miércoles, 14 de mayo de 2003

Ballet Kirov: Coreografía moderna con cimientos clásicos


Manon y Romeo y Julieta / 14 al 18 de mayo, 2003 / 
32 730 asistentes / 7 funciones / 3 hrs. de duración

Juan Arturo Brennan
El primero de los dos espectáculos presentados por el excelente Ballet Kirov de San Petersburgo en el Auditorio Nacional fue Manon, una obra relativamente poco conocida coreografiada por Sir Kenneth MacMillan sobre la música de Jules Massenet. A pesar de que, en efecto, no es uno de los más grandes ballets del repertorio, muchos melómanos asistieron con gusto a sus representaciones, conociendo bien el argumento gracias a la ópera homónima del propio Massenet y a la de Giacomo Puccini, Manon Lescaut

Llaman la atención, sobre todo al principio, algunos inesperados toques españoles en la música, más llamativos porque el argumento nada tiene que ver con lo español. En general, la música de Massenet se antoja más cerebral que pasional, más utilitaria que dramática, con algunas excepciones notables. Entre ellas se puede mencionar el fragmento que acompaña el pas de deux entre Manon y Des Grieux, previo a su huída a París al final del primer acto. Otro momento musical muy atractivo en esta partitura se da en el segundo acto, cuando Des Grieux y el villano Monsieur Geronte se pelean por los afectos de Manon, mientras que en el resto de la escena la música se antoja inofensiva. Sin embargo, prestando un poco de atención, se descubre un dramatismo intenso en el profundo e insistente pedal sonoro (encabezado por los contrabajos) que presagia la tragedia. En estos momentos, y en muchos otros, la coreografía de MacMillan, ya plenamente moderna pero con un sólido cimiento clásico, le da a esta versión de Manon una fuerza que, quizá, no tendría por sí sola la música de Massenet. Como ejemplo, cabe mencionar la componente erótica bastante evidente que hay en el cortejo de Manon por parte de Geronte; nada hay aquí de amores platónicos, abstractos y elevados. MacMillan plantea con toda claridad la atracción física del villano por la heroína, y esto imprime a la danza una energía histriónica muy especial.  

Por otra parte, destaca el hecho de que bajo una aparentemente simple y melodramática historia de amor se esconden cosas terribles: la pobre de Manon es usada por todos los hombres que la rodean (al grado de que su propio hermano la vende al mejor postor) y este elemento trágico está muy bien expresado en la gestualidad de Irma Nioradze, solista en la segunda función de esta temporada. 
Desde el punto de vista de esa elusiva (y siempre emocionante) correspondencia perfecta  entre música, coreografía y puesta en escena, uno de los momentos más efectivos de Manon está en las últimas páginas de la segunda escena del primer acto. Cuando Lescaut convence a Des Grieux que es mejor para todos dejar que la heroína se vaya con Geronte, el terrible conflicto de los personajes involucrados se expresa de una manera breve, sencilla, directa y, por ello mismo, mucho más impactante. 
En momentos como este (y muchos otros, aquí y en Romeo y Julieta) los integrantes del Ballet Kirov mostraron que, además de su gran calidad técnica, son muy buenos actores.
En el segundo grupo de funciones, el Ballet Kirov presentó Romeo y Julieta de Lavrovsky y Prokofiev, auténtica obra maestra del ballet de su tiempo, y de todos los tiempos. La historia misma, poblada de arquetipos imperecederos, es de proporciones míticas y resonancias universales, y ha sido glosada, transformada y extrapolada en numerosas ocasiones en prosa, verso, música, danza, ópera, cine, teatro... Aún así, los libretistas de esta versión supieron poner en el escenario lo más importante del original shakespeariano, en una narrativa fluida, atractiva, poderosa, sin costuras ni baches. Llama la atención de manera muy especial la ausencia de tiempos muertos: aun cuando se cierran los telones subsidiarios para permitir los cambios escenográficos necesarios, se guarda siempre una continuidad de música y acción (a veces a través de detalles mínimos pero significativos), que le da a la obra una dinámica excelente.
Si es pertinente afirmar que la partitura de Prokofiev es una de las obras maestras de la historia del ballet (y una de las creaciones más sólidas de su catálogo de composiciones), justo es decir también que la orquesta que acompañó en vivo todas las funciones de la temporada –la Sinfónica de Las Américas, dirigida por Gustavo Plis-Sterenberg- es un ensamble de primera, con calidad, disciplina y una gran intuición para saber cuándo está al servicio del público de concierto y cuándo trabaja para los bailarines.
Otro elemento casi omnipresente a lo largo del ballet, es el ambiente festivo, carnavalesco, de la antigua Verona, representado tanto por las nobles familias de los Capuleto y los Montesco, como por la gente del pueblo. En todos estos bailes y tertulias, los movimientos escénicos del cuerpo de ballet, en apoyo a los bailarines protagonistas, fueron siempre ágiles y naturales. Y como contraparte de este ambiente, el diseño escénico (más histriónico que dancístico) de las procesiones fúnebres de Teobaldo, Mercucio y Julieta, resultaron de una sobriedad y elegancia admirables. Por cierto: si la pareja protagónica de este ballet (Victor Baranov y Zhanna Ayupova) resultó de un alto nivel, sin duda lo mejor en cuanto a la caracterización de los papeles secundarios estuvo en el soberbio Mercucio interpretado por Maxim Khrebtov. Alegre, cínico, retador, socarrón y, de pronto, terriblemente trágico en el momento de su muerte a manos de Teobaldo. Toda esta escena (las muertes de Mercucio y Teobaldo) resultó sin duda uno de los puntos culminantes del ballet. 
Como si hiciera falta, una muestra más de la inteligencia y sensibilidad de Prokofiev y Lavrovsky está en el tratamiento del final de la obra; en el momento de la trágica muerte de Julieta, tanto la música como la coreografía se expresan de manera contenida e interiorizada, y en vez de una gran explosión sonora y un gran gesto de muerte, todo se disuelve tristemente en la nada. ¿Qué manera más efectiva de cerrar esta espléndida versión de un clásico de todos los tiempos? ¿Y qué mejor vehículo para transmitir esta pasión trascendente que un Ballet Kirov en plena forma, a su más alto nivel técnico y expresivo? 

Tres piezas claves del Kirov 
Mahkar Vaziev nace en la ciudad de Alagir, al norte de Ossetia, en las montañas del Cáucaso. A los 13 años es seleccionado por una de tantas misiones de los scouts del Ballet Kirov a través de la provincias rusas en busca de nuevos talentos, y así, abandona a sus padres para dedicarse en cuerpo y alma a la danza. Becado, de 1973 a 1981, cursa sus estudios en la Academia Vaganova, al lado de su gran amigo Farouk Ruzimatov. En 1979, se une al Ballet Kirov. Diez años más tarde ya forma parte de los bailarines principales, y en 1995 es nombrado director, cargo que ocupa actualmente. Destaca su labor de difusión mundial de esta compañía. Del repertorio presentado bajo su mandato, cabe mencionar: de Balanchine, Sinfonía en Do, Serenata, Apollo y Jewels; de Roland Petit, Carmen y Le Jeune Homme et la Mort; de Ratmansky, Le Baiser de la Fée, Poeme de l’Extase, Middle Duo y La cenicienta; de Vikharev, Petrushka, La bella durmiente y El cascanueces; Tres ballets de John Neumeier; además de las magníficas producciones que ha traído al Auditorio Nacional en tres años consecutivos. (S.G.L.)

Leonid Lavrovsky (1905) es uno de los más destacados coreógrafos de Rusia. En 1916 ingresa a la escuela de ballet de San Petersburgo, para graduarse seis años después. Entra al Ballet Kirov donde ejecuta varios papeles principales. Paralelamente, se une por un tiempo a un grupo de avant-garde, el Molodoi Ballet, fundado en 1921 por George Balanchine y Vladimir Dmitriev. De allí guarda su interés por la coreografía moderna que aplicaría en el Kirov desde su primer trabajo como creador, en 1930: Estudios sinfónicos de Schumann. En 1934 produce su primer ballet completo, Fadette, basado en la novela homónima de George Sand, donde comienza a aplicar sus estudios de actuación y producción teatral: esta sería su gran aportación a la evolución de la danza en Rusia. En 1936 se convierte en director artístico del Ballet del Teatro de la Ópera Maly en Leningrado; en 1937, en director artístico del Kirov, con el que logra su obra maestra: Romeo y Julieta (1940). En 1944 es nombrado director artístico del Ballet Bolshoi, donde permanece hasta 1956; vuelve a retomar el puesto en 1960. Destaca su labor en esa compañía y en 1965 es nombrado Artista Emérito de la Unión Soviética, en el 25 Aniversario de su Romeo y Julieta.  (S.G.L.)

Sir Kenneth MacMillan (1929-1992) es considerado uno de los más grandes coreógrafos del mundo por haber abierto las fronteras de la expresión de la danza, antecediendo lo que hoy llamamos danza-teatro. Nacido en Dumferline (Escocia), empezó muy joven su formación de bailarín en el Sadler’s Wells Ballet (hoy Royal Ballet School de Londres). Sus veloces progresos lo llevan, en 1949, a formar parte de la compañía, donde comienza con sus primeros talleres experimentales y primeras creaciones (Sonambulismo, de 1953 y Liaderette de 1954), declarando estar “asqueado a muerte de las historias de hadas”. Con The Burrow (1958) y The Invitation (1960) da a conocer los extraordinarios dones dramáticos de la que se convertiría en su musa: la bailarina canadiense Lynn Seymour. Su vida transcurre entre importantes cargos directivos y una actividad creadora interrumpida: dedica coreografías al Ballet de Stuttgart; es director del Ballet de la Ópera de Berlín (1966); vuelve al Royal Ballet y se convierte en su director artístico (1970-77); renuncia al puesto para convertirse en Coreógrafo Principal de la misma compañía hasta su muerte; también es nombrado Asociado Artístico del American Ballet Theater (1984-89) y del Houston Ballet (1989-92). Recibe numerosos e importantes reconocimientos, entre los cuales, el más alto grado para una artista en Inglaterra: es nombrado Sir, caballero de las artes (en 1983). (S.G.L.)



Manon, ballet en tres actos (1884)
Música: Jules Massenet (1842-1912)
Libreto: Sir. Kenneth MacMillan, basado en la novela La historia del caballero Des Grieux y en Manon Lescaut del Abad Antoine Francois Prévost 
Coreografía: Sir. Kenneth MacMillan (estreno: 1974)
Vestuario: Irina Korovina
Iluminación: Vladimir Lukasevich
Elenco: 
Manon Lescaut     Diana Vishnieva
                    Irma Nioradze
Des Grieux     Ilya Kuznetzov
                            Andrei Merkuriev
Lescaut     Maxim Khrebtov
                            Vasily Shcherbakov
M. Geronte de M.  Alexander Kurkov
Amiga de Lescaut Elvira Tarasova
Madame     Elena Bazhenova
Gobernador     Vladimir Ponomarev
Ladrón     Grigory Popov
Clientes     Anton Lukovkin
                            Anton Pimonov
                            Dmitry Pykhachev

Romeo y Julieta, ballet en tres actos, 13 escenas (1935-36)
Música: Sergei Prokofiev (1891-1953)
Libreto: Leonid Lavrovsky, Adrian Piotrovsky, Sergei Radlov y Sergei Prokofiev, basado en la tragedia de William Shakespeare
Coreografía: Leonid Lavrovsky (estreno: 1940)
Escenografía y vestuario: Piotr Williams
Elenco: 
Julieta Zhanna Ayupova
Diana Vishneva
Romeo Victor Baranov
Adrian Fadeev
Padre de Julieta Vladimir Ponomarev
Madre de Julieta Elena Bazhenova
Nana de Julieta Natalia Sveshnikova
Tebaldo Ilya Kuznetzov
Dimitry Pykhachev
Paris Sergei Salikov
Mercucio Maxim Khrebtov
Vasily Shcherbakov
Benvolio Islom Baymuradov
Padre Lorenzo y
Padre de Romeo Pyotr Stasyunas
Amiga de Julieta Yulia Kasenkova
Elvira Tarasova ...y 23 bailarines más


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