viernes, 15 de agosto de 2003

Yuri y Mijares: Nueva mancuerna artística

Juntos por primera vez / 15 de agosto, 2003 / 7 091 asistentes / 
Función única / 3:30 hrs. de duración

Patricia Ruvalcaba
¿Puede una artista sobresaliente retirarse de los escenarios y volver por sus fueros años después? La moneda está en el aire, pero se puede afirmar que el concierto ofrecido por Yuri y Mijares tuvo como atractivo principal el retorno de la veracruzana. La combinación, probada antes en Guatemala, donde resultó exitosa, fue muy inteligente. Ambos cantantes tienen afinidades estilísticas y voces excepcionales, aun cuando las diferencias de personalidad son notorias. Ella es estruendosa y colorida; él, más bien sosegado y discreto. Mientras que la carrera de ella ha estado marcada por violentos cambios de timón, la de él ha sido un ejemplo de 18 años de disciplina y estabilidad. Así pues, el capital de Mijares puede ser un puente seguro para una estrella que resurge y que conserva sus atributos. En todo caso, de la mano, ambos salen ganando. 

Y el público también: hombres y mujeres, treintañeros o cincuentones, por lealtad o por nostalgia, acudieron numerosos al coso de Reforma para recibir un espectáculo generoso. En las butacas había un bullicio parecido al de esas fiestas de reencuentro con ex compañeros de secundaria: ¿Cómo se verán juntos? ¿Cómo vendrán vestidos? ¿Habrán engordado?...

Yuri inició la velada con “Qué te pasa” –uno de sus éxitos señeros—, ataviada con un curioso atuendo: boina, minifalda escocesa y botas puntiagudas. Lucía algo titubeante al comenzar su baile, pero desde la primera palabra entonada quedó claro que su voz conserva el timbre, la educación y la potencia de antaño; el público la recibió con entusiasmo. Siguió Mijares con “Soldado del amor” y luego ambos con “Te quiero así”. “Nos da mucho gusto a La Güera y a mí que nos acompañen en este día tan especial”, dijo él, a manera de saludo. El concierto siguió esa lógica: una sección para ella, otra para él y luego una de dúos, en exacto equilibrio amistoso; a viejos éxitos masculinos como “No se murió el amor” y “Bonita”, seguían otros femeninos como “No puedo más” y “Hombres al borde de un ataque”, para luego conjuntar talentos en conocidos cobres: “Para decir adiós”, “La bella y la bestia”... El material de estreno estuvo a cargo de Yuri quien presentó algunas piezas de su nuevo disco Enamorada (2002), como “Ya no vives en mí”. Habrá que esperar para la próxima el material del cd número 14 que el llamado Rey de la noche está a punto de lanzar.
Del romanticismo a la alegría, entre baladas, boleros, canción ranchera, merengue y rock, la emoción del público fue creciendo, mientras Yuri acumulaba seguridad en sí misma. Si bien los once músicos y los tres coristas resultaron siempre solventes, al cuerpo de baile le faltó ensayar las coreografías un tanto desactualizadas y la ecualización falló por momentos. Pero, con una escenografía sencilla –pantallas textiles con formas caprichosas en el fondo del foro—, lluvia de confeti y serpentinas, videoclips, la irrupción de un grupo de motociclistas, ambientes vaporosos, juegos de luces y ocho cambios de vestuario de la jarocha –vampiresa, roquera, charra y motociclista, entre otros— se conformó una producción que bien valió la pena.                   
Hacia la mitad de la velada, todo mundo estaba a tono para el momento estelar. Sólo faltaba un chispazo, y llegó, con “Maldita primavera”, que tras ser coreada íntegramente, detonó una ovación cargada de afecto para La Güera, cuyas cuerdas vocales, habituadas a los incidentes, se quebraron, como quien dice, y lloró. “Yo pensé que iba a chillar hasta el final”, consiguió articular. “La verdad los extrañaba mucho, y quiero decir que ese cariño bien especial en mi vida y en mi carrera me ha hecho regresar, pero para no irme nunca más”. Se armó porra que rezaba “¡Yuri, Yuri, se ve se siente, Yuri está presente!”. Ella agradeció el apoyo de familiares y amigos y habló un instante con Dios para lo mismo. 
A más de dos horas y media de concierto, Mijares y su popurrí de canciones de José José fueron recibidos por un público ya plenamente cálido y aplaudidor. “¡Arriba, Manuelito! ¡Qué bárbaro!”, decían. En su siguiente turno, la jarocha interpretó una versión cachonda de “Oso Panda”, aquél primer hit, y sacó del olvido “Aire”. En plena comunión y para terminar en fiesta tropical, los amigos ofrecieron a dúo “La vida es un carnaval”, trayendo inevitablemente el recuerdo de la recién fallecida Reina de la Salsa, y luego “Amalia Batista” y “Son de la loma”. 
Sin duda, a once años de su primera vez en el Auditorio y tras su reciente participación en el último concierto de Celia Cruz en este foro, Yuri parece haber logrado un retorno muy favorable a los escenarios, que ahora tendrá que sostener con arduo trabajo. Mijares, padrino generoso de este renacimiento estelar, confirmó su paso firme de todo un habitué del Coso , y lo que ya puede ser su lema: más vale trote que dure… 


Yuri: entre vírgenes y perdidas
A fines de los años setenta, la industria del espectáculo descubrió a una adolescente dulce, carismática y dotada de una voz excepcional. Aunque Yuridia Canseco Valenzuela (Yuri) tenía 15 años cuando grabó su primer LP, Oso Panda (1979), algo conocía del show business pues había sido cantante en su natal Veracruz y cursado hecho estudios de ballet. El éxito le llegó muy rápido: cuatro años después, era una de las primeras figuras del pop juvenil latino con proyección internacional. Giras, programas de televisión, premios (OTI, Antorcha de Plata, nominación al Grammy...), todo se sucedió en cascada. A fines de la década de los ochenta, cuando las artistas mexicanas aún se dividían en vírgenes y perdidas, la jarocha, que militaba en el bando de las vírgenes estrechamente vigilada por su madre, cortó de tajo el cordón umbilical para convertirse en rebelde. Cambió moños y holanes por shorts y escotes, de manera que enseñaba más que las vírgenes aunque menos que las perdidas; adoptó coreografías sensuales, habló sin rubor sobre sexo, confesó que se había implantado senos artificiales y posó semidesnuda para una revista para caballeros. Hoy parecen travesuras fresas, pero en esos ayeres de provincianismo concentrado, tales provocaciones le valieron el título de La Madonna Mexicana, aun cuando siempre se mantuvo en el filo de la navaja, con un tacón de chica mala y otro de hija de familia. 
A mediados de los noventa, con una carrera rutilante que incluía experiencias como actriz de cine y televisión o conductora, volvió a dar un giro que muchos consideraron una regresión: en una repentina, desconcertante y poco rentable conversión espiritual cristiana, se volvió una especie de cantante predicadora, y su antigua estrella se apagó poco a poco. Ahora vuelve a sorprender a sus jubilados fans con su disco número 19, Enamorada, que incluye desde baladas hasta bachata y dance electrónico, aun cuando las letras suenan a adolescencia tardía... (P.R.)

Programa
Yuri: 
Qué te pasa

Mijares:
Soldado del amor

Dueto:
Te quiero así

Mijares:
No se murió el amor
Que nada nos separe

Yuri:
No puedo más
Yo te pido amor

Mijares:
Bella
Bonita

Dueto:
Para decir adiós

Yuri:
Baile caliente
Maldita primavera
Ya no vives en mí

Dueto:
La bella y la bestia

Mijares:
El breve espacio
Yo sin ti
Faltas tú
Si me dejas ahora
Me quieres o me olvidas
Desesperado
Preso

Yuri:
Aire
Popurrí de baladas
Hombres al borde de un ataque

Dueto:
Cuatro veces amor

Mijares:
No hace falta
Uno entre mil
El privilegio de amar

Yuri:
Detrás de mi ventana
Oso Panda 
Popurrí: Contigo en la distancia / Sin ti / Como yo te amé
Todo mi corazón
Kimbara kimbara

Dueto:
Para amarnos más
La vida es un carnaval 
Amalia Batista
Son de la loma

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