viernes, 20 de junio de 2003

La Oreja de Van Gogh: El lugar especial de la oreja

Lo que te conté mientras te hacías la dormida / 20 de junio, 2003 / 
9 244 asistentes / Función única / 2 hrs. de duración

Sofía González de León
La Oreja de Van Gogh hizo su debut en el Auditorio Nacional tan solo el año pasado, con dos funciones y un público nutrido. De venir a nuestro país sólo lleva dos años, pero han sido suficientes para que el grupo empiece a tener un lugar especial en la audiencia mexicana, más que en otros lugares de América. 

¿A qué se debe esta gran aceptación? Primero, a la simpatía y familiaridad que despiertan sus integrantes; luego, que las letras están en un castellano sencillo y bastante universal, a pesar de acunarse en el rudo País Vasco, tierra de rocanroles rebeldes y a contracorriente; y, por encima de todo, se trata de un estilo que abarca el gusto de amplios sectores adolescentes: una balada romántica, dulce a toda costa, aderezada de sonidos modernos (un poco electrónicos) y de pop, cuya temática casi exclusiva es el amor balbuceante y sus penas más comunes y cotidianas. 

Antes de comenzar la función, el Coso ya está repleto de púberes inquietos que brincotean, aplauden, gritan y rechiflan ante el foro en oscuro. La mayoría viene armada de tripas fosforescentes que compró en los puestos junto al metro, antes de entrar, de manera que hoy son particularmente numerosas las culebritas que se retuercen a lo largo de la gigantesca sala. Al primer indicio de la salida de los músicos al escenario, el griterío se dispara como misil de adrenalina. Amaia da la bienvenida y anuncia la primera canción: “Hola, México, hoy puedes contar conmigo”. Es título de una de las más escuchadas en España, pero aquí, todos se la saben. De hecho, la fanáticada recitará durante todo el concierto y de principio a fin, cada versículo de la biblia de estos nuevos predicadores del pop juvenil del momento. Es un fenómeno sorprendente. Y para los mismos donostiarras, como dijeron en la conferencia de prensa: “El que nos encontremos aquí es a manera de ese sentimiento de deuda que tenemos para con México y es la única forma de pagarles su apoyo”. Ahora se les ve en el brillo de los ojos y las sonrisa perenne. 
La gran mayoría de los presentes son chavitas, pre-pubertas (tan sólo de once o doce años) y pubertas: las mayores, si acaso, pasan a penas de los veinte. Todas van en grupos o en dúos dinámicos, se la pasan saltando y se abrazan en los momentos de más euforia. Lloran, sí, lloran de emoción. En las primeras filas, sin embargo, se mantiene orgulloso un muchacho que se podría nombrar Presidente del club de fans ya que jamás ocupa su butaca, a pesar de la insistencia de quienes se lo piden desde atrás, para poder apreciar las calmaditas desde la comodidad: no cederá en toda la noche. En el balcón izquierdo se arma también un batallón como de ocho niñas que, sin parar, arman figuras colectivas con las susodichas tripas fluorescentes. Amaia lo celebra: “Son fabulosas. Lo que se ve desde aquí, es increíble”. Uy, no lo hubiera dicho. Si antes la veneraban cual figura modelo a imitar, desde la voz tipo infantil pero sexy, hasta la apariencia aventada, sincera y buena onda, ya estuvo que hoy  pasó a candidata del santoral. Pero una de las cualidades de La Oreja es su insistencia en no perder los estribos, mantenerse unidos en amistad y lejos de las tentaciones de la fama y los peligros de la arrogancia; de allí “Pop”, esa canción un tanto ingenua, que hace burla de los divos. Y ésta es de las que pone a bailar a toda la concurrencia con su ritmo pegajoso, y la cantante demuestra su amplio repertorio de pasitos disco. Tras un repaso de los éxitos de sus dos primeros discos, vienen algunas nuevas creaciones. Sorpresa: éstas también se las sabe el Respetable. 
Hacia el final, llega el momento de contacto más cercano y sentimental entre la banda y la marea adolescente. De repente, hay una pausa. Abandonan el escenario. Segundos después, reaparecen: Amaia trae un pastel en las manos que anuncia un número 27. Entonan a la perfección “Las mañanitas” para festejar el cumpleaños de Pablo, el guitarrista. El Coso canta completito. Él, vivamente emocionado, termina: “Gracias a cada uno de ustedes por este día. Este será un cumpleaños inolvidable”. México contesta como en la sala de su casa: “¡Mordida, mordida!...” El vasco parece no entender. En cambio, salen cinco vasos y una botella de champagne de tras bambalinas, y brindan ante todos como buenos representantes de esa España bien reventada y celebradora que cita a cenar a las dos de la madrugada. Ahora se despiden con “Cuídate”. 
Luego de varios minutos de suspenso y de insostenible rechifla, regresan: Amaia se ha quitado la chamarra y suelta con pasión la última tanda: “Soledad”,  “Rosas”,  “París”, “La playa”. “Gracias, México. Nos han tratado muy bien, estamos como en casa. En octubre volveremos a vernos, y es lo importante”. La simpática rubia hace la última entrega no sin mandar besitos e hincarse agradecida. “20 de enero” deja volando a casi 10 mil almas en una nota de despedida un tanto melancólica: ...la madrugada del 20 de enero saliendo del tren /me pregunté qué sería sin ti el resto de mi vida/ y desde entonces te quiero, te adoro y te vuelvo a querer...  

Cronología discográfica
1996 Nace La Oreja de Van Gogh entre cuatro universitarios de la provincia de Guipúzcoa en el País Vasco, con la intención de divertirse y tocar en los bares. Al poco tiempo, se dan cuenta de que necesitan una cantante. Primer golpe de suerte: se topan con Amaia, quien imprimirá el sello inconfundible a su sonido. 
1997 Graban su primer demo con 4 temas, con miras al V Concurso Pop Rock Ciudad San Sebastián. No tienen suerte, pero su nombre se empieza a oír en los medios. Se presentan en otros concursos locales donde obtienen mejores clasificaciones. Graban un primer cd corto, con 4 temas, con la colaboración de la emisora de radio 40 Principlaes.
1998 Tras un año de arduo trabajo, consiguen ganar el primer lugar en el VI Concurso Pop Rock Ciudad San Sebastián. Segundo golpe de suerte: tocan la puerta de Sony y obtienen un contrato internacional y el apoyo de un afamado productor, Alejo Stivel. Graban en Madrid su primer álbum, Dile al sol, con 12 canciones. De la noche a la mañana, son el primer grupo nacional de España, donde el cd se vende como pan caliente.
2000 Con su segunda producción, El viaje de Copperpot, suben el segundo peldaño hacia la fama: es el segundo disco más vendido de la historia de Sony Music España. Pegan duro en toda América, desde Chicago hasta Buenos Aires. México es su plataforma al otro lado del océano. Se habla de ellos como el mejor grupo español luego de Mecano. Ellos mantienen su actitud anti-divos y su solidaridad, incluso ante calumnias de detractores envidiosos que recorren el Internet y los acusan de apoyar a una ONG pro etarra. 
2003 14 temas conforman su tercer álbum, coproducido por el propio grupo y Nigel Walker: Las cosas que te conté mientras te hacías la dormida. Se pronostican altas ventas una vez más. Su próximo cd pretende explorar el universo de la música dance. (S.G.L.)

La Oreja son
Voz:
Amaia Montero

Guitarra:
Pablo Benegas

Bajo:
Álvaro Fuentes

Teclados, programaciones y coros:
Xabi San Martín

Batería:
Haritz Garde


Programa
Puedes contar conmigo
Un mundo mejor
La estrella y la luna
Desde el puerto
Nadie como tú
Soñaré
Geografía
Historia de un sueño
El 28
Vestido azul
Deseos de cosas imposibles
La esperanza debida
Cuéntame al oído
Dicen que dicen
Adiós
Pop
Cuídate
La paz de tus ojos
Soledad
Rosas
París
La Playa
20 de enero

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