domingo, 8 de diciembre de 2002

Yes: Una orquídea en las telarañas del tiempo

Foto: Colección Auditorio Nacional

Full Circle Tour / 8 de diciembre, 2002 / Función única / 8 392 asistentes / 
2 hrs. de duración / Promotor: OCESA presenta 

Patricio Ruffo Healy

El quinteto anuncia su llegada con una grabación de la Suite El Pájaro de Fuego de Igor Stravinsky, muy apropiada para recordarnos que allá por 1968, Yes fue una de las primeras bandas que intentaron un sonido sinfónico. El primer acorde surgido de los instrumentos es una bomba de sonido y energía, una especie de resorte invisible que nos levanta de nuestros asientos, para casi todo el resto del concierto. Una pantalla colocada al fondo proyecta una danza de motivos intracelulares y paisajes cuánticos de colores chillantes, coordinados con la música y el gran despliegue de luces de colores. 

En el escenario, esos cinco roqueros legendarios, muy entrados en años, abordan sus instrumentos en una explosión de sonido joven y fresco, como una orquídea que surgiera lozana entre las telarañas del tiempo. Es el Yes de álbumes fundamentales como Fragile, Close to the Edge, Tales of Topographic Oceans: el señor Jon Anderson, quien sólo ha dejado de participar en uno de los álbumes, con su andrógina voz de contratenor, aún potente y clara; Chris Squire, el único que ha estado en todos los discos del grupo, catalogado como uno de los bajistas más interesantes de todos los tiempos; Steve Howe, sin cuya guitarra virtuosa y de vena country, Yes sería impensable, lo mismo que Rick Wakeman, maestro tecladista indiscutible, generador del sonido electrónico grandioso y gótico característico, y finalmente el punch, el alma, la gasolina de la banda, el versátil baterista Alan White. 
Desde el principio Jon Anderson se presenta como un digno precursor del new age y nos pide a todos que nos dejemos rodear por lo divino, por la naturaleza, y no es necesario hacer mucho esfuerzo, nos llevan de la mano místicas rolas como “Siberian Kathru”, “South Side of the Sky”, “The Divine”, y “We Have Heaven”. Todas ellas duran de ocho a doce minutos en los discos. En vivo, con la libertad para extender los solos a voluntad, llegan a veinte o más, tiempo aprovechado por estos maestros para prendernos y desarrollar plenamente sus ideas musicales. 
Uno de los momentos memorables llega cuando Wakeman toca el solo introductorio de “Close to the Edge”. Todos nos levantamos al mismo tiempo, como en una ola de estadio, para aclamar esa inolvidable rola. Fueron veinte minutos de viajar por los acantilados del alma, como los de aquella portada inolvidable del álbum del mismo nombre creada por Roger Dean, quien ayudó mucho a darles su look de rockeros místicos y psicodélicos. 
Llega el momento de apreciar el arte guitarrístico de un Steve Howe, ya calvo, pero con un talento maduro y un estilo consolidado. Solo ante el público, armado con su acústica, asume el reto de llevarnos por los caminos del recuerdo hacia parajes como "Meadow Rag" y "The Ancient". Su manera de combinar un estilo clásico con influencias de música hillbilly, nos demuestran su papel fundamental en la confección del sonido del grupo. 
La segunda parte inicia en tono festivo: Anderson nos canta “Happy Birthday”, melodía alegre con coros en contrapunto, donde se perfila el tono suave de nuevas composiciones como "Show Me a Child". Un gran contraste con el tono de grandiosidad del siguiente número a cargo de Rick. Ataviado con su clásica capa plateada, atrae de inmediato los aplausos del público conocedor, porque la mayoría se acuerdan de su bastante avejentado solo de sintetizadores basado en The Six Wifes Of Henry The VIII, y también se acuerdan de “Heart of The Sunrise”, que le sigue. 
Después de escuchar “Magnification” pieza que da título a uno de sus últimos álbumes, sigue “Don’t Kill The Whale”, “The Fish” y “Tempus Fugit”, rolas que proyectan a Chris Squire, otro de los grandes de Yes, en cuyas manos el bajo eléctrico se convierte en un instrumento percutivo, de sonido estridente y melódico, que en contrapunto con la enérgica batería de White, es capaz de erizarnos la crin y ponernos a bailar. 
En el último tercio del concierto, este grupo de progrockers, con un estilo situado entre Frank Zapa, King Krimson y The Byrds, deciden complacer a su público y ofrecen una que todos se saben: “Long Distance Runaround”. Así evocamos los momentos, hace ya muchos años, en que viajábamos lejos con la nave Yes, por ritmos vigorosos propios del rock progresivo, y también por experimentos sonoros más meditativos y libres, antecesores del new age. Fueron de las primeras incursiones en el sonido del sintetizador, instrumento que apenas nacía en los setenta y no tenía, ni lejanamente, las cualidades de polifonía y manejo de voces de los caseros de la actualidad. 
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Ya para finalizar, Jon toma un arpa y se integra al sonido de lo teclados de Rick, para revivir el año de 1977 con rolas de Come Back, de Wakeman. Con “Awaken”, los sonidos electrónicos dejan la estridencia para convertirse en voces de ángeles, la iluminación va tornándose más intensa, hasta terminar en el sol rojo del atardecer del concierto, alargado todavía por un par de encores en donde estos grandes músicos abordan la ciencia ficción con “Star Ship Trooper” y nos dan de pilón una versión mejorada y extendida de “Roundabout”, su primer éxito internacional. En cuanto a nosotros, quedamos satisfechos y felices de haber reconocido a nuestros ídolos, listos para un retorno a casa, con el sabor delicioso de la palabra “sí” en la boca. 

Programa
Siberia Khatru / Magnification / Don’t Kill The Whale / Deeper / Moondog / Southside / Close to the Edge / Heart Of Sunrise / Long Distance Runaround / The Fish / Awaken / Starship Trooper
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