martes, 17 de junio de 2003

Ballet Nacional de Cuba: Y el encantamiento se hizo

El Lago de los cisnes / 17 y 18 de junio, 2003 / 6 374 asistentes /
 2 funciones / 2:30 hrs. de duración

Héctor Garay
Si la música de Piotr Illich Tchaikovsky es una de las más inspiradas partituras para ballet que se han escrito, el ballet mismo, El Lago de los cisnes, es uno de los más representados y reconocibles en la historia de la danza, una verdadera joya del repertorio de las mejores compañías del mundo. Una de ellas, el Ballet Nacional de Cuba de Alicia Alonso, pisó el escenario del Auditorio Nacional para entregarnos su versión de esta obra maestra.

Un público muy diverso ocupó tres cuartas partes de la capacidad de este magno recinto. Niñas y jovencitas con esperanzas de convertirse en bailarinas, profesionales de este arte con el simple deseo ver una gran interpretación, familias completas y aficionados esperaban ver un clásico y no salieron decepcionados. Por el contrario, conocieron una de las versiones más originales de esta obra. La que ha imaginado la maestra Alicia Alonso y ha contribuido a su fama de figura mundial, reconocida y querida, todo un símbolo viviente de la danza. Su enorme espíritu se apropió del Auditorio Nacional, cuando el público la miró caminar lentamente del brazo de su marido para ir a ocupar un lugar en la primera fila; aún cuando las luces se habían apagado, la ovación surgió espontánea. Cálido preámbulo para recibir a los bailarines y comenzar con el encantamiento. 

El lago de los cisnes encierra una historia sencilla llena de magia y leyenda, su tema es el amor, un sueño romántico con rostros cambiantes, el de la fantasía y el de la realidad. El príncipe Sigfrido, en edad casadera, rechaza a las prometidas que se le presentan ya que no llenan su deseo del amor ideal. Para distraerse sale de cacería, llega a un lago y ahí conoce a una joven, Odette, princesa convertida en cisne blanco por el poder mágico de Von Rothbart el hechicero. Se enamora de ella y le jura amor eterno. En el castillo se celebra una fiesta en la cual Sigfrido deberá elegir esposa. Luego de un desfile de jóvenes que  ejecutan danzas de sus distintos reinos, aparece un extraño personaje (Von Rothbart disfrazado) quien hace la presentación de Odile, una hermosa mujer (y cisne negro) cuyo rostro enigmático, bajo los poderes de otro embrujo maléfico, recuerda a Odette. Sigfrido, confundido, la pide en matrimonio rompiendo la promesa a su enamorada. Una vez logrado este cruel cometido, el hechicero y Odile revelan su verdadera naturaleza burlándose de Sigfrido. Desesperado ante esta traición, sale en busca de su amada. Hasta aquí, más o menos, la historia en los tres primeros actos como suele representarse. Mientras en algunas versiones el príncipe termina peleándose con Von Rothbart o los amantes mueren para encontrarse en otro mundo, en la del Ballet Nacional de Cuba se da el reencuentro final de los enamorados en el bosque, donde recuperan su cariño. Acto seguido, se rompe el hechizo y todos los cisnes recobran su forma humana. Este final es un signo de la sensibilidad de Alicia Alonso para mostrarnos una historia viva en donde aparecen personajes más reales y vulnerables, enfrentados a las posibilidades del bien y el mal. 
Es un buen ejemplo de una de las mayores virtudes de Alicia Alonso y de por qué es tan admirada en el mundo entero: respeta la esencia de las coreografías originales, pero sabe agregar elementos que las hacen más atractivas al espectador. En el caso de El Lago de los cisnes, son varias las aportaciones. En el primer acto, la fiesta ofrecida a Sigfrido se vuelve más amena gracias a la atmósfera de juego y alegría; en el segundo, el acto más famoso, la coreógrafa lleva a la excelsitud la interpretación de sus bailarines mostrando el estilo y grandeza de su agrupación. Las sutiles y delicadas figuras de las bailarinas transformadas en cisnes nos provocan una gran ilusión y gozo. El último acto, transformado en epílogo, es la expresión del romanticismo puro en el que Alicia Alonso cree y nos hace revalorar hoy en día.
El otro rasgo que distingue internacionalmente al Ballet Nacional de Cuba es, desde luego, su capacidad técnica e interpretativa. Tanto el conjunto como sus primeros bailarines hicieron vibrar a los espectadores. Joel Carreño (como Sigfrido), Viengsay Valdés (como Odette y Odile) y un pulcro cuerpo de baile nos condujeron por la brillantez de un estilo depurado. Las bellas jóvenes cisnes dieron prueba del rigor de su técnica combinada con una sutileza deslumbrante. Los dos protagonistas, además de llevarnos por los senderos de la historia romántica, demostraron la claridad formal de su técnica; en el caso de Joel Carreño, ésta se aúna a su capacidad teatral y en el Veingsay, a un alto virtuosismo. La soltura con que cubre las dos caracterizaciones y los famosos fouettés de la gran coda final, la colocan entre las grandes protagonistas de la historia de la danza que han hecho este papel (Natalia Makarova, Margot Fonteyn y Maia Plisetskaia).
En pocas palabras, presenciamos una gran noche, con una obra que forma parte del acervo cultural de la humanidad y un espectáculo muy completo que tocó profundamente al público, resultado de la dedicación de una excelente compañía y la entrega de una artista, Alicia Alonso, en todo el sentido de la palabra. 

El Lago de los Cisnes 
Coreografía: Alicia Alonso, sobre la original de Marius Petipa y Lev  Ivanov
Música: Piotr Ilich Tchaikovsky
Vestuario: Julio Castaño y Francis Montesinos
Iluminación: Ruddy Artiles

Orquesta Sinfónica Carlos Chávez
Director huésped: Giovanni Duarte

La obra original se estrenó en el Teatro Bolshoi de Moscú, el 20 de febrero de 1877. La segunda versión tuvo lugar en el Teatro Marinski de San Petersburgo el 27 de enero de 1895, con una la recreación de Marius Petipa del primer y tercer actos y la de Lev Ivanov, del segundo y cuarto actos. Alicia Alonso retoma este trabajo sintetizándolo en tres actos y un epílogo. 

Homenaje mínimo
El 21 de diciembre de 1920, en La Habana, nace Alicia Ernestina de la Caridad Martínez y del Hoyo mejor conocida en el mundo como Alicia Alonso, Prima Ballerina Assoluta y Directora del Ballet Nacional de Cuba. Comienza estudiando ballet y teatro en la Sociedad Pro-Arte Musical en Cuba. Más tarde se traslada a los Estados Unidos para continuar su formación. Se inicia bailando en comedias musicales en 1938. Un año más tarde, se integra las filas del American Ballet Caravan, antecedente del actual New York City Ballet. En 1940, se incorpora al Ballet Theatre of New York, año de su fundación. A partir de entonces comienza una brillante etapa de su carrera como intérprete suprema de las grandes obras del repertorio romántico y clásico, al lado de Mijail Fokine, George Balanchine, Leonide Massine, Bronislava Nijinska, Antony Tudor, Jerome Robbins y Agnes de Mille, entre otras significativas personalidades de la coreografía en nuestro siglo. 
Bruscamente, tiene que ausentarse de la temporada de 1941 del Ballet Theatre: la ceguera hace su aparición. Los médicos le diagnostican desprendimiento de retina y le piden completo reposo para no perder la vista por completo. Esta situación le ayuda a apreciar la vida y la danza. Se dedica a repasar mentalmente las coreografías y los personajes. Hasta que un día, con gran fuerza de voluntad y plena convicción, se entrega al baile de nuevo para convertirse en leyenda viva. 
Su preocupación por desarrollar el arte del ballet en Cuba, la lleva a fundar la primera compañía en ese país en 1948: el Ballet Alicia Alonso, desde 1955, Ballet Nacional de Cuba. Comparte sus actividades entre éste y el American Ballet Theatre. De 1955 a 1959 actúa también cada año como estrella invitada del Ballet Ruso de Montecarlo. Es la primera bailarina de occidente invitada a actuar en la entonces Unión Soviética, y la primera figura del continente americano que baila como artista invitada en los teatros Bolshoi de Moscú y Kirov de Leningrado. Durante varias décadas, realiza giras anuales por diversos países de Europa, Asia, América Latina, EUA, Canadá y Australia, y es artista invitada de diversas compañías del orbe. Sus versiones coreográficas de los grandes clásicos son célebres en todo el mundo y forman parte del repertorio de importantes compañías. Es acreedora de numerosas distinciones en el mundo entero. Este año, Francia corrobora la altura universal de esta artista otorgándole la máxima distinción, la Legión de Honor. (H.G.)

Elenco 

Odette / Odile: Viengsay Valdés/ Laura Hormigón
Príncipe Siegfried: Joel Carreño/ Óscar Torrado
Von Rothbart: Miguelángel Blanco y Octavio Martín
Reina Madre: Ivette González
Cuatro cisnes: Idania La Villa, Aymara Vasallo, Dalay Parrondo, Betina Ojeda
Princesas: Karelia Sánchez/ Hayna Gutiérrez, Dalay Parrondo, Aymara Vasallo, Marina Villanueva, Ivis Díaz, Luiva Horta
Danza napolitana: Idania La Villa y Cervilio Amador
Danza española: Laura Hormigón y Óscar Torrado/ Viengsay Valdés y Joel Carreño
Czardas: Hayna Gutiérrez/ Anette Delgado y Joan Reyes
Mazurca: Ariadna Suárez, Gema Díaz, Vilma Machín, Javier Torres, Miguelángel Blanco, Yasser Pajares

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