae el cielo sobre el suelo/ la respuesta de ese cambio/ eres tú… y el personal asiente porque suena actual y chido y neto, y si no la aclara por lo menos evidencia la confusión reinante. Luego de “Dios/Eros” Beto se cambia la camiseta por una a rayas rojas y negras de marinero surrealista salido de la pluma de Jean Cocteau y dos chavitas a mi lado se abrazan y balbucean: “Lo amoooo”, “Es un diooos”. Pero escenas bélicas, Hitler y Pinochet iluminan la pantalla  y “Actos de guerra” no se hace esperar con su ritmo ominoso, tremendista, y su intención de repudio. “Mi Ley”, “Aquí” … la fiesta sigue, la prendezón aumenta y, conforme avanza el concierto, La Ley y su grey se vuelven una sola. Su disquera les entrega un reconocimiento por las ventas alcanzadas, y tras “Sur azul” —una deliciosa balada— Beto se va dejando a Mauricio en un picudo solo de bataca. En medio de la ovación regresa la banda y Mauricio presenta a sus hijitas  —“el futuro artístico”— que saludan al respetable. Como botón de oro, con una hiperkinética versión de “El duelo” La Ley se despide luego de hacerse valer (respect, es la palabra) entre la receptiva y entusiasta apreciación de los chavos.

Los primeros de la Ley
Primeros integrantes: Andrés Bobe, guitarra; Rodrigo Aboitiz, teclados; Shia Arbulu, voz, en Santiago de Chile, 1987. La española Shia regresa a su país dejando el puesto que ocupará Beto Cuevas. Al grupo también se aúnan Luciano Rojas en el bajo y Mauricio Clavería en los platillos.
Primer disco: Desiertos, de 1989, del que se editaron 500 copias, obra de culto hoy practicamente inconseguible.
Primera deserción: Rodrigo Aboitiz abandona el barco en 1991.
Primer éxito: Doble Opuesto, de 1991, los lleva al festival de Viña del Mar y a la notoriedad en su natal Chile.
Primer batazo internacional: La Ley, de 1993, con el que conquistan México y toda Hispanoamérica. MTV los nomina por “Tejedores de ilusión” como Mejor Video Latino.
Primera tragedia: La muerte de Andrés Bobe, en su motocicleta, en Santiago de Chile, 1994.
Primer disco in memoriam: Invisible, de 1995, dedicado a Andrés Bobe cuyo lugar en la lira ocupa hasta la fecha Pedro Frugone.
Primera migración: a la Ciudad México, su “casa” y centro operativo desde 1995 hasta el año pasado.
Primer cambio radical de estilo: Vértigo, de 1998, cuyo espíritu tecno y futurista lo diferencia del trabajo previo de la banda.
Primer Grammy: para Uno, del 2000, obra que marca la madurez del grupo, galardonado como Mejor Álbum de Rock Alternativo.
Primer chapuzón al desenchufe: el multi galardonado La Ley Unplugged (Grammy como Mejor Álbum Vocal Rock de Grupo, dos MTV Awards como Mejor Artista de Rock y Mejor Grupo del Año, dos Premios Lo Nuestro como Mejor Álbum de Rock y Mejor Intérprete de Rock, etc.) en el que destaca una exquisita versión de “El duelo” con la mexicana Ely Guerra.
Primer hit del nuevo álbum: “Más allá”, compuesta por Beto con Desmond Child, a quien se deben rolas como “Vive la vida loca” de Ricky Martin. (F.M.N.)


Programa
Grupo telonero: Amaral
Moriría por vos
Te necesito
En sólo un segundo
Sin ti no soy nada
Salir corriendo

La Ley:
Libertad
Mentira
Más allá
Y los demás
Prisioneros de la piel
Delirando
Ámate y sálvate
¿Sabes quién eres?
Día cero
Hombre
Animal
En casa
Mi ley
Aquí
The Corridor
Just Another Dreamer
Paraíso
Fuera de mí
Cielo Market
El duelo
Tejedores de ilusión

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