jueves, 18 de septiembre de 2003

Pablo Milanés: La palabra, antídoto contra la herrumbre

Foto: Colección Auditorio Nacional

Concierto sinfónico / 18 de septiembre, 2003 /
 7 651 asistentes / Función única / 2 hrs. de duración

Jesús Quintero
La nostalgia por los tiempos idos puede parecer, en primera instancia, el responso de quien se quedó en el mero intento y no pudo transitar del sueño a la praxis. Pero después del concierto de Pablo Milanés en el Auditorio Nacional –el quinto consecutivo desde 1999-, la nostalgia exhibió otra acepción: la certeza de que el tiempo no puede cubrir de herrumbre los ideales, siempre y cuando una voz, una frase, los haga latir en consonancia con el espíritu.

Afines en su sentir, el público y Pablo (que a un amigo no se le llama con apellido) se reunieron para charlar del pasado, de fluir del tiempo, de la impronta que éste deja en el amor, de la felicidad tan parecida a la paz y de Cuba, de esa Cuba que para el compositor y sus más de siete mil amistades que acudieron al encuentro es orgullo y devoción.

Mas para que la cita tuviera una atmósfera diferente, el autor de “Acto de fe” vistió sus palabras con el ropaje de la Orquesta Sinfónica Nuevo Milenio, constituida por músicos de varias regiones del orbe y dirigida por Enrique Pérez Meza (titular de la Orquesta Sinfónica de Cuba), además del apoyo rítmico y armónico de su conjunto habitual, guiado por Lázaro Gómez.
No se trató, sin embargo, de que las cuerdas sustituyeran a la voz ora melancólica, ora amorosa de Pablo. Más bien estuvieron allí para enfatizar las frases que liberó durante la charla; para dotar de levedad las preguntas que hacía acerca de las mujeres que un día sus manos acariciaron y hoy, alejadas, son fantasmas inaprensibles; para subrayar la búsqueda, en el horizonte, de la isla de Utopía.
Un día antes del concierto, en la conferencia de prensa, Pablo sentenció que su tarea no comprende apologías absolutas al régimen de su patria: “En Cuba hay muchas cosas buenas y otras malas, como en otros países. Por eso me quedo en Cuba, la critico y sigo siendo revolucionario. (...) Tengo el deber de denunciar las cosas que se hacen mal. (...) No digo que no me traiga uno que otro problema, pero lo hago y me siento orgulloso”. Y para demostrar la congruencia entre el decir y el hacer, durante el concierto interpretó dos temas que han de incomodar al absolutismo más erosionado: “Éxodo”, que presentó de la siguiente manera: “Esta canción está dedicada a los cubanos que viven en otro país. Pretende ser un puente entre nosotros”. Y en los siguientes minutos, sin reproche alguno, se cuestionó sobre el paradero de los amigos que ayer eran sus vecinos: “¿Qué les pasó?, ¿qué les sucedió?, ¿a dónde se fueron?”... La segunda fue “El pecado original”, que ofreció al movimiento gay mundial y advierte a quienes reprueban a hombres y mujeres por sus predilecciones íntimas: No somos dios,/ no nos equivoquemos otra vez... La sinceridad de su decir no sólo dio frutos de simpatía entre sus escuchas, sino que demostró que Pablo sabe del mundo, de sus cambios, de sus reclamos.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Pero en un recital del autor de “Cuando te encontré” no sólo hay espacio para la reflexión, sino para la cadencia que semeja arena sacudida por una ola. La conjunción de cuerdas con metales, teclados, percusiones y voces festivas consiguió que “Yo no te pido” y “Son para despertar a una negrita” recordaran a los asistentes la amplitud de los registros que Pablo maneja con holgura desde 1965, cuando se dio a conocer con el tema “Mis 22 años”, interpretada por Elena Burke.

Tu canción, mi decir
Si un poema es de quien lo lee, las canciones —no está de más recordarlo— son de quien las canta, las incorpora a su educación sentimental y las proyecta silenciosamente hacia el ser cuya presencia provoca una sensación única. Pero el momento sublime de esa entrega se da cuando el receptor es quien las escribe y se da cuenta de que ha dado voz al sentir de miles. Esa emoción, que mucho tiene de ofrenda y agradecimiento, estuvo presente en el diálogo entre Pablo y sus confidentes. Con “Yolanda”, “Para vivir” y “El breve espacio”, la historia privada de siete mil almas se hizo pública sin restringir su carácter íntimo. Y el autor, convertido en escucha, no podía sino sonreír, comprensivo, ante esas confesiones que eran personales en cada boca y colectivas al musitar: ...suele ser violenta y tierna/ no habla de uniones eternas/ mas se entrega cual si hubiera sólo un día para amar.
La memoria es compromiso, es puerta que no se debe cerrar. Y porque el once de septiembre de 1973 está vivo en el recuerdo de quienes, estupefactos, se enteraron por la prensa y los noticiarios de la muerte del presidente chileno Salvador Allende, Pablo, ante de levantarse y despedirse de sus amigos, les pidió recordar, con “Yo pisaré las calles nuevamente” (escrita en 1974), que las canciones pueden ser, desde su aparente humildad, deseo y presagio. (J.Q.)

Programa
Hoy la vi
Te quiero porque te quiero
No vivo en una sociedad perfecta
Yo no te pido
Cuanto gané, cuánto perdí
Días de gloria
En saco roto
Éxodo
Mi nostalgia
De que callada manera
La soledad
Mírame bien
Son para despertar a una negrita
Identidad
La felicidad
Canto de la abuela
El amor de mi vida
El pecado original
La vida no vale nada
Homenaje
Años
Para vivir
Yolanda
El breve espacio
Yo pisaré las calles nuevamente
Yo no te pido

Algunos de sus amigos e intérpretes
Ricardo Arjona (La novia que nunca tuve)
Ana Belén (Día de Reyes, Tengo)
Lucecita Benítez (Llegaste a mi cuerpo abierto)
Mili Bermejo (De qué callada manera, Identidad) 
Soledad Bravo (La vida no vale nada, Pobre del cantor, Si el poeta eres tú, Su nombre puede ponerse en verso, Son para un festival...)
Elena Burke (Ámame como soy)
Carmela y Rafael (No hacen falta alas)
Francisco Céspedes (La felicidad)
Alberto Cortez (Juegos de muerte)
Gal Costa (Ámame como soy)
Issac Delgado (Cuando lejos estás inalcanzable, a novia que nunca tuve”, Son de Cuba a Puerto Rico)
Raúl Di Blasio (Años, Para vivir)
Vicente Fernández (Yolanda)
Fher de Maná (Si ella me faltara alguna vez)
Juan Formell y Los Van Van (Proposiciones)
Charly García (Los años mozos)
Illapu (Yolanda)
Eugenia León (se sabe muchísimas...)
Tania Libertad (El primer amor, Yolanda)
Ivan Lins (Sandra)
Armando Manzanero (Para vivir)
Mijares (El breve espacio)
Nana Mouskouri (Yolanda)
Marco Antonio Muñiz (El amor de mi vida)
Milton Nascimento (Canción por la unidad de Latinoamérica, La soledad)
Fito Páez (Sábado corto)
Pandora (Para vivir)
Guadalupe Pineda (A caminar, Yolanda)
Silvio Rodríguez (Yolanda)
Joaquín Sabina (La Magdalena)
Simone (Yolanda)
Mercedes Sosa (Años)
Caetano Veloso (Comienza y final de una verde mañana)
Víctor Manuel (Amor, Años, El breve espacio, De qué callada manera, La vida no vale nada, Para vivir, Parque Berlín, Pobre del cantor, Sube al desván, Tengo, Yolanda, Yo no te pido, Yo pisaré las calles nuevamente...)



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