miércoles, 26 de febrero de 2003

Lucero: Feliz, como está y como es


Sólo por ayudar  / 26 de febrero, 2003 / 5 707 asistentes / 
Función única / 3:00 hrs. de duración

Patricia Ruvalcaba
Fueron tres años casi apartada de los escenarios. Tres años en los que, esencialmente se hizo madre y mantuvo un perfil discreto, resguardando su maternidad de la invasión mediática. Sus apariciones fueron como conductora del Teletón, actividad en la que ya es indispensable, o en el propio Coso de Reforma, lugar que conoce a la perfección. Aquí cantó el año pasado a beneficio de la fundación Vamos México, en compañía de Plácido Domingo. 
Como preludio de su retorno a los escenarios, Lucero ofreció esta vez un concierto de apoyo a otra causa benefactora, Sólo por ayudar, presidida por la periodista Lolita Ayala. Con Un nuevo amor (2002) bajo el brazo, su producción más reciente, anunció su próxima participación en el musical Regina, del cual saldrá un disco más. Y luego gritó divertida: “Ya estoy envejeciendo… ¡y ustedes conmigo!”. La frase es cierta porque hay una ley natural que dice: nacer, crecer, reproducirse y morir (no dice “envejecer”, por cierto). Pero el envejecimiento de Lucero parece broma. Se veía íntegra y preciosa, su inconfundible naricilla, tan respingada como siempre, la sonrisa, perfecta, los ojos, deslumbrantes, y su pelo, lacio, ordenado y brillante como de comercial. “Dejé las pompas en el otro vestido”, confesó. Y uno de sus fans corrigió en seguida: “¡No importa! ¡Te amo!”.


Lolita Ayala había agradecido a la cantante su generosa donación; los teloneros, Miguel, Darina y Lissett, todos egresados de Operación Triunfo, habían dado sus primeros y nerviosos pininos con la aprobación de su madrina Lucero; Mauro Calderón había cantado dos temas festivos, y un ballet había interpretado un par de cuadros con evocaciones prehispánicas. Ahora, con un traje charro blanco cuyos vivos dorados y plata lanzaban destellos a diestra y siniestra, la estrella hacía su entrada en el escenario cantando “Llorar”. El tono general de la velada quedó establecido: despecho y desencanto –esos siameses que retratan tan bien en la canción ranchera-, sólo que algo rebajados merced a su estilo, más cercano a la balada que a la carraspera bravía clásica. Un puente decoraba el escenario; allí se distribuyeron los miembros del mariachi Gama Mil. El único ausente fue el tequila, porque “Un mundo raro”, “Amanecí otra vez entre tus brazos”, “Cruz de olvido”, “No volveré”, “Carta Eufemia” y otros temas obligados cuando está presente un buen mariachi, no faltaron. La intérprete estaba radiante. Charlaba con su gente, preguntaba cómo se sentían, modelaba, cotorreaba. De pronto, recordó aquel incidente de hace muchos años cuando, se dice, en el programa televisivo Siempre en Domingo, se le salió una sonora “pluma”. Hizo un relato divertido, entre broma y veras, aunque negó la versión, de tal forma que, al final, el enigma del sonadísimo “pun” quedó una vez más sin resolverse.  Pero hay un dicho: a explicaciones no pedidas…

Si la atmósfera pudiese medirse con termómetro, podría decirse que el concierto transcurrió en una temperatura cálida estable, con un par de picos hacia la mitad y al final. Lucero cantó a dúo con Mauro Calderón, el vocalista del mariachi, y con otro invitado: Gabriel Navarro; ambos excelentes en “Perdón”, “Mía”, “Yo soy mexicano” o “Piel canela”. Con sus ahijados, compartió “De qué manera te olvido”. Los juegos de luces formaban figuras, como una enorme flor con pétalos de gasa en cuyo centro estaba la cantante. En el fondo del escenario, pasaron nubes vespertinas, cielos estrellados, días de sol. Los camarógrafos, de lo más inspirados, convertían a los mariachis en espectaculares atlantes o en sombras imponentes, o la transformaban a ella en una escultura de hielo. La gente, de todos colores y sabores (niños y ancianos, pobres y nice, bugas y gays), apapachó a su ídola con piropos y con procesiones de osos de peluche que venían de mano en mano hasta llegar a ella, provenientes de todos los rincones del Auditorio. ¿Tendrá Lucero una tonelada de peluches en su cuarto? Con traje charro negro y oro, emprendió el último tramo del copioso repertorio: “La mentira”, “Te sigo amando”, “Costumbres”, “A puro dolor”, “Tristes recuerdos”, “Volver, volver”. El popurrí “Así es la vida/ Suavemente/ Carnaval”, levantó al público a bailar. La fiesta terminó entre cañonazos de confeti y serpentinas, con un público colmado, satisfecho, y una dama muy segura de sus tablas. 

Nada postizo
Conocida como La novia de América o Lucero de México desde principios de los noventa –su reinado se extendía ya por todo el mercado pop juvenil hispanohablante-, Lucero es, a sus 33 años, una veterana del show business: desde que se lanzara a la artisteada con apenas diez pasteles de cumple en su haber en el programa de tv Alegrías de mediodía (1980), han pasado 23 años, 17 discos,  6 películas, 5 telenovelas e innumerables premios. Todo, bajo la estricta tutela de su madre y representante. “Fui una niña muy tranquila, no muy traviesa,  disléxica y zurda”. La famosa Chispita llegó a soñar con ser dentista o atleta, como leemos en su página de internet: “...¡hasta imaginé estar en las Olimpiadas! Mi máximo eran los cien metros planos; era buena en carrera con obstáculos, salto de altura y salto de longitud”. Pero el impulso “más fuerte, fue ser artista”. Enemiga declarada de los desnudos, promotora del matrimonio, fervorosa guadalupana, representa una manera más bien conservadora de ver el mundo. “En mi diccionario no existe la palabra divorcio”, ha dicho. No deja de escapársele, sin embargo, una pizca de picardía: “Entre besar y que me besen, prefiero… las dos cosas, pero si hay que elegir una a fuerzas… ¡pues que me besen!”. Lo que hay que reconocer es que Lucero es auténtica, ofrece lo que es, ni más ni menos. De ahí que el berrinche siguiente valga, tal vez, para toda su persona: “Ahora sí que me enojé y es que leí en una revista que afirma…¡que me operé la nariz! ¡Házme el favor!.. Mi nariz ha sido la misma siempre... No me he operado…¡nada, ni los juanetes! No tengo nada postizo”. (P.R.)

Programa
Teloneros: 
Cosquillas al cielo (Miguel Inzunza)
Vive (Lissett)
No es solución (Darina)

Mauro Calderón:
Qué bonita es mi tierra 

Ballet folclórico (cuadro prehispánico)

Lucero:
Llorar
La media vuelta
Un mundo raro
Amanecí otra vez entre tus brazos
Cruz de olvido
Qué bonito amor
No volveré
Carta eufemia
Que no quede huella
Me estás quemando
Cómo te voy a olvidar
De qué manera te olvido

Gabriel Navarro:
Perdón
Mía

Mauro Calderón:
Yo soy mexicano
Tequila con limón

Lucero:
Que alguien me diga
Corazón lastimado
Si nos dejan
Así

Lucero y Mauro Calderón:
Flor de azalea
Piel canela

Lucero y Gabriel Navarro:
Se me olvidó otra vez
Tú, sólo tú

Lucero:
Si no te hubieras ido
La mentira
Te sigo amando
Costumbres
A puro dolor
Secreto de amor
A Dios le pido
Una aventura
Tristes recuerdos
Popurrí: Así es la vida/ Suavemente/ Carnaval
Amargo adiós
Volver, volver
Viva México

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