jueves, 12 de junio de 2003

México Puerta de las Américas: Encuentro de las artes escénicas

Rock México-Estados Unidos. Jaguares y Yerba Buena / 12 de junio, 2003 / 
6 869 asistentes /  Función única / 3 hrs. de duración

Rodrigo Farías Bárcenas
La banda Yerba Buena tiene sus méritos: compositor de prestigio (Andrés Levin), buenos músicos y elogios de la prensa estadounidense. Cuenta con el aval de nuestros organismos culturales más importantes, que la incluyeron en el encuentro México Puerta de las Américas. Pero a los residentes neoyorquinos les toca abrir al principal grupo del rock nacional y, la verdad sea dicha, sufren un inmerecido desdén. En su turno tienen que soportar la exigencia que se repite una y otra vez: “¡Jaguares, Jaguares!...” Así es de implacable La ley del telón. También es cierto que un retraso de casi una hora, no atribuible a los músicos, atiza la impaciencia. Es el primer concierto importante que Yerba Buena da en México, su difusión apenas comienza y el personal los desconoce. Los músicos tienen un reto: vencer esta barrera. Y apenas lo consiguen. 

De entrada, enfrentan una mezcla de indiferencia y curiosidad por su fusión de ritmos afrocubanos, con una maciza base funk. Quienes la encuentran seductora, los menos,  permanecen en su lugar. Los demás aprovechan para comer un hot dog. En el concepto hay variedad de matices sonoros provenientes del rock, el jazz y el hip hop. La idea es del venezolano Andrés Levin, que ha producido o escrito canciones para Carlinhos Brown, Tina Turner, David Byrne, Arto Lindsay, Los Amigos Invisibles, El Gran Silencio, Ely Guerra, entre otros. Resulta interesante, pero comparar a Yerba Buena con Parliament, los jefes del funk, como opina un articulista gabacho, es una exageración.

Transcurre una hora en la que el septeto interpreta temas de su primer  y único disco, President Alien (2003), suficiente para dejar clara su inclinación por los ritmos bailables. Sintonía bien distinta a la de Jaguares. Quizá sea ésta la principal razón del desencuentro con Yerba Buena. Su presencia en este foro fue un éxito de relaciones públicas, pero un fracaso de comunicación con la raza.

Jaguares  produce un cambio radical que lleva, en un santiamén, el ruidoso antro a la euforia de un templo. A Saúl Hernández le basta con  abrazar su guitarra acústica y una sencilla iluminación para concentrar en torno suyo a los cientos de asistentes que estaban dispersos. Al asomarse las primeras notas  de “Quisiera ser alcohol”, el auditorio se aviva con una emoción indescriptible. ¿Qué genera este fenómeno? Es la intención del cantante, su capacidad para llegar al máximo de su expresividad, y también es el poder de provocar en el público una reacción similar, liberadora y catártica. 
Al concluir “Nubes” y ya encausado por completo el vínculo con la audiencia, Saúl lamenta cómo los pueblos van perdiendo su identidad, critica a la institución católica “por distorsionar sus creencias”, y le dedica “Dime jaguar”. Durante el resto de la primera parte, con versiones acústicas de temas que el vocalista compuso en los tiempos de Caifanes, la intensidad emotiva crece poco a poco; cuando llega el turno de “Los dioses ocultos” parece no ir más lejos, pero con los primeros acordes de “La célula que explota”, sucede algo que rebasa cualquier expectativa: la reacción de la raza es tan poderosa que Jaguares deja de tocar. Permanecen quietos, en especial Saúl, que inclina la cabeza como en muestra de veneración por su gente, y suponemos que dejándose llenar de su energía. Así se completa un ciclo comunicativo pocas veces visto en un concierto. Y, siete mil voces se adueñan de la canción y la recrean con el acompañamiento del grupo. 
Jaguares fue incluido en este encuentro, como el resto de los artistas programados, por ser considerados “parte esencial de nuestras culturas”. Quién lo dijera, hace once años no se vislumbraba este logro, cuando el rock fue prohibido en el Distrito Federal por los disturbios que hubo, precisamente, en un concierto de Caifanes...

Inmerso en un clima de euforia, Saúl hace otro paréntesis, ahora para referirse a los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez. Con la seguridad de un líder, pide apoyo para la organización Nuestras Hijas de Regreso a Casa y exige a las autoridades que “no se hagan pendejas” con este problema de repercusión internacional. Mientras más avanza la segunda parte, ya en formato eléctrico, más destaca la presencia de Alfonso André. A pesar de su actitud discreta bien asumida, es claro que el baterista conduce tanto como el cantante. Ambos han compartido el escenario durante casi veinte años, en distintas agrupaciones, hasta lograr una de las mancuernas creativas más importantes del rock nacional. Y entonces sucede en un hecho inusual: Alfonso deja su batería para cantar “Miércoles de ceniza”, uniéndose a Saúl mediante un fraterno abrazo.
El concierto llega a su fin con un incesante crescendo emotivo y dos momentos clave: la emblemática “Mátenme porque me muero” y el remate  con “Afuera”. Esta pieza incluye un pasaje que invoca el espíritu de nuestros ancestros, con un grupo de danza prehispánica y la participación de un extraordinario percusionista que hace vibrar un tambor de gran tamaño. Una gran ovación reconoce la entrega de los invitados. Si ya andábamos entre nubes, con la última nota del cuero percutido se nos abren las puertas del cielo. 

Seis claves para sobrevivir y hacer historia
Entrevista exclusiva con Saúl Hernández  

Transformarse
Jaguares significa una ruptura frente a Caifanes, que le da paso a una nueva ilusión y que implica un recuerdo inolvidable. Se terminó el ciclo de un grupo que dejó un gran experiencia, pero para mí, Caifanes sigue vivo, no murió: se transformó. 
Luchar
Una de mis guías para llevar a cabo esa transformación ha sido no detenerme, no dejar de imaginar, no dejar de bucear en los arrecifes del inconsciente. Cuando se  toca en un país en el que –como ocurría en un principio- te detiene   la tira porque usas el pelo largo, uno aprende a defender lo que tiene y a luchar de otras formas. Mi lucha es esa: seguir buscando, enfrentándome a mí mismo, negándome, contradiciéndome, reinventándome. Esos son los elementos que me dan la pauta para continuar, para seguir la historia.
No temer
Nunca me ha dado miedo lanzarme al vacío. Me preocupaba, más bien, que la caída fuera total. Si me lanzaba, lanzarme en serio. Y me lancé. Entonces, en vez de quedarme en ese pasaje oscuro a ver qué pasaba, llegó un momento de claridad impresionante.
Dar y recibir
Me siento incomodo en plan solista. Yo nací en la tribu, crecí compartiendo. Me gusta dar y recibir. Creo que aunque Jaguares sea mi proyecto, es muy sano trabajar en equipo. Musicalmente hablando me reubica mejor porque hay una posibilidad de experimentación más amplia sólo por compartir. No voy a pagar para que me acompañes. Te estoy invitando a mi casa.
Respetar la tradición
Jaguares viene de una tradición –de la que vienen Briseño o Lora- que consiste en continuar pase lo que pase. Yo seguiré tocando y compartiendo. El jaguar es una imagen que representa una forma de lucha. Esa tradición de la que hablo, definitivamente, la simboliza el jaguar. A quienes nos ha tocado vivirla, somos como somos. Me siento afortunado por haber vivido esa etapa en la que te tienes que partir el hocico. 
Tener identidad
Siempre nos ha interesado mantener una identidad. Hemos conservado una relación con nuestra cultura y su pasado de muchas formas. Pero también reinventamos. Me encanta mezclar la psicodelia, y un poco la locura, en un concepto contemporáneo que conserve la dualidad con el pasado. La dualidad es muy importante en el misticismo de la cultura prehispánica. Contemporanizar lo incontemporanizable me parece maravilloso. (por R.F.B.)


Programa 

Yerba Buena:
President Alien Tour
Wassamatter baby?
Electric Bógalo
La gringa
FIRE  
Rompe el cuero
Solito me quedé
Serenata
Bote, bote va
Guajira
Tu casa, mi casa
Solar

Jaguares:
Quisiera ser alcohol
Nubes
Dime jaguar
La llorona
Parpadea
Los dioses ocultos
Arriésgate
Miedo
La vida no es igual
No dejes que
La célula que explota
Te lo pido por favor
Dime de un amor que no ha sufrido
Cuando la sangre galopa
Como tú
Hasta que dejes de respirar
Miércoles de ceniza
Mátenme porque me muero
Voy a volar
Tu reino
El último planeta
Afuera

Integrantes de Yerba Buena 

Guitarra, electrónicos, md: Andrés Levin (Caracas, Venezuela)
Voz principal: Xiomara Laugart (Habana, Cuba)
Voz: Cucu Diamantes (Habana, Cuba)
Persuciones, voz: Pedrito Martínez (Habana, Cuba)
Rimas, voz: El Chino (Habana, Cuba)
Saxofón, flauta, voz: Ron Blake ((St. Thomas, Islas Vírgenes)
Trompeta, rimas, voz: Rashawn Ross (St. Thomas, Islas Vírgenes)

Esta vez, Jaguares fueron
Voz y letras: Saúl Hernández
Guitarra:  César López Vampiro
Batería: Alfonso André
Bajo: Federico Fong
Armónica y flauta: Jimmy Z. Zavala
Percusiones: Leonardo Muñoz

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