viernes, 14 de marzo de 2003

Ballettissimo: En vivo, músicos y bailarines

Los virtuosos del mundo / 14, 15 y 16 de marzo, 2003 / 
16 479 asistentes / 3 funciones / 3 hrs. de duración

Sofía González de León
Mientras se puebla poco a poco la butaquería del Auditorio, el maestro Víctor Urbán ejecuta veinte minutos impecables de buena música en el Órgano Monumental, del cual es titular. Aunque la gente sigue hablando, se saluda y  acomoda en sus lugares, los majestuosos acordes de Bach ponen a vibrar una que otra cuerda distraída pero sensible en los presentes, a modo de aperitivo. 

Con puntualidad inglesa, la Orquesta Sinfónica de las Américas termina de afinar y el aplauso es para la misma y su director huésped, Alexei Baklan. El Maestro de orquesta de la Ópera Nacional de Ucrania (en Kiev) está aquí para guiar a los músicos en el tiempo exacto que requiere cada coreografía, es su especialidad. Y cuando abre el gran telón escarlata, aparecen diez de las 14 mujeres que componen el cuerpo de baile acompañante –miembros, justamente, del Ballet de Kiev-, ligeras, frescas, insuperables, en su papel de hadas del bosque. Se trata de La Sílfide, creación de August Bournonville, el gran coreógrafo danés considerado, para el ballet de la Ópera de París en el siglo XIX, el segundo en importancia después de Marius Petipa. Y tras este coro maravilloso de algodones decimonónicos, surge la primera pareja de la noche, Inna Petrova y Sergei Filin, del Bolshoi. Un escalofrío de emoción nos recorre: al instante entendemos que, de verdad, nos encontramos frente a virtuosos del mundo (como bien anunciaba la publicidad), y en nuestros corazones empieza a abrirse un espacio de vibrante expectación... 

Pero ¿cómo seguir narrando una a una las aventuras de arte vividas aquella noche en el Auditorio, sin ocupar varias páginas de este volumen? Nos limitaremos a dar una visión de conjunto y tratar de exaltar las magníficas cualidades de este show excepcional. Para empezar, ¿cuándo se habían visto reunidas tantas de las más destacadas parejas de la danza internacional en un solo programa, o si se quiere, 17 de los mejores ejecutantes del planeta, entregando lo más selecto del ballet? Este encuentro sin precedentes en la historia de la danza fue planeado para las celebraciones del 300 aniversario de la fundación de la ciudad de San Petersburgo, y México D.F. fue la única sede privilegiada fuera de la antigua capital de los zares en gozar de este espectáculo. La razón: el enorme éxito (y llenos totales) que tuvieron las presentaciones del Ballet Kirov, en éste, sí, su gran Coloso de Reforma, durante 2001 y 2002. 
Armado con gran sensibilidad e inteligencia por Makhar Vaziev –director artístico del Kirov- el programa fue in crescendo, al igual que nuestra admiración. Estaba compuesto únicamente de duetos de alta dificultad y dos actuaciones en solitario no menos demandantes, es decir, de la expresión más depurada y sintética de este arte. Y no sólo eso: resultó un excepcional repaso de la evolución histórica de la danza a través de creadores, maestros y reformadores clave, desde Petipa y Bournonville, hasta Balanchine (ese maestro del neo-clásico), pasando por Fokine, Vaganova (aquella gran pedagoga que asentó las bases para el óptimo desarrollo de la musculatura), Grigorovich, Gzovsky, Lavrovsky, Goleizovsky y el italiano Zanella. Un aplauso especial para esta doble selección visionaria de Vaziev (elenco y programa) y por lograr concretar este manjar único en su género. Juntar a estrellas como las que asistieron a este foro significaba sortear toda clase de dificultades a todos niveles; tan sólo para hacer coincidir sus complicadas agendas; luego armar la producción y trasladarla de Rusia a nuestro país.
Y, sin magnificaciones, fue exquisito de principio a fin. En verdad, no había a quién irle: ¡todos eran tan perfectos, tan deliciosos! Sin embargo, aún dentro de la excelencia había excelsitudes, si puede decirse, que nos hacían exclamar a cada rato: “¡no puede seeeer!” Una de ellas fue la pareja más esperada de la noche, conformada por la argentina Paloma Herrera y el cubano Carlos Acosta (American Ballet Theatre). Otros: Vladimir Malakhov, Anna Antonicheva, Igor Zelenski, Elvira Tarasova, o la joven sorpresa cubana, Rolando Sarabia... Pero en estas cúspides de la depuración artística, resulta muy injusto poner a unos por encima de otros, ya que cada cual posee cualidades únicas y sorprendentes, y cada temperamento tiene sus fortalezas y peculiaridades. Si los latinos eran más abiertos, festivos y espectaculares, nadie igualaba el sentido trágico y la contención expresiva de los rusos... 
Quizá sea cuestión de gustos. Pero lo que sí es incuestionable, e importante de destacar, es que la danza ha evolucionado a nivel técnico de una manera insospechada desde hace tan sólo veinte años, y las coreografías que tuvimos el placer de repasar (no sin punzantes sentimientos y nostalgias), tal vez nunca habían sido ejecutadas con tal absoluta precisión, tanta desenvoltura, tal afán de inquietante perfeccionismo. Por momentos era como ver a atletas de alto rendimiento, pero por supuesto, dotados además, de cualidades artísticas y sensibles excepcionales, capaces de expresar desde lo más enérgico hasta la suavidad más sutil. En otros siglos pudo existir un sentido trágico mucho más explícito, expresiones histriónicas más efectivas, pero nunca se bailó con tal suma de recursos técnicos, estilísticos y expresivos. Todos los bailarines que tuvimos el honor de disfrutar, eran un cúmulo invaluable de talento, corazón, pasión y entrega absolutos. Esto se reflejó en el goce a bocanadas del público durante tres horas de intensidades, que respondía con aplausos espontáneos, exclamaciones, suspiros y, cuando cayó el telón, gritos de júbilo, admiración y genuino agradecimiento.
La experiencia permanecerá largo tiempo en nuestra memoria y nos afanaremos en atesorarla con especial ahínco por su cualidad de excepción y grandeza. 


Programa comentado
1. La Sílfide (Pas de deux)
Música: Hermann von Lovenskjöld
Coreografía: August Bournonville (1805-1879)
Intérpretes: Inna Petrova y Sergei Filin 

Para comenzar, un ejemplo cumbre del clasicismo (estrenado en 1836 en Copenhague), ejecutado con gran elegancia por estos integrantes del Bolshoi. La espigada figura de Filin ejecuta sorprendentes entrechats; su compañera (y esposa) luce brillante. La participación del cuerpo de baile es notable.

2. Rubíes (Pas de deux)
Música: Igor Stravinsky
Coreografía: George Balanchine (1904-1983)
Intérpretes: Miranda Weese, Damian Woetzel

Se trata de un fragmento del tríptico Joyas (1967) del maestro ruso fundador del New York City Ballet, que muestra la sutil transición del clasicismo a la modernidad: a pasos ortodoxos siguen balanceos de cadera que rompen, no sin humor, las líneas rígidas. Nadie mejor que estos newyorkinos para dar vida una coreografía de precisión, borderline entre circo, foxtrot y tutú.

3. Leili y Meidjun
Música: L. Balasanian
Coreografía: Kasian Goleizovsky
Intérpretes: Elina Palshina, Yuri Klevtzov

Impecable interpretación de este dúo de amor por otra espléndida pareja del Bolshoi. Pasión contenida y rigor clásico en el más puro estilo ruso.

4. El Espectro de la Rosa
Música: Carl Maria von Weber
Coreografía: Mikhail Fokine (1880-1942)
Intérpretes: Yana Salenko, Vladimir Malakhov

Compuesta para Nijinsky, esta pieza –del autor de las producciones más célebres de Les Ballets Russes a principios del siglo XX- es considerada un tour de force para cualquier solista. Malhakov (American Ballet Theatre, Viena State Opera y Stuttgart Ballet) demuestra su enorme sensibilidad y su lugar entre los más grandes. Su compañera (Ópera Nacional rusa), recrea con finura el estado de duermevela que caracteriza la célebre escena. 

5. El corsario (Pas de deux)
Música: Adolphe Adam, Léo Delibes, Riccardo Drigo
Coreografía: Matius Petipa (1822-1910)
Intérpretes: Elvira Tarasova, Igor Zelensky

Verdadero muestrario de habilidades dancísticas yin y yang, esta famosa secuencia de variaciones (estrenada en 1856 en París) es la oportunidad perfecta para dos estrellas del Kirov de demostrar sus habilidades: Tarasova, su limpieza y control absoluto en los pasos ligeros y de precisión; Zelensky, su ejemplar elegancia en todo lo referente a saltos y fortaleza.

6. El cisne 
Música: Camille Saint-Saens
Coreografía: Mikhail Fokine
Intérprete: Anna Antonicheva

Sin duda, de lo más conmovedor de la noche. Antonicheva (del Bolshoi) logra un cisne fuera de serie: la imitación del aleteo, la honda suavidad del sentimiento, la sutileza de la muerte, nos conmueven hasta las lágrimas. Aunque el recuerdo de Anna Pavlova (para quien fue escrito este solo en 1907) es inevitable, esta recreación es fresca y renovada.

7. Diana y Acteón (Pas de deux)
Música: Cesare Pugni
Coreografía: Agripina Vaganova (1879-1951) - Marius Petipa
Intérpretes: Paloma Herrera, Carlos Acosta

Alcanzamos el clímax de la primera parte. Un magnífico telón de fondo reproduce una perspectiva clásica y nos ubica en la nostalgia decimonónica de la antigüedad greco-romana. La simple entrada del egresado del Ballet de Cuba (y solista del Royal Ballet de Londres) arranca aplausos: gracia, flexibilidad y fuerza, en un cuerpo perfecto. La altura de sus saltos es alucinante. La argentina Paloma, su pareja en el American Ballet Theatre, es sensacional, vigorosa y perfecta. Un dúo de las primeras ligas mundiales.

INTERMEDIO

8. Grand Pas Classique
Música: Daniel Francois Auber
Coreografía: Victor Gzovsky
Intérpretes: Michele Wiles, Giuseppe Picone

Este trabajo retoma (en 1949), como en un tratado, todo lo que Petipa asentó como las bases del ballet en su más brillante expresión. Los integrantes del American Ballet Theatre demuestran con ello que también en Estados Unidos se baila a grandes alturas.

9. Who Cares?
Música: George Gershwin
Coreografía: George Balanchine
Intérpretes: Miranda Weese, Damian Woetzel

Vuelve la pareja del New York City Ballet para revivir con enorme gracia, gozo y precisión esta creación de los 70’s con algunas de las más bellas canciones de Gershwin. Sobresale “Embraceable You” y la simpatía de Woetzel.

10. Espartaco (Pas de deux)
Música: Aram Katchaturian
Coreografía: Yuri Grigorovich (1927)
Intérpretes: Elina Palshina, Yuri Klevtzov

Contrapunto apasionado, metáfora del acto sexual, donde los amantes (vestidos de rojo) realizan movimientos de extrema dificultad y soltura. El autor: uno de los más grandes coreógrafos rusos del siglo XX (director del Bolshoi durante 30 años). La misma pareja que en la primera parte ejecutara Leili y Meidjun, da pruebas de su gran versatilidad técnica y artística.

11. La bella durmiente (Pas de deux)
Música: Piotr Ilich Tchaikovsky
Coreografía: Marius Petipa
Intérpretes: Anna Antonicheva, Igor Zelensky

Bañados en un amarillo solar enternecedor, la solista del Bolshoi y el veterano del Kirov evocan toda la dulzura del amor blanco (a diferencia del rojo-eros), en este clásico de clásicos. Ella muestra ahora su fortaleza clásica y precisa; él exhibe su gran porte, perfectamente varonil y su vigor saltarín.

12. Romeo y Julieta (Pas de deux)
Música: Sergei Prokofiev
Coreografía: Leonid Lavrovsky
Intérpretes: Inna Petrova, Sergei Filin

De lo mejor de la noche, punto. La magistral coreografía, estrenada por Galina Ulanova en 1940, luce aquí más fresca, suelta y verosímil. (Lavrovsky fue el principal coreógrafo del Bolshoi durante 16 años). Sin el dramatismo de divos del pasado (no olvidamos la versión cinematográfica de Fonteyn y Nureyev),  Petrova y Filin logran una verdadera celebración del amor, con sentimientos reales y una maestría pocas veces vista. Corona un suspiro de 5 mil voces. 

13. Tchaikovsky Pas de Deux
Música: Piotr Ilich Tchaikovsky
Coreografía: George Balanchine
Intérpretes: Paloma Herrera, Carlos Acosta

Se acumulan las intensidades: el respetable ya no puede evitar los comentarios, las interjecciones. Sorprendente interpretación de este dúo alguna vez calificado de 8 minutos de bravura y técnica. Vitalidad y talento puros.

14. Voyage
Música: Wolfgang Amadeus Mozart
Coreografía: Renato Zanella (1961)
Intérprete: Vladimir Malakhov

Si en el Espectro de la Rosa Malakhov nos sorprende, aquí nos deja huella indeleble. Nadie como este ruso romántico y melancólico, para hacer de este viaje por los retruécanos del alma moderna, una verdadera obra maestra. La única pieza del programa que osa acercarse al siglo XXI. El coreógrafo, un talento italiano que trabaja con las compañías más importantes de Europa.

15. Grand Pas de Don Quixote
Música: Leon Minkus
Coreografía: Marius Petipa
Intérpretes: Elvira Tarasova, Rolando Sarabia

Sin embargo, la velada termina en notas alegres, en clasicismo equilibrado y brillante. La excelente Tarasova del Kirov regresa, pero esta vez acompañada de la joven revelación de la noche: otro egresado de las huestes de Alicia Alonso, Rolando Sarabia. ¡Qué orgullo de Cuba para el mundo! (S.G.L.)

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