miércoles, 22 de octubre de 2003

Jarabe de Palo: Todo me parece bonito

Foto: Colección Auditorio Nacional

Gira Bonito / 22 de octubre, 2003 / 5 341 asistentes / 
Función única / 2 hrs. de duración

Rodrigo Farías Bárcenas
Llegamos al Auditorio Nacional con una clara idea de lo que podría suceder esta noche gracias al disco más reciente de Jarabe de Palo. En la portada vemos al fundador de la banda catalana, Pau Donés, con medio rostro cubierto por  la fotografía de una enorme boca sonriente. Abajo de ésta, impreso en la playera roja que viste el cantante, sobresale una palabra como lema: Bonito, a su vez título del tercer corte que dice así: "Bonita la paz, bonita la vida, bonito volver a nacer cada día. (...) Bonito, todo me parece bonito".

El sonido ambiental impregna el ambiente con el reggae de Bob Marley, que nos introduce poco a poco en esa vibra positiva. Se apagan las luces y una breve cita de Beny Moré abre paso a "La Plaza de las Palmeras". Sobran las explicaciones. La campaña promocional previa a la presentación se basó en un enfoque positivo, preparando el terreno para un concierto en la misma tónica. Cansado de la abrumadora información que según él reduce lo que pasa en el mundo a sus aspectos desastrosos, Donés se propuso interferir en esa oscura red informativa con un código optimista que refleja sus ganas de vivir. La canción transcurre con un ritmo trepidante, describiendo un lugar habitado por los más diversos personajes y en el cual "siempre hay vida, de día y de noche, de noche y día".

Los músicos proyectan una gran vitalidad -que mantendrían a lo largo de la sesión- con su ejecución, llena de coloridas armonías y percusiones palpitantes.
Después de tan elocuente apertura nos propinan otro rotundo manifiesto. Si el primero es a favor de la vida, el segundo reivindica el mestizaje cultural. "En lo puro no hay futuro", proclama la letra con ripiosa convicción, invitándonos a imaginar, entre otros cuadros contrastantes, a un payo que canta bulerías acompañado por un negro de Chicago.
Tal es la  premisa, "la pureza está en la mezcla". Y el concepto del concierto se basa en desarrollarla con sencillez, asumida en la actitud y representada por la vestimenta -tenis, jeans y camiseta. La producción no es más  que la necesaria para hacer lucir la música: una diestra sonorización y un diseño de luces más efectivo que deslumbrante.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Donés provoca un griterío unánime cuando dice: "Gracias por venir a este concierto en el que sobre todo hay alegría", como preámbulo a su pieza más conocida, "La Flaca". No tardamos en llegar a otros puntos climáticos con "Pura sangre" -dedicada a Compay Segundo-, "Dos días en la vida" -a la memoria de Celia Cruz- y "Depende". Mientras tocan uno cae en la cuenta de lo mucho que ha trabajado Jarabe de Palo para ocupar este foro. Empezó hace cinco años en lugares con mucho menor capacidad (Hard Rock Live). Luego llenó el Teatro Metropólitan y después les aplaudieron en el Zócalo capitalino. El Auditorio Nacional, sin embargo, se ve medio lleno o medio vacío, "depende, todo depende".

Hay que bailar
Tras haber escuchado los cuatro compactos del sexteto, hoy por hoy uno de los principales exponentes del rock español, el cronista esperaba un espectáculo poderoso y pleno de exuberancia sonora. A decir verdad, la bien fundada expectativa se cumplió durante el  primero tercio del concierto, basado en una persuasiva mezcla de géneros. En esta parte los músicos elaboraron un llamativo bordado, con gruesos y consistentes hilos de rumba, son, blues y rock, bien entrelazados con otros más sutiles pero no menos fuertes de samba, bossa nova, reggae o country.
Pero esa tendencia no se conservó en los dos últimos tercios, dominados por un manojo de baladas radiables. Cuando Pau Donés interpreta "Completo incompleto", pulsando su acústica en la comodidad de una silla de madera, surgen los primeros indicios del peso que tuvo la inclinación por complacer al público con un set de éxitos.
La gente brinca de entusiasmo cuando suenan, en distintos momentos, "Como peces en el agua" o "Bonito", con su pegajoso estribillo. La cálida voz del cantante surte especial efecto entre las chavas. En el palco de prensa, una reportera le comenta a otra refiriéndose al de la voz: "Mira qué guapo, se parece al George Michael de imagen desaliñada".
El personal se revela más que contento, pero una canción tras otra, quienes no somos parte de la legión de fans, debemos esperar momentos más interesantes musicalmente hablando, como aquéllos de la reflexiva "Camino", el tono oscuro de "Bosque de palo" o el cierre con "Las cruces de Tijuana",  corrido que habla de los migrantes que mueren al intentar pasar la frontera.
Valió la pena, a pesar de todo. La banda logró su propósito: cautivar composición mediante, sin distraer con artificios espectaculares. Su inicial forma de moverse, tan concentrada que rayaba en la seriedad, se suelta poco a poco hasta convertirse en una dinámica manifestación de gozo. En esa gran sonrisa de los músicos se adivina que se van con la certeza de haber hecho efectivo su pensamiento: "Cuando el viento va en contra, hay que bailar". (R.F.B.)


Programa
La plaza de las palmeras
En lo puro no hay futuro
Aun no me toca
La flaca
En conexión
Pura sangre
Dos días en la vida
Cambia la piel
Completo incompleto
Como peces en el agua
Ying yang
Corazón
Depende
Camino
El lado oscuro
Bonito
Bosque de palo
Grita
Palabras que se esconden
De vuelta y vuelta
Tiempo
Las cruces de Tijuana



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