jueves, 21 de agosto de 2003

I Muestra de Música Indígena de Las Américas: Concierto y ceremonia


21 de agosto, 2003 / 5 116 asistentes /
Función única / 3 hrs. de duración

Patricia Ruvalcaba
Las músicas indígenas, tan numerosas, tan dulces, tan cercanas a los ritmos de la naturaleza y a la noción de lo sagrado, ¿pueden competir con la música pop y convertirse en espectáculo de masas rentable, sin degradarse? Por otro lado, ¿podrán dejar de escucharse con paternalismo, piedad o afán dizque antropológico, y valorarse como expresiones tradicionales con alta calidad artística? La I Muestra de Música Indígena de las Américas apostó por un sí a esas y otras interrogantes. En el marco del Decenio Internacional para las Poblaciones Indígenas, decretado por la ONU en 1995, la Muestra es parte de un esfuerzo por difundir la diversidad de cosmogonías del continente, fomentar la unidad indígena y proteger un patrimonio cultural intangible, amenazado por el empobrecimiento de las comunidades y la globalización. Así, ocho representantes de siete países americanos ofrecieron un espectáculo único en su género.  

Lo primero fue agradecer. Todos los músicos participantes, reunidos en el escenario y tomados de las manos, entonaron una  oración “por la unión, la salud y una larga vida”. Con manos entrelazadas, el público, variado y reverente, acompañaba el ritual. Así se instaló la solemnidad que marcó todo el concierto, cuya conducción estuvo a cargo del actor Demián Bichir.  

Abrió boca el Trío Calamares, de extracción lingüística Náhuatl y proveniente de la Huasteca hidalguense. Las cuatro piezas interpretadas, ya dulces o con la picardía del huapango, evocaron los verdores de aquella región, donde el cielo está partido en dos mitades –una de Dios y otra del Malo-, donde se le habla al maíz y los niños maman las espinas con forma de pezón que crecen en la corteza de las ceibas. 
Tocó luego el turno a la etnia Tomáraho, Mbya Guarani (Paraguay), que sobrevive mediante la pesca, la caza, la recolección y una agricultura escasa, en un mundo simbólico basado en un patriarcado feroz. Dos viejos chamanes, con los torsos desnudos y corriosos, adornos de plumas en la cabeza y las muñecas, entonaron varias canciones acompañadas con  sonajas. Danzas sencillas engarzaban los temperamentos de ambos. Lamentos, invocaciones, palabras con sabor antiguo en ritmos apacibles o frenéticos, hipnotizaron a la audiencia quien, respetuosa, dudó en aplaudir o guardar silencio... 
Siguió el grupo Ñanda Mañachi, de la etnia Quechua, de  Ecuador. Seis músicos con traje blanco, jorongo y sombrero negros. Zampoñas, quenas, flautas transversas –consideradas seres hermafroditas— y otros instrumentos de viento elaborados con carrizos, así como las percusiones, son la base de esta música andina alegre y brillante. Provenientes de una región próspera gracias al comercio internacional de artesanías y al turismo, estos artistas han aprovechado la globalización para reconstituir su identidad indígena mediante la profesionalización musical. 
Y llegaron dos enormes y fuertes Lakotas de la tribu Sioux Cheyenne River de Dakota del Sur (EUA). Sentados frente a frente y con un tambor octagonal de por medio, interpretaron canciones hondas y quejumbrosas en las que el instrumento representa el pulso humano y la unidad del pasado, el presente y el futuro.
Manuel Salazar Tezauic, director de la Marimba R’oxomal K’echelaj, hombre menudo y canoso, considerado el máximo intérprete de este instrumento en Guatemala, ejecutó cuatro piezas rebosantes de colorido, como vuelos y gorjeos entre frondas. Era la segunda parte del concierto y el público seguía ceremonioso, prodigando aplausos medidos como para no desentonar con la religiosidad del momento. 
De Venezuela, seis cantantes-danzantes –tres hombres con blusa y taparrabos y tres mujeres con amplios vestidos de colores estridentes- de la etnia Wayú de Maracaibo, interpretaron varias canciones breves, de estructura sencilla y dotación modesta: un tamborcillo acaso. Son canciones con fines específicos: saludar al sol o a la lluvia, lamentar que la hija se haya embarazado antes de tiempo, invitar a beber a los huéspedes... En esta etnia de pastores y artesanos las mujeres tienen un estatuto prominente; de ahí que algunas danzas terminen con el hombre en el piso, doblegado por una o varias de ellas. 
El momento estelar vino del Ártico, con el grupo Throat Singers Inuit Cultural Performers, de Nunavut (Canadá), dos mujeres y dos hombres, ataviados con los pesados trajes de piel que exige su riguroso clima. Fascinado, conmovido, el público presenció cómo ellas se tomaban de los antebrazos y, mirándose muy de cerca, acoplaban sonidos guturales sorprendentes cuyo ritmo iba aumentando. Se trata de cantos breves que reproducen sonidos de animales, fenómenos naturales, herramientas o algún sentimiento. ¿A qué suena el enamoramiento, por ejemplo? Las mujeres inuit, portadoras de esta asombrosa tradición, escenifican una amistosa competencia –mezcla de entretenimiento, transmisión de conocimiento y arte- en la que la primera ejecutante que sonría, pierde... Después interpretaron, junto a los varones, danzas con un peculiar tambor –un bastidor portátil que se percute en el aire. He aquí una comunidad humana tallada por el frío, la oscuridad, el hielo, la pesca y la caza. Por primera vez en la velada, el público ovacionó a los artistas. 
Como cierre, la compañía Yoremem-Mayos de Sinaloa, México, interpretó, entre otras, la Danza del Venado, en la que dos grupos instrumentales tocan simultánea e independientemente. Tambores de agua, raspadores de madera, violines, flautas de carrizo y tambor de doble parche acompañaron los movimientos nerviosos del animal sagrado, personificado por uno de los danzantes. 
Tras recibir una ovación prolongada, respetuosa y cálida,  los artistas de la Muestra compartieron el escenario con la gente, bailando y cantando una alabanza Lakota. ¿Podría aventurarse que el coso de Reforma albergó un momento clave en la construcción de una identidad indígena ya no cerrada y ensimismada, sino abierta al mundo, segura de sí misma, suficientemente sólida como para reafirmarse en medio del tráfico cultural universal, y flexible como para incorporar lo que le resulte útil? (P.R.)

Según la UNESCO, en el planeta hay 80 millones de indígenas pertenecientes a 5 mil grupos. 30 millones viven en Sudamérica, 10 en México y 2 entre EUA y Canadá. Existe un consenso en el sentido de que esas culturas mantienen una relación especial con la naturaleza y con la espiritualidad, y que su música contiene esa relación. 
¿Hay acaso un lenguaje más accesible que la música? Los organizadores de la I Muestra de Música Indígena de las Américas –agrupaciones indígenas, organismos civiles, empresariales y gubernamentales, nacionales e internacionales— consideraron que una reunión entre artistas de la región podría contribuir a un mutuo conocimiento y a fortalecer esas vocaciones. El esfuerzo tiene varios frentes: los dos días previos, se realizó el primer coloquio continental La Música Indígena Hoy entre especialistas y músicos, cuyos resultados, se espera, alimentarán políticas públicas; la taquilla de la Muestra se destinará a la grabación de una colección de discos compactos de música indígena mexicana. Se pretende que el encuentro tenga una periodicidad anual y que a lo largo de varias ediciones cubra el amplio espectro musical de estos grupos en toda América. (P.R.)

Programa
México:
Trío Calamares
Músicos Nahuas del Estado de Hidalgo.

Paraguay:  
Músicos de la etnia Tomáraho, Mbya Guarani 

Ecuador:
Grupo Ñanda Mañachi 
Músicos de la etnia Quechua.

Estados Unidos de América:
Músicos y danzantes  Lakota, de la tribu Sioux Cheyenne River de Dakota del Sur.

Intermedio

Guatemala:
Manuel Salazar Tezauic de la marimba R’oxomal K’echelaj 
Músicos Mayas – Kaqchikeles

Venezuela:
Músicos Wayú de Maracaibo

Canadá:
Throat Singers Inuit Cultural Performers de Nunavut.

México:
Compañía Indígena Yoremen-Mayos del Estado de Sinaloa


Créditos
Conducción:
Demián Bichir

Organizadores:
Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas del Gobierno de la República Mexicana
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes
Centro de Información Naciones Unidas, México
Organización de los Estados Americanos 
UNESCO

Producción:
Talentos a la carta (TAC)

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