jueves, 17 de abril de 2003

Viva el cine mexicano



Ciclo Pedro Infante / 17 al 20, 26 y 27 de abril, 2003 / 
9 033 asistentes / 6 funciones


Rafael Aviña

El barrio: entre cielo y el infierno
No hay duda que la dignidad de la pobreza y la epopeya de la miseria, la épica del barrio y sus historias de arrabal en el cine mexicano no pueden concebirse sin ese par de obras maestras: Nosotros los pobres (1947) y Ustedes los ricos (1948), con las que Ismael Rodríguez, su director, no sólo catapultó la carrera de Pedro Infante –en franco ascenso con la tercera de la trilogía titulada Pepe El Toro (1952)-, sino que descubría la nobleza de los grupos socialmente más marginados del país (o sea la mayoría). Pero, visto a la distancia, el cineasta iniciaba también la consolidación de un mito que aún perdura y sigue llamando la atención de las nuevas generaciones, creando culto y agrupando fanáticos y seguidores capaces incluso de asistir en plena semana santa al Auditorio Nacional para atestiguar por enésima ocasión las desventuras de El Torito mayor y de otros personajes que convirtieron a Infante en el gran ídolo del cine nacional.
Con la retrospectiva titulada Viva el cine mexicano, el Auditorio Nacional paga el tributo a un verdadero ídolo popular, al tiempo que amplía  las opciones de entretenimiento y cultura en una ciudad de México muy distinta a la que vivió y sufrió Pepe El Toro, y brinda al público la oportunidad de disfrutar la época de oro de nuestro cine en pantalla gigante. Desde su entrada, en el vestíbulo, el espectador se interna por una suerte de dimensión desconocida nacional, penetrando por la mismísima vecindad de La Chorreada, Don Pilar El Marihuano o Chachita, y a través de la carpintería del Torito, en un increíble escenario levantado especialmente para la ocasión. Así, en medio de improvisados letreros –“Se aplican inyecciones. Int. 2” o “Se zurcen medias y se pone el vals para 15 años. Int. 6”- y el fondo sonoro de “Amorcito corazón”, es posible vivir al menos por unos minutos una historia contada una y mil veces, que seguirá fascinando al respetable de éste y el próximo siglo.

Al igual que Alejandro Galindo con David Silva, y Gilberto Martínez Solares con Germán Valdés Tin Tan, Ismael forma mancuerna con Infante para recuperar el cine de arrabal y provincia machista. Aquellos dramas cotidianos, excesivos, como Nosotros los pobres con el que Pedro Infante y Blanca Estela Pavón se convertirían en la más emotiva pareja del cine mexicano en un muestrario del dolor y la pasión de barrio proletario. Una mujer de la vida airada, agresiva y coqueta (la cachondísima Katy Jurado), una usurera asesinada a cuchilladas (Conchita Gentil Arcos), una hermana prostituta y tísica (encarnada de manera excepcional por Carmen Montejo), una niña que no encuentra la tumba de su madre (Evita Muñoz Chachita), una anciana paralítica (María Gentil Arcos) muerta a golpes por un marihuano (el genial Miguel Inclán). Y como clímax brutal, una pelea a muerte en una “bartolina” de Lecumberri en la que el protagonista deja tuerto al villano, interpretado por el notable actor secundario Jorge Arriaga... 
En la continuación, Ustedes los ricos, el personaje de Infante se enfrenta al horror de la venganza que representa El Tuerto. La truculencia brutal y desmedida son la premisa de un melodrama que encuentra caminos más delirantes que su predecesora: un hijo quemado en una explosión, una esposa atropellada junto con sus gemelitos, un jorobado cercenado por un tranvía. Y con ellos, un electrocutado y dos hombres estrellados en el pavimento al caer desde lo alto del edificio de la Comisión Federal de Electricidad. 
No obstante, en Pepe El Toro, el protagonista deja atrás el barrio y su ascenso social es inminente: de carpintero se trastoca en boxeador y ello no impide que siga cosechando desgracia tras desgracia y le guarde luto eterno a su mujer, para tristeza de su vecina enamorada (Irma Dorantes). En esta tercera parte se enfrenta a un petulante retador que interpreta el villano Wolf Ruvinskis luego de que su mejor amigo (Joaquín Cordero), muere a golpes en el ring para dejar una esposa viuda y dos niños pequeños a quienes Infante canta el tema de “Costalitos de oro”.
Y es que con esta trilogía, Ismael Rodríguez estaba descubriendo en realidad las “bondades” de un primitivo y truculento cine gore a la mexicana. Es decir, un muestrario de sangre, secreciones, quemaduras, cuerpos fragmentados, pero sobre todo de emociones humanas y solidaridad, superando con ello y sin proponérselo a algunos futuros maestros del género, como lo serían, más adelante, Herschell Gordon Lewis, George A. Romero, Tom Savini o Sam Raimi. 

La provincia rejega
En paralelo a aquellos relatos urbanos, Pedro Infante acometió una serie de historias rurales en una provincia ignota o folclórica en ese vasto territorio nacional imaginado por el cine de la época de oro en el que confluyen varios mexiquitos, lugares donde la comedia ranchera supo homenajear a toda provincia o región: Sólo Veracruz es bello, ¡Ay Jalisco no te rajes!, Bajo el cielo de Sonora o tal vez, la zona de la huasteca en el clásico: Los tres huastecos (1948).
El poder eclesiástico encarnado en el cura sin bigotes Juan de Dios, el poder militar a través de la figura del enamoradizo y cantarín capitán Víctor Andrade, y la supremacía del macho ateo, valentón y renegado representado por Lorenzo; a su vez, símbolos de los tres pueblos de la Huasteca (tamaulipeca, potosina y veracruzana), son los elementos centrales de esta divertidísima película, célebre por sus curiosos efectos ópticos que hacían coincidir la imagen de Infante triplicada (de sus tres personajes), al tiempo que la cinta retomaba en buena medida el argumento de El secreto del sacerdote con la que debutaba como director Joselito Rodríguez en 1940. En Los tres huastecos aparecen además, notables actores secundarios como Fernando Soto Mantequilla en el papel del sacristán –que sin duda le roba muchas escenas a Pedrito-, Alejandro Ciangherotti como el villano apodado El Coyote, Irma Dorantes, la niña María Eugenia Llamas Tucita y el argumentista y actor José G. Cruz (creador de Ventarrón, Manos de seda y de la historieta de Santo, el enmascarado de plata). Con canciones de Gabilondo Soler, Ventura Romero, Los Cuate Castilla, y la aparición de alimañas como la tarántula Epifania y la víbora Chabela, hacen de ésta una de las más recordadas películas de Infante, escrita por el futuro realizador Rogelio A. González.
Al igual que con los anteriores cintas, el presente ciclo exhibió también con tecnología digital y en formato DVD, Cuando lloran los valientes y Dos tipos de cuidado. La primera, realizada por Ismael en 1945, ubica su relato en épocas de la Revolución mexicana y en ella, Infante es un amante frustrado y justiciero, salvado de la muerte gracias al descubrimiento de su parentesco. Un truculento pero muy divertido melodrama machista, con las guapas Virginia Serret y, de nuevo, Blanca Estela Pavón.
Mucho más afortunada que la anterior, Dos tipos de cuidado (1952) también de Ismael, revela de manera inconsciente, resortes como la misoginia y la homosexualidad, entre delirios etílicos, canciones y puñetazos más amorosos que agresivos. Una película célebre, no sólo por la aparente reunión irreconciliable entre las dos grandes figuras de la comedia y el drama ranchero: Pedro Infante y Jorge Negrete –acompañados de Yolanda Varela y Carmelita González-, sino por sus abierta burla a las instituciones. Se trata sin duda, de la mayor evolución del género, un filme que supo dar otra dimensión a la agotada rivalidad amorosa entre dos machos. La trama de enredos –sexuales, sobre todo-, es una burla al matrimonio, la iglesia y a las autoridades civiles con escenas antológicas como el enfrentamiento verbal de los protagonistas a partir de diálogos y coplas de “retache” y doble sentido que llevan a cabo Jorge El Bueno y Pedro El Malo.
Como colofón, vale la pena citar una frase puesta en labios del estupendo Miguel Inclán ante una fotografía de Pedro Infante en una de las escenas de Nosotros los pobres; frase que sin duda vaticinaba con certeza un futuro para entonces aún incierto y lejano: “A éste no lo han canonizado, pero con este milagrito (se refiere a un dinero que le sustrae) ya se le hizo...” .
Y a sí lo confirman los más de 9 mil asistentes a un ciclo de cine que además de llevar a cabo una recreación escenográfica insólita y original, contó con una treintena de fotografías de Pedro no muy conocidas y un breve pero sustancioso concierto con música de la época de oro interpretada en el Órgano Monumental del recinto. 
Pedro Infante no ha muerto. ¡Pepe El Toro es inocente! 

Biografía mínima
José Pedro Infante Cruz, el carpintero de Guamúchil, Sinaloa –aunque nacido en Mazatlán el 18 de noviembre de 1917-, saltó de la XEBN La Voz de Sinaloa, a la XEB La B grande de México en la capital. En 1939 obtuvo su primera oportunidad en el cine, con el corto titulado Puedes irte de mí, basado en una canción de Agustín Lara. Sin embargo, su historia fílmica empezó a escribirse en 1942 cuando debutó en la pantalla grande, aún sin bigote, en La feria de las flores, para secundar al estelar Antonio Badú y al muy joven Fernando Fernández. Un año después, recibió su primer estelar en El Ametralladora, en el papel de El Remington, como un émulo de Jorge Negrete. Para entonces, Infante aparecía como un héroe más de la pantalla, y no fue sino hasta su reunión con el realizador Ismael Rodríguez cuando el mito cobró fuerza.
Y es que Ismael Rodríguez lo convirtió en estrella; fue quien aprovechó esa imagen de macho frágil: el que le llora a la abuela en la tumba, soporta las humillaciones del papá intransigente, se emborracha, o el que llora y ríe ante la presencia de su hijo quemado. Cuando Infante combina el cine rural con el melodrama de arrabal a partir de Nosotros los pobres, alcanza su calidad de ídolo popular. Para los años 50, ya era el centro de atención de la industria discográfica y fílmica con una serie de éxitos contundentes (¡Ahora soy rico!, Escuela de vagabundos, El inocente), pero también empezaba a cargar con el peso del mito. Sobre-trabajaba, filmaba cuatro o cinco películas por año, mantenía a una larga fila de parientes, a varias mujeres e hijos (ocho en total), después del rompimiento con María Luisa León, la única y legitima esposa –ocho años mayor que él. Así, célebres fueron sus relaciones románticas con Guadalupe Torrentera y más tarde con Irma Dorantes, y a ello se sumaba su obsesión por los automóviles y el pilotaje de su aeronave. 
En su prolífica carrera, Pedro Infante participaba también en eventos como un maratón televisivo (en 1954) donde condujo un programa especial, destinado a recaudar fondos para la restauración de la antigua Basílica de Guadalupe, por espacio de 30 horas consecutivas. Y su actividad fue enorme: grabó 325 canciones durante 14 años, obtuvo el Ariel como mejor actor por La vida no vale nada y el Oso de Plata en el festival de Berlín por la película Tizoc; actuó en 63 películas, de las cuales la última fue: Escuela de rateros (1956).
Finalmente, entre la radio, la televisión, el cine, sus mujeres y sus hijos, se entregaba a una de sus mayores pasiones: volar, una sensación de libertad con la que se alejaba de todos y de todo. Y es entonces cuando el 15 de abril de 1957, sobreviene el trágico avionazo en el que perecería fatalmente bajo los cielos de Mérida, a la edad de 40 años. (R.A.)

Breve homenaje 
Ismael Rodríguez Ruelas es uno de nuestros más importantes directores cinematográficos.  Si nació en 19 de octubre de 1917 (ciudad de México), hoy cuenta ya con 86 años de edad y un largo romance con el séptimo arte. Comenzó como extra en Santa (1931) de Antonio Moreno; siguió como actor en cinco películas en los treintas; luego trabajó como guionista y sonidista (en 10 filmes de los cuarentas). Con sus hermanos fundó la exitosa productora Películas Rodríguez y debutó como realizador con ¡Qué lindo es Michoacán! (1942).  Conocido por su visión para impulsar a Pedro Infante, su talento no ha sido suficientemente valorado. Ha recibido diversos reconocimientos, entre los cuales el Ariel de Oro (en 1992) por la trascendencia de su obra, conformada por 67 cintas; destacan en particular Ánimas Trujano –nominada al Oscar como Mejor Cinta Extranjera- y Los hermanos del Hierro. Su último trabajo fue  Reclusorio III (de 1996).  (S.G.L.)

Carlos Ramos interpretó en el Órgano Monumental:
Amorcito corazón
Luna de octubre
Nocturnal
Enamorada
Tengo ganas de gritar te quiero
Paloma querida
Nana Pancha
Cien años
Si te vienen a contar
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