viernes, 7 de marzo de 2003

Luis Eduardo Aute: Es muy tarde para cambiar

Alas y balas / 7 de marzo, 2003 / 8 088 asistentes /
 Función única / 2:00 hrs. de duración

Patricia Ruvalcaba
Con casi sesenta años cumplidos y la íntima certeza de estar en “el principio del final”. Con la convicción de que, por lo mismo, “es muy tarde para cambiar” y sin el más mínimo deseo de hacerlo. Con ganas evidentes de compartir su enorme sensibilidad y aguda inteligencia, aunque el cuerpo, la vista y la voz estén algo cansados. Con un enérgico ¡No a la guerra en Irak! (guerra que, esa noche, era todavía una amenaza) y un disco nuevo titulado Alas y balas, homónimo del espectáculo que estaba a punto de desplegar. Con su eterna barba de cinco días y un principio de enfisema en fase de convalecencia. Con una guitarra; una celebridad subterránea cultivada sin el marketing; esa mente prolífica como circo de varias pistas, que igual se desenvuelve en la interpretación y la composición, la pintura y el dibujo, la animación y el cine, la poesía y la oratoria. Con cinco músicos excelentes, un escenario desnudo y la emoción temblando en su voz… Así llegó Luis Eduardo Aute a su primera presentación en solitario al Auditorio Nacional.

Para ser cómplice de Aute, pues así llama él a sus seguidores, es necesario tener  cierto interés por los asuntos del corazón y otro tanto por los públicos, cierta afición por la alta poesía y alguna inclinación por conceptos como libertad interior, lealtad, tenacidad, imaginación, honestidad. No más, pero no menos. Con un perfil como ese, es posible y deseable disfrutar sus introspecciones, pues así llama él a sus canciones. 

Aute es muy querido y respetado en España, su patria adoptiva (nació en Manila, Islas Filipinas), así como en ámbitos artísticos marcados por un intelectualismo serio pero no exquisito. Especie de sensei emocional para un sector de la izquierda, es pariente musical de Joan Manuel Serrat y de Pablo Milanés, pero también de Leonard Cohen. El hombre lleva 35 años creando letras dulces, complejas, nada inocentes, sobre el amor, el desamor, el sexo y sobre la dimensión social de la vida, siempre en la frecuencia de la balada y el rock suave. Como compositor, ha proporcionado material a gente como Massiel o Miguel Bosé, Mercedes Sosa o Charles Aznavour. En México, fue un cantautor más menos de culto hasta entrada la década de los noventa, cuando, gracias a la piratería, como él ha reconocido, se le difundió ampliamente incluso entre la gente joven. En su primera actuación en el Coso de Reforma en 1998, estuvo acompañado por el cubano Amaury Pérez y el mexicano Jaime López, en lo que llamaron La lengua es redonda.
 Cuatro años después, y con pocas visitas a México, ¿podría él solo llenar semejante foro? 
Entró con su bandera blanca de esos días: “Muchas gracias, DF. Antes que nada quisiera enmarcar este concierto en la campaña global contra la guerra. ¡No a la guerra y sí a la inteligencia!”. Una ovación de más de ocho mil almas, directamente proporcional a la expectativa acumulada durante años, es decir enorme, colmó el foro. El rubor incendió el rostro del cantautor, cuyo espíritu es más bien discreto y sosegado. Todavía en medio de los aplausos, tragó saliva, sonrió e inició un encuentro en el que prodigó música, explicaciones sobre cada canción, anécdotas graciosas, sarcasmo y poemigas -textos breves a caballo entre la poesía y la máxima. A cambio, recibió silencios respetuosos, sonrisas (sale, ya que abajito se repite), coros que repetían los versos, o el blando balanceo de cuerpos conmovidos. Más de una mujer le arrojó un piropo –¡Papacito, quiero contigo!-, que él respondía con sonrisas de medio lado. 
Con la espléndida cercanía de Antonio Saúco (piano), Cristina Narea (guitarra y coros), Javier Martín (batería), Gonzalo Lasheras (guitarra) y José Villegas (bajo), la noche adaptaba sus encantos a los materiales recién estrenados o a los ya conocidos, a temas privados o asuntos sociales. Del disco nuevo dio a conocer, entre otras, “Más de lo mismo”, que propone combatir la rutina entre la pareja con juegos e imaginación; “En estos tiempos por venir”, sobre las ominosas atrocidades de la guerra; “No en vano”, acerca de la pederastia de algunos sacerdotes católicos y “la complicidad de El Vaticano”. Algunas conocidas –“Pasaba por aquí”, “Alevosía”, “Las 4 y 10”, “Rosas en el mar” o “Slowly”- provocaron emociones barnizadas de nostalgia en los escuchas de más de treinta y cinco, y fervores de nuevo cuño en los veinteañeros. Ah, pero cuando cantó “Cada vez que me amas”, sobre el continuo milagro de amar a una persona; “Mojándolo todo”, acerca de la conmoción erótica que acompaña al amor; “Sin tu latido”, que recrea el dolor de una ausencia definitiva, y “La belleza” –un altar al bien más preciado de la humanidad-, todos los corazones, traqueteados o no, latieron con fuerza suprema. Porque el precepto auteano esencial –de lealtad a la persona amada y a las propias ideas- se concentra en esas canciones sedosas y endiabladamente tiernas. Efectos semejante causó “Al alba”, remate con sabor a ceremonia, a rito con lagrimón inminente. El daño estaba hecho. Aute pudo haber recibido entonces una placa con letras brillantes alusiva a su proeza: A sus sesenta, conquistó el Auditorio Nacional. 

Cronología
1943 El 13 de septiembre nace en Manila Luis Eduardo Aute Martínez, de padre catalán y madre filipina de ascendencia española.
1951 En un viaje familiar a Madrid, canta por primera vez en público, acompañado por la orquesta de un hotel madrileño. A los nueve años descubre el cine y escribe sus primeros versos, en inglés.
1954 Su familia se instala en Barcelona y luego en Madrid. Estudia en un colegio religioso y a los 14 años decide no volver jamás a misa. 
1960 A los 16, realiza su primera exposición y toca con algunos grupos musicales.
1961-65 Inicia la publicación de su obra poética con Los estertores; pasa largas temporadas en París absorto en el cine, la música, la literatura, y empieza a vender su pintura. 
1966-67 Arranca su carrera de pintor con bastante éxito y difusión internacional. Pero a la vez conoce a la cantante Massiel, para quien escribe sus primeras canciones y conoce un éxito inusitado con “Rosas en el mar” y “Aleluya nº 1”.
1968 Se casa con Maritchu, amiga de la adolescencia. Decepcionado del medio, quiere retirarse de la canción, pero a los seis meses recopila sus singles en su primer álbum: Diálogos de Rodrigo y Gimena.
Los 70’s Nace su primer hijo, Pablo Antonio. Retorna al mercado musical gracias a un productor que le ofrece libertad absoluta para grabar; así comienza una prolífica producción musical, en alternancia con la pintura, la poesía y la producción de cine y televisión (videoclips y series).
Los 80’s Forma su primera banda, Suburbano. Nace su hija Laura (81). Su carrera alcanza la cima.  Nace su tercer hijo, Miguel (87). 
Los 90’s Actúa por primera vez en Latinoamérica: Argentina (92), Uruguay y Chile (93) y llega a la plaza de toros de Las Ventas en Madrid, en un mano a mano con Silvio Rodríguez.
2003 En su cuarta aparición en México y primera a solas en el Auditorio, presenta su disco nº 25, Alas y balas. Está por estrenar en formato DVD Un perro llamado dolor, animación en la que invirtió cinco años, con 5000 dibujos de su autoría. (P.R.)


Canciones interpretadas         
Me va la vida en ello
La vida al pasar
Pasaba por aquí
Sin vivir
No es en vano
Alevosía
Más de lo mismo
Anda
Las 4 y 10
De alguna manera
Cada vez que me amas
Cuando dos cuerpos
Mojándolo todo
Es peligroso asomarse al interior
Volver a verte
Sin tu latido
En estos tiempos por venir
Slowly
Giraluna
Abrázame
La belleza
Albanta
Una de dos
Rosas en el mar
Dentro
Hafa café
Cinco minutos
Al alba
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