viernes, 1 de noviembre de 2002

Celia Cruz: Bodas de Oro de la Reina Sonrisa con su público

Foto: Colección Auditorio Nacional

25 años de carrera artística / 1 de noviembre, 2002 / Función única / 7 765 asistentes / 
2:00 hrs. de duración / Promotor: En vivo S.A. de C.V. 

Sofía González de León
Un delicioso orquestón de 20 instrumentistas nos recibe: siete metales estridentes, cuatro percusionistas, dos guitarras, dos teclados, cinco vocalistas masculinos y don Isidro Infante a la cabeza. La salsa, sin necesidad de preludios entra ya caliente, estridente a levantar el ánimo. Pero una Reina Dorada toda, como las Bodas de Oro que celebra con su público, hace su entrada triunfal. La Reina Sonrisa entra como celia por su casa y tan pronto “reprocha” al director con acento cubano: “¿Tú no me va’ a presentá?!” No lo deja contestar: “Hola, queridos, los quiero mucho... (y se siente de veras)... Empecé con la Sonora Matancera...” Y viene su historia en canción. Como cada vez que la hemos visto, Celia nos deslumbra de nueva cuenta con su voluptuosidad inmediata, sin esfuerzo, brutal, presente, caribeña, descarada, dada, negra, que saca la lengua al público sin pudor hasta asomar todo el misterio de su abismo vocal. A la mitad de la pieza, deja caer la capa dorada que la envuelve y queda en elegante vestido; en medio de chiflidos, se persigna y grita el primer ¡Aazúuuuucaar!, con ese sincretismo caribeño sin igual, mezcla de Jesús, Chango, negro, blanco y sensualidad, tan expansivo como el sentido del humor y la alegría desparpajada que suelen acompañarlo. Y es que el negro, como el gitano, es pueblo esclavo y perseguido, cuyo canto desborda sinceridad. Y así entona desde el fondo de su ser cubano, aunque desde 1960 hubiese abandonado su querida isla, esa dicha me la dio el Señor... Luego presenta a sus músicos y al fin escuchamos ese pregón único y que nadie podrá igualar: Se oye el rumor de un pregonaaaaar, que dice aasíiiii: el yerberito llegó, llegóooooo. Traigo yerba santa.... Alegría, siempre alegría, eso es Celia Cruz. 

Vuelve a dirigirse al respetable, como lo hará el resto de la noche, con ese humor sencillo de ser humano que ríe y vive y comparte. Se llama a sí misma vieja, cosa que hará en reiteradas ocasiones durante el concierto –quizá por la reciente enfermedad de su esposo y porque ella misma anda un tanto delicada de salud, señala que esta podría ser la última vez que la veamos y agradece con amor a su público: “Ustedes siempre me dan los mismos amores”. Y como sin saber bien a qué va, presenta a sus primeros acompañantes, de un desfile largo de artistas mexicanos que la vienen a festejar sobre el escenario. Y aunque ella sola se basta y sobra, se le ve contenta, como Reina festejada que es. “Qué pachanga”, a cargo del grupo Kabah quienes, hay que decirlo, cometieron dos torpezas: bailaron todo el tiempo por delante de Celia, dejándola atrás, y dejándole pocos momentos al sonido de su voz providencial. En fin, falta de experiencia... Pero la siguiente, por lo menos traía fuego, y vestida de rojo, abrazóse con fuerza, de cachetito, a su amiga: Yuri, la güera. La veracruzana hizo un buen esfuerzo de sumarse a “Burundanga”, aunque por allí se le olvidó un poco la letra... Luego unas imágenes breves de la vida de la Guarachera de Oriente y su respuesta, “Uy, qué cortito!”, que nos hace sonreír (en efecto, su carrera es casi infinita en anécdotas, colaboradores, amigos y reconocimientos). 
Con otra capa, ahora verde y dorado, suelta un sorprendente canto yoruba de sacerdotisa ancestral. Con sólo tres tambores africanos su garganta se vuelve de santera, y por un momento entramos a la dimensión del rezo. Pronto se hace visible la presencia cubana en las primeras filas (alguno ondeaba una bandera). Una mujer pide a gritos cantos a Obtalá, a Changó... Celia entra en trance inmediato a la petición de “Yemayá”, la diosa yoruba Reina del mar. Y al final, pasa como si nada a su habitual sonrisa continental y dice: “la vida es un carnaval”. Eso es Celia, fiesta y ritual. No lo planea, le sale de cada poro y es imposible de detener. De muy chiquita ya había descubierto el poder amansa fieras de su don, meciendo a sus hermanos con canciones de cuna, en-cantando al vecindario y las escuelas, hasta hechizar a La Habana entera y luego al mundo: la estrellota que la acompaña la vio nacer. Por eso su carrera es lo que es: cincuenta años sorprendentes de no fallar a su sonrisa. Sigue Pedrito Fernández (así lo llamó ella) para hacer a dúo otro glorioso éxito, “Tu voz”. El charro, no sin algo de nervios, da prueba de sus amplias tablas (él también empezó de escuinclito) y de sus hermosos agudos que se ve le agarraron de sorpresa, ya que el tono le quedó muy arriba. Pero sale airoso, y abrazado de la Reinota dan paso al intermedio. 
La lista de invitados es larga y de lo más heterogénea. Tras un espléndida pieza instrumental, aparece Aleks Syntek en el teclado improvisando un buen arreglo a la setentera “Oye cómo va”, con traje y sombrero como de cuáquero. Ella es ahora Reina Pájara, rosada toda, con plumas y bucles de oro que nos recuerdan las épocas de las Mulatas oro y el Tropicana. El roquero ejecuta una elocuente caravana, se hinca ante ella y le besa la mano, cual se debe a Su Majestad, y acopla con delicadeza su voz aguda a la de Celia. Arranca entonces otro guaguancó y la cantante luce un baile negro sacando a lo negro el trasero. Al fin alguien presenta a la festejada, aunque no dice mucho: Daniela Romo, muy sexy pero algo tímida y entonan juntas “La candela”. 
En el momento más emotivo aparece en el escenario quien ha sido su compañero fiel...¡desde 1962! Otra presencia que habla con sólo estar: Pedro Knight. Entonan una melodía que de pronto adquiere una vuelta extra amorosa entre los dos: “Usted abusó”. Aquí es ella la que homenajea a Su rey. Se despiden y llega el único tema de su nuevo disco –que presentó en este foro el año pasado- uno que muchos esperaban: “La negra tiene tumbao”. “Isidro, ¿ahora qué hacemo?”, dice leyendo el programa que el director apoya en su atril... Un suspiro de sorpresa inunda la sala: Marco Antonio Muñiz aparece con toda la compostura de siempre. Curioso dúo el que se avientan, sobre todo por el contraste de sus personalidades y estilos; pero nos cuentan que años atrás, en un programa de tv, hicieron la misma: “Échame a mí la culpa”, de José Alfredo. Ella confiesa no acordarse de la letra, pero la cantan ojos con ojos y sale perfecta. “Gracias, mi hermano”, dice la dama. Pero el público no deja ir al Lujo de México y exige otro dúo. Ahora un bolero:“Lágrimas negras”... Y ella se sigue con la “Bemba colorá” volteando los ojos como acostumbra, gesto que también le acontece a los curanderos. 
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Llega la hora de los agradecimientos. Dice no poder nombrar a cada uno de los que quisiera pues la lista es demasiado larga, no sin el colofón: “¡ojalá no me muera!” Para mitigar ese instante que nos cierra un poco la garganta, llega nada más y nada menos que “Guantanamera” en voz de todos los invitados, que invaden el proscenio. Suben también otros amigos de Celia para entregar placas de reconocimiento a los artistas. Ella no cesa de agradecer. Luego nos enteramos que entre las butacas se hallaba uno de sus máximos fans, Gabriel García Márquez, quien publicara el libro Reina Rumba de Humberto Valverde en 1981 en Colombia... Y para cerrar, cual Queen of Latin Music vuelve a que la vida es un carnaval y a coronar a los presentes con una guirnalda de ¡Aazzúuuuucaaaaarrrr! 

Programa 
La dicha mía / Yerbero moderno / La pachanga (con Kabah) / Luna sobre Matanzas / Burundanga (con Yuri) / Los Batas Yemaya / Tu voz (con Pedro Fernández) / Oye cómo va (con Aleks Syntek) / Quimbara / La candela / Usted abusó (con Pedro Knight) / La negra tiene tumbao / Échame a mí la culpa (con Marco Antonio Muñiz) / Bemba colorá / Guantanamera / Carnaval.
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