martes, 8 de julio de 2003

Disney On Ice: Historias ancestrales para el mundo moderno

Los Cuentos de las Princesas / 8 de julio al 3 de agosto, 2003 / 
50 funciones / 326 320 asistentes / 2 hrs. de duración

Sofía González de León
¡Ah, los cuentos de hadas! Antes del siglo XVII no estaban destinados a los niños, sino a los adultos, y su función era de suma importancia para lo que hoy solemos llamar salud mental. Desde el advenimiento del racionalismo y la popularización del psicoanálisis, se ha minimizado la influencia que los mitos, arquetipos y leyendas tienen en nuestra psique. De hecho, antes de que tuviéramos una psique, hablábamos de sueños, deseos, felicidad o desventura, simplemente. El término depresión es un fenómeno reciente, producto del mundo industrializado. 

Aún así, en la era de la industria cinematográfica, se han producido fenómenos que vienen a satisfacer, de una manera u otra, nuestra necesidad de fábula y fantasía. Uno de ellos es la obra del primer cuenta cuentos masivo de la historia. Nacido en 1901, fue uno de los pioneros del la mega producción del entretenimiento, y permanece hoy en día como el único ejemplo de cineasta que sigue creando post mortem. Hablamos, por supuesto, de Walt Disney. Genial caricaturista de inagotable imaginación, supo sacar cuantiosos dividendos de la industria fílmica, pero también dio al clavo con algunas inquietudes del inconsciente colectivo. No es coincidencia que su película favorita fuera La Cenicienta (1950), luego de la inicial Blanca Nieves y los siete enanos (1937). Ambas son historias ancestrales, vueltas clásicos para niños por Charles Perrault (siglo XVII) y los hermanos Grimm (siglos XVIII y XIX). Y, ambas son historias de princesas, como las que Disney sobre hielo ha querido reunir para esta ocasión en un solo espectáculo, a manera de nostálgico repaso de varias generaciones educadas bajo el sello Disney.

Y el espectáculo inicia desde la salida del metro y en los estacionamientos del Auditorio Nacional: miles de infantas disfrazadas de colores pastel y con varita en mano acuden fervorosas a presenciar la primera celebración de personajes femeninos que hace la célebre compañía de patinaje. No son menos los pequeños varones, quienes portan con dignidad una que otra espada de caballero andante u objetos que disparan chispas luminosas, y presumen con igual dignidad su pertenencia a la horda de los príncipes. La seriedad de este ritual infantil es subrayada por los incesantes y sagaces comentarios propios de la edad que se escucharán a lo largo de la función. Uno memorable: llega el abuelito y le dice a su hermosa nieta como de siete años, vestida de azul: “¡qué reina tan hermosa!”. La niña, indignada, lo corrige: “Reina, no, prin-ce-sa, abuelo!”. Hasta la duda ofende.
Con la agradecible puntualidad de siempre, entra la clásica rúbrica y tan pronto aparecen los más antiguos héroes de Disney para presentar brevemente la función: Mickey y su novia, Mimí. Antes de que la rápida mente infantil se distraiga, el escenario se ha poblado de personajes de las mil y una noches. Niños y adultos marcan el primer acompañamiento espontáneo con las palmas al compás de la multitudinaria coreografía de apertura. El príncipe Aladino llega sobre un enorme elefante y realiza con gran solvencia y hermosa presencia escénica el primer solo de la noche. Se enchinan los vellitos. Los chicos se emocionan y los grandes no se quedan atrás: quien venga sin ánimo de dejarse llevar por la fantasía, que mejor ni lo intente... Luego viene la primera escena de amor: el viaje en alfombra mágica de Jasmín y su futuro príncipe; primero “suspendidos” en el aire, para aterrizar sobre la pista cubierta de hielo seco, donde bailan como entre nubes. El esbozo recordatorio de este cuento se diluye muy pronto bajo aplausos, para dar paso al número siguiente: La bella durmiente. 
Aquí, al igual que en las seis historias presentadas en la primera parte, se apreciarán escenas clave del cuento. Se hará énfasis en los personajes secundarios casi siempre humorísticos, como contrapunto de los dúos románticos o pasajes trágicos. Todas excelentes narraciones resumidas, nos recuerdan lo esencial de los mitos. Y son memorables todos los números solistas, los duetos de amor con sus figuras de alta dificultad y la coordinación lograda en grupo; como efectos especiales, la alfombra mágica en patines, la rueca de la Bella durmiente que camina sola sobre la pista o los peces fosforescentes bajo el mar de La sirenita. Pero de lejos, los más celebrados siempre salen siendo los más viejos: los enanos de Blanca Nieves; el público acompaña a todo pulmón “Ai-jó, ai-jó, silbando a trabajar...”; y la escena más emocionante es cuando todos los infantes gritan “¡nooooooooooo!” para tratar de evitar que Blanca Nieves muerda la manzana, como cinco veces seguidas.
En la segunda parte, se presenta completo el más aplaudido de los clásicos: La Cenicienta. Hay niños que no quieren abandonar la sala en el intermedio tras el anuncio a cargo del ratón Miguelito, a pesar del argumento del baño o la promesa de los chuchulucos de parte de la parentela. Y no es para menos. La historia está bien lograda, las canciones son buenísimas: no hay quien no recite salacadula machicabula bibidi babedi bú, todo se logra con sólo decir... Las hermanas feas son de caricatura; la Cenicienta y su príncipe, sin duda, los mejor calificados por el público. Pero la mejor parte es la que tienen las elegidas del mini respetable en cada función: a tres niñas se les permite acercarse a la pista para probarse la famosísima zapatilla de cristal. Las que no puedan hacer la diferencia entre realidad y ficción quedarán sin duda traumadas para el resto de la eternidad... 
Se dice que antes que princesas, todos estos personajes femeninos eran representaciones del alma humana. Bajo esta perspectiva, entendemos por qué los cuentos no se dirigen tanto a las mujeres como a la parte femenina de nuestra psique, llamada anima (en oposición a la masculina, animus). Y las malvadas brujas y los encantamientos, más allá de una visión simplista y cotidiana, más allá de la diversión, son metáforas de los obstáculos que el alma enfrenta antes de poder encontrarse a sí misma.  Se trata entonces de antiguos relatos iniciáticos y por ello siguen siendo tan poderosos y nos siguen emocionando. 
Por supuesto que aquí, la forma en que han sido presentados y el profesionalismo de  Disney On Ice son parte de la magia lograda.


Cronología de las Princesas de Disney
1939 Blanca Nieves, basado en el cuento de los hermanos Grimm, es el primer largometraje animado de la historia y el primer trabajo que da a Walt Disney celebridad universal. 
1950 La Cenicienta, tomada de la narración de Charles Perrault, fue el segundo de los mayores éxitos de taquilla en vida del dibujante. Su técnica se torna mucho más elaborada.
1959 La Bella durmiente, aunque no tan taquillera, marca el paso a una nueva etapa en el estilo de Disney. 
1966 Muere Walt Disney.
1989 La Sirenita marca el regreso al mega éxito de los Estudios Disney, luego de estar a punto de quebrar a principios de los ochentas, si no es porque logran una asociación con Stephen Spielberg que los saca de la crisis, con ¿Quién engañó a Roger Rabbit?(1988). 
1991 La Bella y la Bestia es la primera película de dibujos animados nominada al Óscar.
1992 Aladdin es la segunda producción del equipo de La sirenita (con Ron Clements a la cabeza). Los efectos y el ritmo logrados con la tecnología digital son notables.
1995 Pocahontas es una interesante princesa indígena que Disney On Ice ignora para este espectáculo.
1998 Mulan, más que princesa es la primera heroína feminista en la historia de Disney Pictures. (S.G.L.)

Programa
Preludio: El sueño de Mimí

Acto I
1. Aladino
Canciones: Príncipe Ali, Un mundo ideal
2. La Bella Durmiente
 Canción: Eres tú el Príncipe Azul
3. La Sirenita
Canciones: Bajo el mar, Parte de tu mundo.
4. Mulán
Canción: Reflejo
5. Blanca Nieves
Canciones: Canción tonta, Silbando al trabajar, Ai-jó, ai-jó, Cavar, cavar, Una canción
6. La Bella y la Bestia
Canción: La Bella y la Bestia
7. Final 

Acto II
La Cenicienta

Preludio: Tribilín y la zapatilla de cristal
1. El Palacio
2. La Casa de Cenicienta
Canciones: Cenicienta, Canta, dulce ruiseñor
3. Fuera de su casa
Canciones:  Soñar es desear, La canción mágica del  Bibidi-babedi-bú
4. En el baile
Canción: Esto es amor
5. Medianoche
6. La búsqueda
7. El hogar de Cenicienta
Canción: Esto es amor
8. El Castillo en todo su esplendor
9. Gran final

Elenco
Alison Bennett
Robin Sudkamp
Jonathan Poitras
Helena Grundberg
Vyacheslav Chiliy
Inna Ovsiannikova
Cindy Caraos
Sacha LaLonde
Nicolle Williams
Marek Tkacz
... y 58 patinadores más.


Créditos

Producción:
Kenneth Feld

Dirección y adaptación del cuento:
Jerry Bilik

Coreografía:
Tom Dickson y Catarina Lindgren

Vestuario:
Gregg Barnes

Escenografía: 
Eduardo Sicangco

Iluminación:
Peter Morse

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