domingo, 17 de agosto de 2003

Órgano Monumental Del Auditorio Nacional: Conocimiento, técnica y expresividad


Festival Internacional / 17 y 24 de agosto, 2003 / 
5 560 asistentes / 2 funciones / 2 hrs. de duración

Juan Arturo Brennan
A estas alturas, ya no es novedad ver el Auditorio Nacional lleno cuando se presentan espectáculos populares de gran arraigo, que es la mayoría de las veces. Sin embargo, sí tiene algo de especial (y muy satisfactorio) ver a varios miles de personas darse cita en este gran recinto para asistir a sesiones dominicales de música de órgano. Eso fue lo que sucedió en el reciente y exitoso Festival Internacional protagonizado por el Órgano Monumental del Auditorio Nacional. Una vez más, para dos conciertos de características poco usuales, se dio cita un público variado y heterogéneo en el que, según la lógica, imperaron de manera general los adultos y, en particular, los no pocos aficionados a la música de órgano que no suelen tener muchas oportunidades de escuchar un instrumento con las cualidades del OMAN.

Los dos recitales de este Festival Internacional tuvieron como cualidad principal el representar propuestas radicalmente distintas entre sí, y si fuera necesario describirlo de la manera más escueta posible, habría que decir que el primer concierto resultó muy instructivo, y que el segundo fue muy divertido.

En la primera sesión del Festival Internacional se presentó el organista italo-argentino Giorgio Carnini con una sólida propuesta tradicional: sólo música de Juan Sebastián Bach. Debido a la constante actividad que se desarrolla en el Auditorio y a la falta de tiempo para programar adecuadamente la registración del órgano, el maestro Carnini debió cancelar un par de obras del programa propuesto, pero las que quedaron cumplieron con creces la expectativa de escuchar a Bach en un espléndido instrumento. Entre las muchas cualidades exhibidas por Giorgio Carnini en sus versiones de Bach, tres fueron especialmente apreciables: la claridad, el balance y el conocimiento estilístico. Claridad para articular cuidadosamente cada nota con su justo valor, y así evitar que la enorme sonoridad del OMAN y las características acústicas del recinto hicieran confuso el discurso musical; balance sonoro evidente, sobre todo, en el uso preciso del pedal, evitando que una excesiva potencia se “comiera” el sonido de los manuales del instrumento; conocimiento estilístico para diferenciar la expresividad en las ejecuciones de las obras sacras y las profanas. Después de sus disciplinadas y poderosas ejecuciones de Bach, Carnini obsequió al público con unas enérgicas variaciones improvisadas (a la usanza de los organistas de antaño)  sobre un tema propio, de inconfundible sabor pampeano y con ciertos puntos de contacto con la música de otro gran argentino, Alberto Ginastera.
Al domingo siguiente, la asistencia del público fue aún mayor para escuchar el concierto ofrecido por Alex Méndez (organista titular de la Basílica de Guadalupe) y el Ensamble de Metales Teotihuacan. La alternancia de piezas para órgano solo, para metales y para la combinación de ambos, junto con un repertorio mitad clásico y mitad popular, generó un justificado entusiasmo en la audiencia, que tuvo ese día la oportunidad de calibrar lo eficaz de la fusión sonora de los metales con el órgano, explotada por los compositores desde el período barroco. Y fue precisamente la música barroca la más abundante en el programa, a través de obras de Vivaldi, Händel y Charpentier. Los clásicos estuvieron bien representados por el Rondó a la turca de Mozart, los románticos por Wagner y su Gran Marcha de Tannhäuser, y el gran repertorio específico de órgano quedó a cargo de la Suite gótica de Leon Boëllmann. Particularmente en esta obra quedó demostrado que la Basílica de Guadalupe tiene a un excelente organista titular en la persona del maestro Alex Méndez. Uno de los momentos más atractivos del concierto fue la ejecución que hizo de su propio arreglo a un sensual tango de Scarpino y Scarella. Más allá de la lúdica sorpresa que representa escuchar un tango tradicional tocado en un instrumento monumental, muchos de los asistentes comprendieron que, después de todo, el mecanismo productor de sonido de un bandoneón y el de un órgano no son muy distintos. 
Hacia la parte final del concierto, el ensamble Teotihuacan terminó de echarse al público a la bolsa con la brillante ejecución de sus arreglos al Danzón No. 2 de Márquez, el infaltable Huapango de Moncayo y el Son de la negra de Vargas y Fuentes. El corbatín de mariachi (compartido jocosamente por Alex Méndez) y el sombrero típico dieron color y ambiente festivo a esta última parte del programa. Como era de esperarse, la euforia producida por estas obras mexicanas de fuerte raíz popular provocó que el público pidiera una y otra vez la presencia en el escenario de los ejecutantes. Las piezas que ofrecieron fuera de programa resultaron igualmente atractivas y, hasta cierto punto, inesperadas: jacarandosos mambos del legendario Dámaso Pérez Prado, que fueron palmeados, cantados y coreados por el numeroso público cuya presencia demostró que, con artistas de calidad, programación y difusión adecuadas, el festival resultó un vehículo perfectamente viable y exitoso para dar a conocer al melómano aficionado este portentoso instrumento cuya restauración, conservación y promoción es uno de los grandes aciertos del Auditorio Nacional. Si no, que lo digan los numerosos inquietos, que apenas terminados los mambos postreros del segundo concierto ya preguntaban cuándo sería el siguiente. 
Esa comprensible ansia de escuchar más música con el OMAN fue paliada, al menos parcialmente, por un grato acontecimiento: en estas presentaciones, se puso a disposición del público un disco compacto recién salido del horno, con música de Bernal Jiménez, Bach, Noble, Widor, Villaseñor, Scarlatti y Walther, interpretada en el OMAN por su titular, el maestro Víctor Urbán, con la colaboración de la Orquesta Sinfónica Carlos Chávez, bajo la batuta de Juan Carlos Lomónaco. Por cierto, los miembros del Ensamble de Metales Teotihuacan rindieron un merecido tributo al maestro Urbán en agradecimiento a su apoyo decidido y constante. Seguramente, a la luz del éxito de estos dos conciertos, Urbán debe estar planeando ya la el siguiente festival, en el que sin duda también habrá sorpresas musicales para un público ávido y cada vez más numeroso. (J.A.B.)

Ensamble de Metales Teotihuacán
Ramón Meza, director
Silvestre Hernández, corno
Olimpo Pineda, trompeta
Anastasio Meza, tuba
Edmundo Romero, trompeta
Héctor Pineda, percusiones

Como su nombre bien lo sugiere al melómano atento, el Ensamble de Metales Teotihuacan tiene –como grupo y en la persona de cada uno de sus ejecutantes- una estrecha relación con diversas instituciones musicales del Estado de México. Entre sus miembros se encuentran profesores del Conservatorio de Música del mismo estado con sede en Toluca, así como instrumentistas de la Orquesta Sinfónica del Estado de México. También cuenta con profesores de la Escuela Nacional de Música e integrantes de la Orquesta Filarmónica de la UNAM y de la Orquesta Sinfónica Nacional. Un aspecto interesante de esta agrupación es que las labores de arreglo y adaptación de varias de las piezas son realizadas por varios de sus miembros. Este año, dieron a conocer un disco compacto que contiene una interesante combinación de arreglos de obras clásicas y populares, varios de los cuales se incluyeron en el presente recital. (J.A.B.)

Alex  Méndez
Nació en la ciudad de México y se inició en la disciplina de varios instrumentos a la edad de cinco años. Cursó sus estudios de órgano en la Escuela Superior de Música Sacra Cardenal Miranda y obtuvo el diploma en piano en la academia del Maestro Federico Schaffenburg a los 18 años. En 1967, siendo discípulo del mundialmente reconocido maestro mexicano Jesús Estrada, obtiene el diploma en órgano. Ese mismo año es becado por el Instituto Pontificio de Música Sacra Cardenal Miranda para realizar durante cuatro años un postgrado en el Pontificio Instituto de Música Sacra de Roma. En el Conservatorio de Santa Cecilia en Roma obtiene la maestría en órgano y clavecín, teniendo como maestro en ambos instrumentos al gran pedagogo Ferruccio Vignanelli. En 1972 Alex Méndez inicia una gira internacional por las principales ciudades de Europa, Japón, Norte, Centro y Sur América. Es llamado, a partir de 1973, a ocupar el cargo de organista titular y custus organis de la Basílica de Guadalupe, puesto que actualmente ocupa. (J.A.B.)


Programa del 17 de agosto

Giorgio Carnini, organista 
Música de Johann Sebastian Bach

Preludio y fuga en Do menor, BWV 546
Coral Von Gott will ich nicht passen, BWV 658
Preludio y fuga en La menor, BWV 543

Intermedio

Preludio y fuga en Re menor, BWV 539
Coral Nun komm, der Heiden Heiland, BWV 659
Preludio y fuga en Do menor, BWV 549
Tocata y fuga en Re menor, BWV 565


Programa del 24 de agosto

Alex Méndez, organista: 
Antonio Vivaldi
Concierto en La menor

Ensamble de Metales Teotihuacan:
W. A. Mozart
Rondó a la turca

Alex Méndez:
Leon Boëllmann
Suite gótica  (introducción)

Alex Méndez /  Ensamble Teotihuacan:
Antonio Vivaldi
Concierto para dos trompetas y órgano

G. F. Handel
Aleluya

Intermedio

Alex Méndez / Ensamble Teotihuacan:
Richard Wagner
Gran marcha de Tanhauser 

Charpentier
Tedeum

Alex Méndez:
A. Scarpino, I. Scarella
Canaro en París (tango)

Ensamble Teotihuacan:
A. Márquez
Danzón no. 2

Alex Méndez / Ensamble Teotihuacan:
S. Vargas y R. Fuentes
El son de la Negra

Pablo Moncayo
Huapango

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