jueves, 14 de agosto de 2003

Café Tacuba: Atrevida metamorfosis

Cuatro caminos / 14 de agosto, 2003 / 9 590 asistentes /
 Función única / 2:30 hrs. de duración

Rodrigo Farías Bárcenas
Cuando los integrantes de Café Tacuba emergen, el público que ocupa hasta el último asiento del Auditorio Nacional se pone de pie para brindarles una prolongada ovación. Si los aplausos hablaran, dirían: ya la hicieron. Es un reconocimiento a dos cualidades muy difíciles de conjugar: sentido de evolución estética y naturalidad para comunicarlo. Ocupan su lugar en el escenario con despreocupación, como si fueran impermeables a la cerrada lluvia de elogios. Están en lo suyo, y con eso basta.

La elegida para abrir no es cualquier complacencia, sino un tema nada convencional que de entrada nos ubica en las nuevas coordenadas de un grupo que ha experimentado una metamorfosis atrevida, pausada pero ineludible. Con “Revés” empezamos a recorrer, sintetizada en más de dos horas, una historia de catorce años. 

Entonces, viene el esperado sencillo “Cero y uno” de Cuatro Caminos, su más reciente disco. Le sigue “No controles”, versión por completo recodificada en los términos de un agresivo punk rock de aquella canción prototípica del pop ligero de los ochenta. El cantante Rubén Albarrán se desplaza con ímpetu hiperkinético, envuelto en una vorágine de luces estroboscópicas que agregan al final una contundencia noqueadora. La emoción crece de forma gradual hasta llegar a un primer gran clímax con “Ingrata”, especie de redoba magnificada por un coro de 10 mil voces. Los tacubos ya tienen al público en la bolsa desde hace rato, y por eso nos llama la atención cómo se mantienen ecuánimes y sin ínfulas de estrellato. Están en uno de los mejores escenarios del mundo, sitio al que otros artistas han llegado con demasiado orgullo y triunfalismo. Pero no los de ciudad Satélite. Parece que ésta, su primera vez, fuera como cualquier otra; no por restarle importancia sino porque son sabedores de que sus logros son producto del trabajo. Y se llevan bien con el éxito, sin recurrir a la máscara de la culpa. 
El espectáculo en su totalidad está impregnado de esa saludable falta de pretensión: en la vestimenta, en los recursos de producción –ni modestos ni ostentosos, sino necesarios- y también en la forma de hablarle a los presentes. “Qué chingón se ve todo desde aquí” –exclama Rubén desde la orilla del podio- “todos ustedes parecen aquellos híkuris que nacen en el desierto”. Esta metáfora que sacraliza al personal –recuérdese que el híkuri o peyote es la planta sagrada de los huicholes- surte un efecto estimulante que alcanza una gran intensidad cuando toca el turno a “Esa noche” y “Ojalá que llueva café” (del dominicano Juan Luis Guerra), con una festejada participación del violinista Alejandro Flores.
De la retaguardia del foro surgen sonidos que hasta esta noche habían sido ajenos a los conciertos de Café Tacuba; son las potentes pulsaciones de la batería, en lugar de la caja de ritmos. Su ejecutante, Luis Ledezma, es el portador de la buena nueva: el cuarteto estrena un notable cambio de sonoridad, al agregar la batuca a su dotación regular: teclados (Emmanuel), contrabajo (Enrique) y guitarra (Joselo). Como producto de una sensata tendencia a evolucionar, su lenguaje musical se torna más eléctrico, más sólido y mejor enfocado; alcanza un nivel de madurez único entre los grupos mexicanos.
Mientras Rubén brincotea con el ritmo norteño de “Las persianas”, uno recuerda que en sus inicios los tacubos rechazaban la idea de ser un grupo de rock. Con piezas primerizas como “La chica banda” manifestaban su desacuerdo con lo que según ellos eran tendencias imitativas de los practicantes del género en nuestro país. Incluso exageraron su postura nacionalista incorporando distintas formas de la música popular mexicana –bolero, son, huapango- para acentuar su identidad. 
Hoy, ese grupo al que su gente no deja ir es otro. Tan pronto como suena “Encantamiento inútil”, dando paso al primero de dos encores, el entusiasmo se agiganta dando fe de la capacidad de compenetración que han alcanzado los músicos junto con su replanteamiento creativo como todo un grupo de rock. He ahí sus raíces nacionales equilibradas con lo mejor de las tendencias universales. 
Toca rubricar con “Pinche Juan” en medio de un ambiente de satisfacción plena. Los de Café Tacuba tienen motivos de sobra para estar orgullosos, pero siguen portándose como si nada. Han logrado lo que ambiciona cualquier artista neto: forjar un lenguaje propio para comunicarse con el mundo entero. Cuando hacen una caravana para decir adiós con humildad, uno entiende que han aprendido a dominar ese lenguaje hasta poder transmitirlo con naturalidad, sin las exageraciones nacionalistas de antaño. 

Pilares creativos de Café Tacuba
Los tacubos mantienen una actitud honesta, sencilla y libre de pretensiones. Se aceptan como son, propiciando así, una estimulante complicidad con su público. 
Con modestia, reconocen sus fuentes de inspiración, desde Botellita de Jerez hasta Los Bukis, de Agustín Lara a Eugenia León, pasando por Violent Femmes y The Smiths: “Es posible aceptar cualquier influencia. Lo nocivo es copiar. Es completamente maligno” (Rubén Albarrán). 
Sus principios: no parten de accesorios como el look, las coreografías o los efectos de sonido, sino de la música misma, del ejercicio creativo. 
Su meta: hacer música popular mexicana contemporánea. Se propusieron expresarse como mexicanos, subrayando esta condición, hasta que la gente los entendiera sin reticencias, lo cual ya ocurrió incluso en el extranjero. 
Versatilidad: su identidad no es fija sino proteica, cambia conforme va madurando la concepción que tienen de sí y de su cultura, y por lo tanto de la música. Los distintos alias que adopta el cantante –del primer Pinche Juan al actual Élfego Buendía- representan esta cualidad.  
Su lenguaje surge de la experimentación con diversos géneros musicales de distintas partes del mundo: músicas mexicanas diversas, jazz, bossa nova, rock, y del descubrimiento de sonidos en el estudio, con el apoyo de varios productores. “Si realmente eres universal escuchas música de todas partes y no sólo rock; pero, sobre todo, escuchas música de tu tierra. Me parece lógico”, dice el cantante.  
No menos importante es otra de sus mayores cualidades: reír y saber reírse de sí mismos. (R.F.B.)

Programa
Revés
Cero y uno
No controles
Eo
Amor y dulzura
Medio día
Eres
La dos
Metamorfosis
Alármala de tos
La ingrata
Flores del color de la mentira 
Cuéntame
Esa noche
Tírate
Ojalá que llueva café
La tortolita
El metro
La zonaja
Las flores
Las persianas
Que pasará
Hoy es
Chica banda
Déjate caer
Encantamiento inútil
El baile y el salón
Bar Tacuba
Cómo te extraño
Aviéntame
Olor a gas
Tomar el fresco
Pinche Juan

Discografía
1992 Café Tacvba
1994 RE
1996 Avalancha de éxitos
1999 Réves / Yo soy
2001 Tiempo transcurrido
2002 Vale Callampa
2003 Cuatro Caminos


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