sábado, 30 de agosto de 2003

Óscar Chávez: Una Luna por lo olvidado



No acabarán mis flores...no cesarán mis cantos / 30 de agosto, 2003 / 
9 590 asistentes / Función única / 3:00 hrs. de duración

Mariana Norandi
Cuando se quiere pintar al mundo de un solo color, cuando la gente pone su mirada en las modas clonadas de los países más desarrollados y se olvida de la tradición, existen personajes que, al margen de lo que marcan las tendencias generales, persisten como estacas en su propia convicción. Oscar Chávez es uno de esos autores que ha hecho de sus canciones, y de la música tradicional mexicana, un arma de resistencia contra las injusticias sociales y la globalización. Sensible a su entorno, tenaz en su trabajo de investigador musical, ha rescatado de los más recónditos lugares del continente latinoamericano y de tierras mexicanas, canciones olvidadas por los nuevos tiempos. Piezas que, si no fuera por su valiosísima labor, pasarían a ese estadio de la memoria popular escrita en papel mojado. Profundamente enamorado de la canción popular, gran conocedor de sus raíces, ha desempolvado huapangos, sones, valses, boleros y corridos; tangos, milongas, chamamés, coplas, sones montunos, cumbias y guarachas, que nos recuerdan la complejidad y riqueza de nuestras tradiciones. En reconocimiento a esta labor admirable, el año pasado se le otorgó una muy merecida Luna del Auditorio en la categoría de Investigación y recuperación. 

En 2003, Oscar Chávez cumplió su sexto año consecutivo en el Coloso de Reforma, colocándose entre los más constantes en este foro. Y es que, a estas alturas, un músico como él no necesita respaldarse en el lanzamiento de un nuevo disco o en algún acontecimiento social para cantar: su audiencia lo espera siempre y con la sala repleta. 

Acompañado por el inseparable trío Los Morales, ocupó su silla, fijó la mirada en su atril y comenzó a cantar. Inició con los célebres versos del poeta Nezahualcóyotl “No acabarán mis flores…no cesarán mis cantos”, que dan título al recital y reflejan el espíritu crítico y rebelde del cantautor. Mientras se terminaba de llenar el recinto (muchos llegaron tarde, por algún contratiempo citadino), y como quien quiere dar una sorpresa o presentar algo especial, Chávez preguntó: “¿Están todos?.. La letra de esta canción, que es de origen norteña, la escribió un gran amigo que acaba de fallecer: Vicente Garrido”. De manera emotiva, como si estuviera presente al gran compositor, interpretó el vals “Dios nunca muere”. Este momento solemne se rompió con la parodia política denominada “Benito”. Con la imagen del héroe patrio en las pantallas de video entabló un diálogo sarcástico donde lanzó una profunda crítica al gobierno foxista y alabó el pensamiento de Juárez. Nos gobiernan curas pederastas y pendejas monjas (…). Benito tú eres la crema y nata, tú eres la pura neta (…). 
Cuando todavía no cesaban las carcajadas del público, Los Morales se retiraron para ceder el ruedo al piano de Enrique Neri, el bandoneón de César Olguín y el contrabajo de Víctor Flores. La cadencia triste del tango dio paso a momentos poéticos y melancólicos: “Canción para Matilde” (con versos de Pablo Neruda y música de Astor Piazzola), “La señorita muerta”, “Milonga triste” y, entre otros, “Ciudades perdidas”, poema argentino que habla de la miseria que existe en las ciudades latinoamericanas.
Del Cono Sur regresamos a Oaxaca, con el guitarrista juchiteco José Hinojosa, quien demostró un extraordinario dominio de su instrumento e impresionó con su magistral estilo. La interpretación de “La llorona” y “De Cuba para La Habana” dejaron claro que entre México y La Isla las distancias musicales son aún más estrechas que las geográficas.
La siguiente parte del concierto tuvo como protagonistas a dos instrumentos de la música veracruzana: la jarana y el requinto jarocho, a los que se les rindió homenaje. “Lo que vamos a hacer ahora tiene un afán didáctico y es que en nuestra tradición musical existen instrumentos insólitos”, dijo Chávez. “La iguana”, con su voz profunda y el requinto de Héctor Morales, resultó un dueto muy original ya que, difícilmente, el requinto jarocho aparece como instrumento único en una canción. Tras los aplausos, Chávez quiso subrayar el talento del intérprete: “el que quiera aprender a tocar un instrumento así tiene que tocar ocho horas diarias durante cuarenta años”. Otro tanto de admiración provocó el hermano Julio Morales con su jarana, en la  interpretación de “Arrancazacate y toro”.
Tras un descanso de veinte minutos, llegaron los temas que la gente siempre quiere oír como “Sandunga”, “Macondo”, “Por ti”, “Hasta siempre”...  Cuando el ambiente estaba bastante encendido, aparecieron tres guitarristas argentinos –Delfor Sombra, Carlos Porcel Nahuel y Bocha Maza- con canciones como “A una paloma blanca”, “El prisionero” o “La eterna pregunta”. Pero Chávez no se podía despedir sin sus Morales. Así que el trío recuperó su lugar de honor para resordar sones veracruzanos a los que el Chávez añadió décimas de sátira política. Los continuos viajes presidenciales, el vacío de poder, la primera dama, la maestra Elba Esther Gordillo o el tráfico de influencias fueron algunos de los temas parodiados que hicieron reír a los presentes. Tras el viejo bolero cubano “Qué importa”, Óscar Chávez desapareció, y por mucho que la gente pidió otra, no volvió a salir. Quien lo admira, volverá puntual a la cita que es ya costumbre. 

Entrevista exclusiva con Óscar Chávez
La canción política y la caricatura. Realmente, estoy siguiendo una tradición equivalente de la caricatura de Rius y todo el movimiento portentoso que tenemos de caricatura. Nunca ha dejado de ser importante y fuerte este género en México. La pretensión de este tipo de canciones es manejar también el sarcasmo, la ironía, la ira, el enojo, la burla, todo se saca a través de una ranchera... La idea es que sean caricaturas verbales. Tratar de rescatar la picardía, el humor con el que los pueblos se desquitan de sus malos gobernantes, es algo que no todo el mundo se avienta a hacer. El riesgo permanente de la canción política es que es muy efímera, en general. Buscas un hecho, un personaje, y ya cuando sacas el disco pasaron tantas cosas que a lo mejor pierde sentido; pero hay que hacerlas.  
Carrera y fama. Igual pasas sin pena ni gloria. Uno se dedica a trabajar y las cosas se van dando. Han pasado muchos años. Para cualquier gente de las que nos dedicamos a este tipo de manifestación, hay años en que las pasas terrible. Pero ya lo sabes, no hay queja, sabes que la batalla es ésa. No puedes esperar esa imagen del éxito ultratelevisiva.  
El renacimiento de lo mexicano. Es un poco sorprendente, pero qué bueno, el trabajo no ha sido en vano. Hay sectores de la juventud que se empiezan a interesar otra vez por el pasado, por lo que sucedió antes. Como que la música se recicla. Como he tenido la suficiente terquedad para seguir dando lata, por ahí me topo con los jóvenes: qué bueno. Eso me provoca, en el sentido productivo, me induce a hacer cosas para estar a tiempo con la muchachada, me refresca, me revitaliza. (por P.R.H.)


Programa

con el Trío Los Morales:
No acabarán mis flores
Dios nunca muere
Benito

con Olguín, Neri  y Flores:
Canción para Matilde
La señorita muerta
Ciudad perdida
Y (piano solo)
Milonga triste

con Hinojosa:
La llorona
De Cuba para la Habana

con Los Morales:
La bruja
Cuando salgo a los campos
La iguana (solo de requinto jarocho)
El arrancazacate  (solo de jarana)
El coco

con Hinojosa:
La sandunga
Xquenda

con Delfor, Bocha y Nahuel:
Los hermanos
El prisionero
La eterna pregunta
La cautiva
A una paloma blanca

con Los Morales:
Johnny López
Paisa
Te dejo
Árboles de pirul  (solo de arpa)
Por ti
Hasta siempre
Entre viajes y placeres
Macondo
Mariana
Perdón

Músicos acompañantes

Voces, requinto jarocho, requinto y bajo:
Héctor Morales

Voces, jarana, acordeón y bajo :
Julio Morales

Voces, guitarra, bajo sexto y arpa:
Carlos Morales

Bandoneón:
César Olguín 

Piano:
Enrique Neri

Contrabajo:
Víctor Flores

Guitarras:
José Hinojosa
Delfor Sombra
Carlos Porcel Nahuel
Bocha Maza 

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